Senolíticos: las drogas que podrían desentrañar el secreto de la eterna juventud

Medicinas

La medicina es tan antigua como la civilización, y si nos ponemos estrictos, posiblemente tan antigua como la humanidad. Desde tiempos inmemorables las diversas sociedades han buscado la manera de curar las dolencias del cuerpo y el alma, basándose en antiguas tradiciones surgidas –según la leyenda- de las enseñanzas de los dioses. Según las fuentes chinas, la pólvora fue descubierta por un alquimista que se encontraba buscando el secreto de la eterna juventud.

Pero si bien los antiguos tuvieron muchos aciertos, en general sus mecanismos para desarrollar medicinas estaban atados a tradiciones religiosas o místicas y por ello también tuvieron muchas limitaciones en el desarrollo de su tecnología. La medicina moderna, en últimas, es hija de la ciencia, y no comenzaría a desarrollarse hasta mediados del siglo XIX, cuando se sintetizó la primera “droga” moderna: la quinina.

A partir de entonces, el desarrollo fue rápido. Unas dos décadas después se descubrió la primera bacteria infecciosa (el bacilo de Koch) permitiéndonos por fin comprender la naturaleza de las enfermedades. Hasta entonces se creía que un desequilibrio en los “miasmas” era lo que las causaba, y esta tradición (proveniente de la antigüedad) había sobrevivido por siglos.

Con el advenimiento del Siglo XX la medicina comenzó a avanzar a mucha mayor rapidez. El descubrimiento de los antibióticos y el desarrollo de nuevas vacunas cambiarían para siempre el desarrollo de nuestra sociedad. Pero, pese a ello, seguimos sin cumplir el sueño de los antiguos: seguimos sin revelar los secretos de la Eterna Juventud.

Inmortalidad

Pocos sueños hay más antiguos que la inmortalidad. Sin embargo, nunca habíamos estado tan cerca de conseguirla como en la actualidad.

Como mencionamos en el artículo Es Posible la Inmortalidad, en la actualidad entendemos mejor el proceso de envejecimiento y sabemos que hay especies que no envejecen como nosotros, sino que son inmortales en el sentido biológico de la palabra. Por supuesto, eventualmente mueren (son cazadas, se quedan sin alimento, crecen demasiado, enferman), pero en su código genético no está, como en el nuestro, programada su muerte.

Ahora, como sabrán, los seres humanos (y en general los seres vivos) somos poco más que un conglomerado de células, y en teoría, mientras las células se dividieran, podríamos mantener nuestros tejidos sanos. Sin embargo, llega un punto en el que las células simplemente dejan de dividirse. El envejecimiento está dado por una mayor proporción de estas células, llamadas células senescentes, que al cesar su división dejan de cumplir sus funciones y comienzan a deteriorar los tejidos.

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Cualquier medicación que busque “sanar” (o cuanto menos retardar) el cuerpo del proceso de envejecimiento debe comenzar por entender el proceso que sufren las células senescentes y revertir el estado de dichas células o, en su defecto, eliminarlas para que otras células “jóvenes” tomen su lugar. El tema es más complejo de lo que parecería, pues si se hace que una célula se vuelva inmortal esencialmente se está creando una célula cancerígena, así que hay una línea muy delgada que no debe cruzarse so pena de que el remedio salga peor que la enfermedad.

Y recientemente unos medicamentos llamados “senolíticos” podrían haber encontrado este punto medio.

Senolíticos

Estas drogas esencialmente afectan a las células senescentes, llevando a que en los tejidos se multipliquen las células “jóvenes”. Su uso puede llevar a la reconstitución de tejidos que habían sido dañados por el envejecimiento, pero sus efectos a largo plazo hasta ahora comienzan a comprenderse.

Recientemente un equipo de científicos estadounidenses comenzó una serie de estudios en ratones en los que analizaban el proceso de envejecimiento. Lo primero fue tomar ratones jóvenes e inyectarles células senescentes. Y como lo esperaban los investigadores, estas células pronto comenzaron a deteriorar los tejidos de estos ratones. Pero luego, tras inyectarles dos tipos de Senolítico (Dasatiniba y Quercetina), los ratones mostraron una reversión en este proceso y recuperaron sus tejidos “normales” para la edad.

Sin embargo, lo más interesante de la investigación se realizó después. A ratones de avanzada edad (más de 20 meses) les fueron inyectados Senolíticos durante 4 meses. Este tratamiento mejoró de manera consistente su desempeño físico y redujo muchos de los daños asociados a la edad avanzada.

Pero lo mejor vino al final. Al tratar ratones muy viejos (24 a 27 meses) con los senolíticos, los investigadores encontraron que se redujo su mortalidad e incrementaron su esperanza de vida promedio en 36%. Esto es equivalente a las personas viviendo un promedio de 95 años en lugar de 72, aproximadamente.

Por supuesto, estamos apenas ante los primeros pasos de un tratamiento contra la vejez, y el tratamiento ni siquiera se ha probado en humanos (a duras penas si sabemos sus efectos en ratones), pero no cabe duda de que este es un avance revolucionario que podría cambiar para siempre nuestra historia.

Ah, y en caso de que quieran saberlo, la mayor cantidad de senolíticos proviene de sustancias usadas para el tratamiento del cáncer de las que solo recientemente nos dimos cuenta que podían atacar las células senescentes.

Bibliografía:

  1. https://www.nih.gov/news-events/news-releases/senolytic-drugs-reverse-damage-caused-senescent-cells-mice
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Senol%C3%ADticos
  3. https://en.wikipedia.org/wiki/Cellular_senescence

Imágenes: 1: newsnetwork.mayoclinic.org, 2: alivebynature.com, 3: longevityfacts.com

Senolíticos: las drogas que podrían desentrañar el secreto de la eterna juventud
27 septiembre, 2018