Venus, ¿el planeta que podría ser?

Ciencia, Cosmos

Cómo vemos, Venus es un planeta muy semejante a la Tierra

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Espacio

Durante los últimos 500.000 años los antecesores de la humanidad y la humanidad misma colonizaron, palmo a palmo, la práctica totalidad de la superficie terrestre. En la actualidad solo la Antártica helada y los desiertos más áridos – desprovistos de toda vida – permanecen por fuera de la ocupación humana.

Conquistar y colonizar parece estar en nuestra naturaleza: en tiempos pasados  la guerra por el territorio era una constante y las sociedades siempre buscaban expandirse. En la actualidad, aunque la guerra está lejos de haber terminado, suele tener móviles menos evidentes como el poder, el control de recursos (en particular el petróleo) y el manejo de las poblaciones.

En cualquier caso, el espacio nos brinda la posibilidad de expandir nuestra sociedad sin – que sepamos – hacer daño a ningún tercero. Ya empiezan a sonar las primeras campanas al respecto con la propuesta por parte de la ESA de crear una Colonia Lunar, y queda claro que si hemos de expandirnos lo haremos primero en nuestro vecindario.

Marte es, con diferencia, el destino preferido. Su superficie relativamente fría, pero con temperaturas soportables y su semejanza con la Tierra lo convierten en un candidato lógico. Sin embargo, Marte presenta algunas limitaciones.

La ausencia de una atmósfera y de un campo magnético hacen que cualquier intento por generar un aire respirable esté condenado a desaparecer, y aunque la superficie puede ser amable para los seres humanos la posibilidad de convertir a Marte en un territorio habitable es más bien baja. Podrían existir bases en su superficie, aisladas de la atmósfera, pero no más.

Venus nos presenta un caso completamente opuesto. Las altísimas temperaturas de su superficie hacen prácticamente imposible generar una base humana, pero sus características se prestan para la terraformación. Eventualmente, la humanidad podría convertirlo en un segundo hogar.

¿Cómo transformar el infierno?             

Como vimos en el capítulo pasado, las condiciones en Venus bien podrían vincularlo con el infierno: sus altísimas temperaturas y presiones hacen que difícilmente pueda vivir en él ningún tipo de vida.

Sin embargo, gran parte de sus condiciones se deben a la altísima presencia de dióxido de carbono en la atmósfera. Lo que nos brinda un primer indicio: si queremos volver habitable el planeta tendremos que encargarnos del CO2.

En gran medida, las altas temperaturas se deben a la presencia de dióxido de carbono. Para terraformarlo existen entonces dos opciones, bloquear grandes cantidades de luz solar o limpiar la atmósfera de CO2.

Así se vería Venus cubierto por océanos. Al contrario que la Tierra, tendría un solo supercontinente

¿Limpiar la atmósfera…

Existen varias propuestas orientadas a limpiar de dióxido de carbono la atmósfera venusina. Todas requieren un gran esfuerzo y la inversión de mucho material, pero si el objetivo es obtener un planeta nuevo bien podría valer la pena.

El primer proyecto involucra bombardear la atmósfera marciana de manera masiva con hidrógeno. Hacerlo con hidrógeno terrestre sería un suicidio, pues implicaría perder la mayor parte de nuestra agua en un plan que no estamos seguros si funcionará, pero el hidrógeno podría obtenerse del hielo de los asteroides, de las lunas joveanas o las de Saturno o hasta de los anillos de este último planeta.

Al hacerlo se capturaría el carbono en forma de grafito, liberando agua que cubriría un 80% de la superficie del planeta (relativamente plano) y correspondería a un 10% del agua terrestre. A partir de esto se reduciría la atmósfera marciana a apenas unas 3 veces la terrestre y los océanos comenzarían a reducirla aún más al absorber el nitrógeno del aire.

Otra propuesta involucra el uso de magnesio y calcio, que podrían obtenerse de varios centenares de miles de asteroides o, por algún medio hoy desconocido, exponerse de las profundidades marcianas, generando un proceso de secuestramiento de carbono que podría enfriar aceleradamente el planeta. Sin embargo, se estima que esto reduciría la temperatura a lo sumo a unos 100 °C.

De los anillos de Saturno podría obtenerse el hidrógeno necesario para transformar a Venus

… o colonizarla?

Sin embargo, una propuesta muy interesante apunta a terraformar Venus desde adentro, aprovechando el lugar más habitable que presenta: su atmósfera.

En efecto, la alta atmósfera marciana es el lugar más parecido a la Tierra en todo el Sistema Solar. Aún más  importante, las altísimas presiones harían que una burbuja se convirtiera fácilmente en una “ciudad flotante” solo con tener el aire de la Tierra a presión ordinaria.

De enfriarse lo suficiente, la atmósfera marciana comenzaría a depositar CO2 en forma de hielo seco. Aunque existe la propuesta de hacer esto usando vastos reflectores solares capaces de disminuir la luz que llega al planeta, muchos consideran que sería más viable construir ciudades en la atmósfera y luego utilizarlas para reflejar la luz solar (absorbiendo otro tanto que podría usarse para obtener energía). Así, se aprovecharía un área del planeta mientras se avanza en su terraformación (algo que sería más difícil en Marte).

Estas ciudades flotantes estarían protegidas de la radiación solar por la parte superior de la atmósfera venusina y podrían, poco a poco, convertir la superficie en una región habitable. Muchas generaciones después, nuestros descendientes podrían habitar en una segunda Tierra.

El Campo Magnético

Al contrario que la Tierra, Venus prácticamente carece de campo magnético interno y se protege de los rayos solares por su densa atmósfera. Si hemos de convertirlo en un planeta como la Tierra, esto tendría que tenerse en cuenta.

El principal problema de Venus es su lentísima rotación (un solo día dura 243 días terrestres), que impide que su núcleo genere un campo magnético importante. Aunque una terraformación ocurriría en un lapso de tiempo muy corto como para que esto importase, a largo plazo (millones de años) sería fundamental generar un campo magnético que protegiera la recién creada atmósfera.

Poner a girar el planeta a mayor velocidad tomaría cantidades inimaginables de energía, pero con miles de años de tiempo seguramente no sea un problema importante. Sin embargo, todo el proyecto de terraformar a Venus podría tardar milenios, por lo que es difícil imaginar que podamos ver incluso el comienzo de ello.

Fuente de imágenes: 1: singularityweblog.com, 2: terraforming.wikia.com, 3: youtube.com

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Bibliografía

El pensante (27 abril, 2016). Venus, ¿el planeta que podría ser?. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/venus-el-planeta-que-podria-ser/