Zura Karuhimbi, bruja heroína de Ruanda

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Genocidio

En 1994 ocurrió en Ruanda uno de los hechos más crueles y reprobables de todo el siglo XX (y eso es decir mucho, pues estamos hablando del siglo en el que ocurrió el Holocausto, la Gran Hambruna de China y el Holomodor, todo en uno).

Se trató del genocidio ruandés, en el que el grupo “racial” mayoritario, los hutus, prácticamente exterminaron a los tutsis. Y pongo “racial” entre comillas, porque la diferencia entre ambos grupos era más bien poca, y originalmente eran más bien como castas sociales de ganaderos y agricultores. Pero bueno, volviendo al tema, el genocidio ruandés fue uno de los periodos más oscuros en la historia del siglo XX, y por 100 días el país se convirtió en un frenesí de asesinatos, persecuciones y terror.

Algunos levantaron la voz. Algunos ayudaron a sus compatriotas a escapar, o arriesgando su propia vida los escondieron de los asesinos. Algunos se unieron al Frente por la Liberación de Ruanda para combatir al gobierno genocida por las armas. Pero lo que hizo Zura Karuhimbi no tiene parangón.

Porque verán, para salvar la vida de sus compatriotas, Zura se convirtió en bruja.

Sanadora

Desde antes del genocidio, Zura era una sanadora, heredera de una milenaria tradición de medicina tradicional que hacía lo posible por aliviar el sufrimiento de los demás.

Era tal su talento y su mano sanadora que en la región algunos llegaron a creer que la mujer tenía poderes mágicos, y los usaba para ayudar a sus pacientes. Zura misma jamás afirmó eso (ella simplemente trabajaba con las plantas de sus antepasados), pero este sería un augurio que le serviría bien cuando llegase el momento.

Para 1990, Zura ya pasaba de los 60 años. Anciana y venerable, hacía parte del grupo hutu, mayoritario, por lo que no tenía razones para temer a los asesinos. En teoría, ella estaba en “su” equipo.

Pero Zura no se había dejado engañar por décadas de propaganda de odio. Ella había visto en su trabajo que hutus y tutsis eran iguales, que bajo la tez oscura ambos grupos escondían personas con ideas, con sueños, con temores. Si bien le incomodaban los mensajes que hablaban de las “cucarachas” (como llamaban a los tutsis en los años previos al genocidio), simplemente los ignoraba. Jamás había pensado que las cosas llegarían hasta donde llegaron.

Zura con una de las personas que salvó: entre los que se escondieron en su casa había 3 extranjeros

La Bruja de Ruanda

Pero hasta allí llegaron.

Cuando los tutsis y extranjeros llegaron a su hogar, presas del terror, Zura no dudó un segundo en darles posada. Detrás venían las milicias hutus, armadas con machetes, buscando sangre. Pero Zura tenía algo que ellos no: el aura del poder sagrado.

Y fue así como los convenció, mediante actos de locura, poniendo amuletos untados de sangre en lugares estratégicos, untándose de una loción irritante con la que “maldecía” a quienes tocaba, y repitiendo que quien ingresara a su casa estaría cavando su propia tumba, que era una temible hechicera y quien lo hiciera, atraería a sí mismo toda la fuerza e ira de Nyabingi.

Fueron 100 extenuantes días, y fueron más de 100 personas las que encontraron refugio en el hogar de Zura, incluyendo los bebés que rescató de los brazos de sus madres muertas. Sí, es apenas una gota en los 800.000 muertos que dejó el genocidio, pero son estos actos los que nos recuerdan que aun en el más oscuro de los momentos, hay quienes mantienen su humanidad.

Así sea convirtiéndose en una bruja.

Bibliografía:

  1. https://www.bbc.com/news/world-africa-46618482
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Zura_Karuhimbi

Imágenes: 1: bbc.com, 2: whispereye.com

Zura Karuhimbi, bruja heroína de Ruanda
29 septiembre, 2019
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