Teodora: la prostituta que se convirtió en Emperatriz

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Lo necesario para la fama son gansos y mucho grano

Era necesario que esa noche se luciera, pues ya estaba cansada de los papeles insulsos. Ella sabía que no era la mejor actriz, pero que contaba con lo necesario para brillar. Si esa noche ella sobresalía, podría dejar atrás esos días de hambre y penumbra, podría aspirar a lujos, comodidad y fama. Ya había probado antes que podía atraer a la gente, sólo había que contar la historia adecuada; así,  subió a las tablas totalmente desnuda, se acostó y varios esclavos arrojaron en ella trigo mientras que un grupo de gansos subía y lo devoraba arrancando en el proceso pedazos de carne de la joven. Esa noche, la anhelada popularidad por fin llegó.

Porque esa joven, nacida en cuna de barro, tenía el carisma para conquistar el mundo. Su belleza y energía la llenaron de fortuna y fama, aunque de igual forma acarreo grandes demonios que la acompañaron hasta que conoció a Dios. Esta es la historia de Teodora de Bizancio, la primera prostituta en convertirse en Emperadora.

Un santo la encaminó

Había conocido un sinfín de placeres y juegos sombríos, había viajado a cientos de lugares. Fue en uno de esos viajes, en Alejandría, que conoció a un hombre llamado Severo, uno de los primeros patriarcas de Antioquía que había sido despojado de su cargo político por defender una nueva religión que en aquél tiempo estaba tomando mucho poder: el Cristianismo.

Con aquel Santo, Teodora no desnudó su cuerpo sino su alma, le contó todas sus penas y los demonios que la perseguían. Le confió a aquella persona sus más oscuros secretos y los pensamientos licenciosos que rondaban su cabeza. Fue la primera vez que pudo tener una charla con alguien que no buscaba usarla sino salvarla.

Fue así que, con un interior limpio y una nueva decisión de cambiar su vida, Teodora (de regreso en su hogar en Constantinopla) dejó atrás su vida como meretriz, aunque siguió viviendo con sus compañeras de faena. Inclusive fue una de ellas quien le presentó a alguien, Flavius Petrus Sabbatius, conocido en el pueblo como Justiniano, hijo de los actuales emperadores de Constantinopla.

Justiniano no tenía nada que envidiar a la vida de Teodora, él también fue un hombre de vida licenciosa. Tal vez fue por eso que inclusive llegaron a simpatizar, hasta el punto que el hijo de los nobles se enamoró profundamente de la mujer.

Fue tal su idolatría por la dama que decidió llevársela a vivir a su palacio y le dio el título de patricia, un cargo que sólo se les otorga a las mujeres de la alta alcurnia y le otorgaba privilegios como sentarse en un buen sitio en hipódromo lejos de la multitud.

Aun así, por más fuerte que fuera su relación, la ley era muy clara: las mujeres que fueran o hubieran ejercido la prostitución no podían casarse. Además, la emperatriz Eufemia Flavia Aelia Marcia no permitiría que alguien así se uniera a su familia; a pesar de eso la pareja no tuvo que esperar mucho para unir lazos: la soberana falleció y su viudo, el anciano emperador, suspendió temporalmente esa ley para que su hijo se pudiera casar.

La Emperatriz que Conquistó el Imperio

Pasaron tres años para que Justiniano de 45 años y Teodora de 27 se convirtieran en emperadores de Constantinopla. Y con esta nueva emperatriz en el poder, se inició una nueva era en que había alguien en los altos mandos que conocía las vicisitudes que pasa la gente que no nació con opulencia.

En el año 532, la joven mandó a construir uno de los templos más hermosos que existe a nuestra fecha: La Basílica de Santa Sofía (Estambul). Más adelante, inspirada y determinada a cambiar la situación de muchas mujeres en el reino, instauró las leyes más progresistas para su época: Corpus Juris Civilis, el código legal y civil de Justiniano.

En el manuscrito se contemplaron las siguientes leyes: derecho al aborto, permiso a formas de matrimonio no convencionales (bigamia), prohibición del castigo físico debido al adulterio, matrimonio libre entre razas, religiones y clases sociales, prohibición de la prostitución forzosa y pena de muerte por el delito de violación.

También se tuvo en cuenta aquellos niños nacidos fuera del matrimonio, ellos tenían los mismos derechos que sus hermanos a la herencia paterna. Por su parte las mujeres ya no tenían que seguir soportando un matrimonio indeseado y se podían divorciar, de igual forma se creó en la corte un sitio donde las señoras y las jóvenes podían denunciar los abusos físicos a las que eran sometidas y se les asignaba un defensor especialista que las ayudaba a asentar una demanda.

Sin embargo, muchos no estuvieron de acuerdo con tantos cambios. Entre sus detractores se encontraban muchos hombres mortificados por las leyes de la emperatriz, quien con gran coraje soporto sin huir del sitio varios intentos de asesinatos y la ira de turbas iracundas.

Implacable y astuta, durante dieciséis años gobernó al lado de su marido defendiendo aquellas mujeres que limitadas por la sociedad que se suponía que la debía proteger padecieron tantos maltratos. En el 548, la muerte llegó al imperio: se rumora que la inteligente emperatriz murió a causa de cáncer de seno. El día de su fallecimiento cientos de lágrimas recorrieron los rostros de todas aquellas a quienes salvó.

Bibliografía

  1. http://arquehistoria.com/teodora-de-prostituta-a-emperatriz-de-bizancio-15687
  2. http://elespejogotico.blogspot.com.co/2012/06/teodora-prostituta-que-fue-emperatriz.html

Imágenes: 1 y 3: pinterest.com, 2: mariagc64.blogspot.com.co

Teodora: la prostituta que se convirtió en Emperatriz

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Bibliografía

El pensante (29 noviembre, 2017). Teodora: la prostituta que se convirtió en Emperatriz. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/teodora-la-prostituta-que-se-convirtio-en-emperatriz/