Selokam Mataram: de cómo los trabajos forzados por el Sultán salvaron la vida de miles de campesinos indonesios en la Segunda Guerra Mundial

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Trabajos forzados

Cuando hablamos de trabajos forzados la mayoría suponemos un escenario lúgubre, opresivo, donde los individuos se ven obligados a actuar contra su voluntad y realizar actividades que benefician a terceros. Atados contra su voluntad a una labor que no les representa nada, se encuentran generalmente esperando la posibilidad de rebelarse, o al menos de escapar. Y, por lo general, este es el caso.

Pero otra era la actitud de los trabajadores forzados que marcharon en 1943 a construir el gran Dique de Mataram (Selokam Mataram) no iban llenos de odio o resentimiento, sino de gratitud. Porque sabían que su trabajo forzado no era tal: era una fachada ideada por su gobernante para salvarles la vida.

El Sultán Hamengkubuwono IX

En 1943 Indonesia hacía parte de las Indias Holandesas, y era en su mayor parte gobernada de manera directa por los holandeses. Pero en algunas regiones específicas los colonizadores habían optado por dejar a los gobernantes nativos hacer el trabajo.

Este era el caso de la región de Yogyakarta, ubicada en la isla de Java y gobernada por el Sultán Hamengkubuwono IX. El joven Sultán había subido al trono en 1940 con 27 años de edad y tendría que lidiar con la más grave crisis de la isla: la conquista por parte de tropas japonesas en 1942 y la dura ocupación que siguió, una de las más crueles en la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Hamengkubuwono recibió, por parte de los holandeses, la posibilidad de huir del país y gobernar desde el exilio. Pero mostrando desde ya su compromiso con su gente se negó de plano, asegurando que un líder debía permanecer con su gente en particular en las más difíciles situaciones.

Y así, el Sultán quedó a cargo de una región asolada, a sabiendas de que pronto vendrían los japoneses a exigir recursos para su esfuerzo de guerra. Si no había mucho, se llevarían a los hombres a trabajar y morir en sus campos.

Era forzoso idear algo.

Selokam Mataram

El Sultán sabía que los japoneses necesitaban comida, así que les ofreció los productos de su región, buscando ganar su confianza.

Entretanto, comenzó un acelerado proceso de construcción de un dique que según el Sultán era fundamental para mantener la producción de alimentos. Recurriendo a la autoridad de que disponía, “obligó” a todos los hombres en edad de trabajar a participar de la construcción, durmiendo en un campamento improvisado en las cercanías y trabajando día y noche para la terminación del mismo.

A los japoneses, que visitaban las ciudades, les quedaba claro que había poco allí: únicamente mujeres y niños se veían en las calles, y no había hombres que pudiesen llevar a sus campos. Además, el Sultán entregaba sus alimentos a tiempo, por lo que los japoneses no tenían razón para atacar su región o dudar de su palabra.

Y así, durante tres años los hombres de la región de Yogyakarta se dedicaron a construir un dique con el propósito expreso de salvarles la vida… aunque los japoneses creían que era crítico para la producción de alimentos. En 1945, cuando la isla fue liberada, los campesinos volvieron a sus parcelas y quedó el dique como un recordatorio de la voluntad de un líder por salvar a su pueblo…

Además, claro, que llevaba agua a las parcelas y era una obra magnífica de ingeniería.

Bibliografía:

  1. https://www.quora.com/What-are-some-extraordinary-lesser-known-stories-from-World-War-2/answer/Dian-Ardiansyah-3
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Hamengkubuwono_IX#Sultan_of_Yogyakarta

Imágenes: 1: harirustianto.blogspot.com, 2: wikipedia.org

Selokam Mataram: de cómo los trabajos forzados por el Sultán salvaron la vida de miles de campesinos indonesios en la Segunda Guerra Mundial
25 julio, 2018


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