Viajar al futuro, un mito científicamente posible.

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Temponautas, viajeros del futuro

A principios del siglo XX, el físico Albert Einstein demostró que el tiempo podía «manipularse». Desde entonces, científicos de primer nivel centraron sus esfuerzos en la búsqueda del «Grial de la Física»: desarrollar el primer artilugio que posibilite el viaje a otras épocas. Un objetivo que, gracias a los fascinantes descubrimientos de las últimas décadas, estamos más cerca de lograr. Entonces, ¿no estaremos siendo visitados por astronautas del futuro? ¿Son los OVNIs aeronaves pilotadas por seres humanos del año 4.000 ó 5.000?

En 1905, un gris funcionario del Departamento de Patentes de Berna (Suiza) cambió la concepción del mundo como no lo había hecho nadie en la historia. Sin aparatos ni posibilidad de entrar en un laboratorio de Física, únicamente con un lápiz y un papel y su prodigiosa mente, enunció la Teoría de la Relatividad Especial. Obviamente, nos estamos refiriendo a Albert Einstein, el científico más importante hasta el momento; el responsable de «matar» al «tiempo». Según su hipótesis, luego comprobada ampliamente mediante la experimentación, el tiempo lineal es sólo una convención de los seres humanos, pero la realidad es muy diferente. Su descubrimiento suponía, entre otros asuntos, que viajar al futuro no sólo era posible, sino que ya lo estábamos haciendo, aunque a muy pequeña escala.

 

Para resumirlo llanamente: el tiempo es elástico, pues depende de la velocidad a la que nos movamos. Si mientras usted, amigo lector, está leyendo este artículo, yo vuelo en un avión de Madrid a Santiago, nuestro tiempo no será el mismo. De hecho, para mí será de unas cuantas cien millonésimas de segundo inferior respecto a usted. En otras palabras: soy una ínfima fracción de segundo más joven que el lector de AÑO/CERO. En 1971, los físicos Joe Hafele y Richard Keating comprobaron experimentalmente esta extraña «propiedad» del tiempo. Introdujeron unos relojes atómicos de alta precisión en unos aviones que volaban alrededor del mundo, y los sincronizaron con otros en un laboratorio. El resultado no dejó lugar a dudas: el tiempo transcurría más despacio en los aviones.

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Einstein también hizo otro trascendental descubrimiento: nada puede superar la velocidad de la luz, es decir, 300.000 kilómetros por segundo. Por tanto, ésa es la barrera a la que podríamos acelerar una nave para viajar al futuro. Ahora bien, si algún día consiguiéramos construir un aparato volador que alcanzase la mitad de dicha velocidad, el tiempo se ralentizará un 13%. Al 99% de la velocidad de la luz, será siete veces más lento. En otras palabras: mientras que para los astronautas que viajaran en ese hipotético aparato habrían pasado 8, 5 segundos, los terrícolas habríamos consumido un minuto de nuestras vidas. Supongamos que los tripulantes de esta nave están un año volando por el espacio a casi 300.000 kilómetros por segundo. Cuando aterricen en el planeta Tierra, aquí habrán transcurrido siete años. Por lo tanto, conseguirían dar un salto de seis años hacia el futuro.

Artículo de Miguel Pedrero en www.akasico.com

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