¿Somos dos en lugar de uno? Las dos mentes que habitan en nosotros

Ciencia, Estudios y experimentos

El cuerpo calloso, que comunica los dos hemisferios

Epilepsia

La epilepsia es una dolencia particularmente molesta que aunque no genera los efectos negativos de muchas enfermedades puede arruinar la vida de una persona. Consiste, en esencia, en la pérdida momentánea de control y la ocurrencia de convulsiones que pueden resultar muy intensas (siendo un peligro para la persona si no está en un ambiente seguro).

Hacia mediados del siglo pasado, cuando la naturaleza de la epilepsia (que hoy sabemos causada por un exceso de actividad eléctrica o un desequilibrio en las neuronas de una parte del cerebro) no era del todo clara, algunos neurólogos y neurocirujanos comenzaron a notar que la extirpación del cuerpo calloso (esto es, el tejido cerebral que comunica los dos hemisferios) parecía tener efectos favorables en el tratamiento de la dolencia.

Aunque al final se demostró que dicha operación era más dañina que beneficiosa (hoy sólo se receta para los casos más extremos) por muchos años los cirujanos la practicaron de manera más o menos común, generando con ello un gran número de pacientes que terminaron por vivir sin cuerpo calloso.

Y posteriores estudios en estos pacientes mostraron que el cerebro funciona de manera muy diferente… y que es mucho más complejo de lo que creemos.

Dos hemisferios

Vamos por partes. Como todos sabemos, el cerebro está constituido por dos hemisferios, cada uno de los cuales controla el lado opuesto del cuerpo. Ambos funcionan de manera relativamente independiente en las personas normales, pero tienen un grueso tejido neuronal que los conecta y les permite comunicarse entre sí.

De acuerdo con las investigaciones, aunque existen ciertas diferencias entre los hemisferios (clásicamente se dice que el derecho es emocional y el izquierdo lógico) en caso de emergencia uno de ellos puede “aprender” y adoptar las funciones que le corresponden al otro. Sin embargo, existe una función que no corresponde sino a un hemisferio y no puede ser sustituida: el habla, que únicamente el hemisferio izquierdo puede manejar.

Y como veremos, esto parece hacer toda la diferencia.

Uno de los hemisferios domina el centro del habla. El otro no puede comunicarse

Dos mentes

En los pacientes que carecían de cuerpo calloso los hemisferios eran incapaces de comunicarse. Más importante: cada uno de ellos estaba a cargo de dominar una de las mitades del cuerpo, por lo que al bloquear la visión conjunta de los ojos (poniendo una barrera que impidiera al derecho ver lo que veía el izquierdo, y viceversa) los científicos estaban seguros de la información que recibía cada hemisferio.

Y con el experimento comenzaron a suceder cosas extrañas.

Digamos, por ejemplo, que el ojo derecho (conectado al lado izquierdo, que domina el habla) no podía ver nada. El ojo izquierdo, sin embargo, podía ver una serie de objetos y una pantalla en la que aparecía una figura. La mano izquierda, siguiendo las instrucciones, tomaba la figura dicha y se la pasaba a la mano derecha (haciendo que por fin entrara en el rango de visión del ojo derecho). Se le preguntaba a la persona entonces “¿De dónde sacaste este objeto?”.

Y la respuesta, invariablemente, no tenía nada que ver con el experimento.

Si el objeto era un osito, la persona diría que lo tuvo desde niño, o que le gusta la felpa. Si era un aparato, que lo había comprado o encontrado en algún lugar. En general, el hemisferio derecho – incapaz de conocer la procedencia del objeto – inventaba una historia con la información disponible para darle sentido a la situación actual.

Esto, de por sí, tiene implicaciones importantes. Pero más interesante aún resultaba el hecho de que el hemisferio izquierdo – incapaz de comunicarse – parecía capaz de tomar sus propias decisiones desconectadas del centro del habla. Así, aunque no pudiese articular palabra, este hemisferio sí podía “comunicarse” haciendo, por ejemplo, un puño con el pulgar hacia arriba cuando se le mostraba un objeto que quería y hacia abajo cuando no lo quería.

Y más importante aún: muchas veces tomaba decisiones distintas a las del hemisferio izquierdo. Ante la misma pregunta, uno de los hemisferios podría pedir un crayón rojo y, el otro, uno azul, por dar un ejemplo.

Los resultados de estos experimentos indicaron que los dos hemisferios, en efecto, parecían tomar decisiones independientes. En la actualidad aún no comprendemos bien su relación (cada vez hay menos sujetos para estudiar sin el cuerpo calloso, y ese es un limitante importante) pero algunas teorías incluso hablan de que el hemisferio derecho es una “conciencia propia” que se vuelve secundaria a medida que crecemos y el habla se vuelve el centro de nuestra vida.

En efecto, los experimentos parecen indicar que una parte de nuestra mente funciona de manera casi independiente de la otra y que lo que muchas veces entendemos como lógico no es más que el hemisferio izquierdo justificando (con el lenguaje, claro) las acciones o ideas de su hemisferio hermano. De ser así, en muchas ocasiones no razonaríamos, sino que nuestra “lógica” sería una mera justificación de acciones y decisiones que fueron tomadas de antemano y sencillamente se ajustaría a ellas.

¿Tenemos literalmente dos mentes? Es lo que parecen indicar estos estudios. Y quién sabe cuántas veces ese “otro” habrá sido el que tome decisiones a las que nuestra parte verbal sencillamente se adapta. ¿Será que vamos por el mundo justificando acciones que no son del todo nuestras?

Imágenes: 1: efefuturo.com, 2: knowingneurons.com, 3: youtube.com

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Bibliografía

El pensante (21 julio, 2016). ¿Somos dos en lugar de uno? Las dos mentes que habitan en nosotros. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/somos-dos-en-lugar-de-uno-las-dos-mentes-que-habitan-en-nosotros/