UN PUEBLO COSTERO, por Ana Rivas. Cuentos y relatos de terror

Relatos de terror

Cuentos y relatos de terror pertenecientes al concurso La fiesta de Orfeo.

Relato nº 8

UN PUEBLO COSTERO, por Ana Rivas

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Un pueblo costero, de postal, vamos, con sus barquitas, y su sol brillante. Un azul en el cielo, y turquesa en el mar. Un pueblo pequeño de sólo 100 habitantes, el paraíso soñado para viajantes y parejas, que lo elegían para pasar fines de semana en el pequeño motel. Las típicas tiendas de souvenirs  llenaban el paseo marítimo, y todo rezumaba paz y tranquilidad.
Un sábado, Raquel y Luis decidieron ir a pasar el fin de semana, unos días románticos donde los sueños se hacen realidad. Sólo el sol, la playa y respirar hondo mientras se oye el graznido de las gaviotas.
Llegaron muy pronto, y les extrañó que las calles estuvieran prácticamente desiertas, sólo un par de chavales jugaban junto a las olas.
Luis se acercó a ellos, y preguntó por el motel, y ellos les dijeron donde estaba. Cuando se marchaban, ambos se miraron y sonrieron.
-Debemos avisar a Julio, dijo el mayor, y echaron a correr hacia el interior del pueblo.
Luis y Raquel llegaron al motel y todo estaba vacío. Llamaron en voz alta.
¿Hay alguien aquí?
No obtuvieron respuesta, y esperaron un rato. Luis miraba por todos lados, y nadie venía.
De repente oyeron una voz que les sobresaltó.
-¿Desean habitación?
Raquel, dio un respingo y al volverse vieron a un joven de unos 16 años, rubio, y alto.
Sí queremos una habitación con vistas al puerto si puede ser.
-Como no, síganme.
¿Estás tú sólo?
-Mis padres han salido a hacer unos recados. Vendrán enseguida, pero yo les atenderé.
Les llevó a la habitación y les dejó allí, diciéndoles… -El baño está al lado del ventanal. Cuando deseen pueden bajar. También tenemos restaurante.
Gracias, contestó Luis.
Julio se marchó y echó la llave. Al oír el ruido del cerrojo, Raquel se acercó a la puerta.
-Luis nos han encerrado.
-¿Pero qué dices? Obsesiones tuyas,..
Pero al acercarse vio que no podía abrir, dio golpes en la puerta y llamó sin éxito, pero nadie respondía.
Se asomaron por la ventana pensando bajar pero estaban en un cuarto piso, y al mirar vieron a unos 12 niños, de diferentes edades, mirando haciendo arriba con una sonrisa diabólica en la cara.
Aquí pasa algo, esto no es normal…
Pero no había forma de salir, y pasaron las horas y no sabían nada.
Cuando ya se había hecho de noche, se oyó el cerrojo. Era Julio.
– Hola, estaréis hambrientos, la cena está preparada.
¿Que pasa aquí? dijo Luis, Exijo hablar con un adulto.
Aquí no hay adultos, y vosotros no vais a hablar con nadie. Y en ese momento sacó un cuchillo del bolsillo.
Vamos, no entorpezcáis más y bajad, es lo mejor.
Bajaron delante de él, y al llegar al salón estaban allí todos los niños mirándolos fijamente.
¿Que pasa aquí? ¿Qué es esto?
Pues no pasa nada más que vosotros sois la cena… dijo Julio, y en ese momento todos se abalanzaron sobre ellos con caras descompuestas. No valieron de nada los gritos de Raquel, ni los puñetazos de Luis. En menos de dos minutos estaban con un charco de sangre a su alrededor, llenos de mordiscos y puñaladas.
Julio les dijo a todos.
Bueno, chicos ya podéis sentaos, la cena está lista…

En el cementerio del pueblo había tumbas nuevas. No tenían lápida, pero todas y cada una de ellas estaban llenas de los cuerpos de todos los adultos del pueblo. Y de algún que otro visitante…

UN PUEBLO COSTERO, por Ana Rivas. Cuentos y relatos de terror
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