Venus, el Planeta que pudo ser

Ciencia, Cosmos

Venus y la Tierra en la actualidad

Inferno

El planeta Venus, hoy, es un infierno.

Al contrario que Marte, no ha perdido su atmósfera. Antes bien, tiene una atmósfera increíblemente densa, 92 veces más pesada que la terrestre,  y compuesta mayoritariamente de dióxido de carbono (un 96% para ser exactos), un gas conocido por mantener el calor “atrapado” en los planetas a causa del efecto invernadero. Pese a que menos del 20% de la luz solar que golpea Venus ingresa al planeta (la mayor parte es reflejada por las nubes ácidas) el efecto invernadero lleva a que la temperatura del planeta supere los 400°C, convirtiéndolo de manera casi literal en un infierno.

La vida, hoy lo sabemos, no podría sobrevivir en la superficie… no, al menos, si funciona de modo semejante a la terrestre. Aunque es posible que en algún punto de sus densas nubes existan bacterias capaces de aprovechar el vapor de agua, jamás se ha detectado presencia de ellas y las probabilidades están en su contra.

Varias sondas se han lanzado a la superficie venusina. En el mejor de los casos, lograron sobrevivir en la superficie unas 4 horas gastando cantidades ingentes de energía para mantener sus circuitos a salvo del calor antes de quemarse. Las temperaturas en el planeta son extremadamente altas y la atmósfera ácida hace que nada pueda sobrevivir mucho tiempo en la superficie. Las imágenes que nos llegaron muestran un mundo yermo, desértico, desprovisto de cualquier tipo de vida.

Pero de acuerdo con todas las evidencias, no siempre fue así.

Un pasado paradisíaco

En los orígenes del Sistema Solar la Tierra no era el único planeta azul. Los materiales originarios de nuestro hogar también se encontraban en las nubes de polvo que dieron origen a Mercurio, Venus y Marte, por lo que originalmente podemos suponer que estos planetas fueron semejantes al nuestro.

Mercurio era demasiado pequeño y estaba demasiado cerca del sol, por lo que es de esperarse que jamás desarrollara agua en estado líquido. Venus y Marte, sin embargo, tenían un tamaño importante, lo que les permitía mantener una atmósfera, y estaban a suficiente distancia del sol para tener agua líquida en su superficie.

Venus es muy semejante a la Tierra. Tienen un tamaño parecido, y aunque actualmente carece de campo magnético es posible que lo tuviese en el pasado. Cuando el sistema solar era joven y la vida consistía en bacterias primitivas pululando en los océanos terrestres, es posible que Venus fuese un ambiente muy similar a la Tierra.

Como vimos en Panspermia, algunas teorías le apuntan al intercambio permanente de vida entre los tres “planetas azules” a causa del constante bombardeo de asteroides que todos habrían sufrido de manera regular.  Este intercambio requería que los tres planetas tuviesen condiciones habitables.

Foto de la superficie venusina tomada por la sonda Venera

Pero como todos sabemos, solo la Tierra vivió para contar la historia. Marte perdió su atmósfera como consecuencia del viento solar y se convirtió en un planeta yermo, helado, con algunos glaciares como recuerdo de su otrora glorioso pasado. Venus tomó un camino diferente… uno mucho más dramático.

Descenso al averno

Venus, sin embargo, estaba condenado.

Se encontraba considerablemente más cerca del Sol que la Tierra (aproximadamente a un 70% de distancia que esta) y, más importante, carece de un ciclo de carbono. Las razones de esto no se conocen del todo, pero significa que la cantidad de carbono en el aire (en la forma de dióxido y monóxido de carbono) permanece allí de manera permanente y se acumula. En la Tierra, en cambio, el carbono es absorbido por rocas y océanos… además de las plantas, claro.

Esto se combinó con la cercanía de Venus al astro rey y causó un calentamiento que superó por mucho los niveles que alcanzó la Tierra. Incluso en un tiempo en el que la radiación solar era de un 10 a un 20% más tenue esto bastó para generar un efecto de retroalimentación que convirtió el planeta en un infierno.

De acuerdo con los cálculos científicos, el tiempo que tardaron en evaporarse los océanos pudo ser tan poco como 500 millones de años o tanto como unos 2.000 millones de años. Este último estimado se realiza basándose en las evidencias tectónicas del planeta, que parece haber “muerto” hace unos 600 millones de años: en vista de que el agua es necesaria para “lubricar” las entrañas terrestres puede suponerse que Venus dejó de moverse como consecuencia. En la actualidad, todo lo que vemos en la superficie del planeta parece tener un único origen (contrario a la topografía terrestre, que presenta grandes divergencias en su tiempo de origen) que nos indicaría cuándo se quedó sin agua.

Una vez los océanos se secaron la situación se volvió irreversible. El vapor de agua subió a la parte alta de la atmósfera, donde los rayos solares lo convirtieron en hidrógeno gaseoso que entonces escapó al espacio. La atmósfera se llenó de dióxido de carbono, y así ha permanecido desde entonces.

La Tierra, eventualmente, compartirá la suerte de Venus: el sol sigue calentándose y eventualmente brillará demasiado para nuestro planeta. Esto ocurrirá en varios miles de millones de años, por lo que hay cosas más urgentes… por ejemplo, la posibilidad de que nos destruyamos a nosotros mismos… o a nuestro planeta.

Sin embargo, algunos creen que la situación de Venus no es irreversible y que, aunque resulta difícil, podría convertirse en un planeta habitable en el futuro. Si quieres leer más sobre ello te invitamos a ver Venus, ¿el Planeta que Podría Ser?

Fuente de imágenes: 1: wikipedia.org, 2: abadiadigital.com

Venus, el Planeta que pudo ser

¿Conoces acerca de...?

Se habla de: