Se descubre la “Torre de cráneos” de la que alguna vez habló Hernán Cortés

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Cuando los españoles arribaron por primera vez a Mesoamérica se encontraron con un mundo completamente diferente al que conocían, o incluso, imaginaban. En particular en el Imperio Mexica chocaron de frente con una cultura en la que el sacrificio humano era considerado fundamental. Decenas, centenares e incluso miles de personas debían ser sacrificadas a diario en Tenochtitlán, de lo contrario el sol dejaría de salir. Hernán Cortés llevó su ejército a la capital del más poderoso imperio de la región: El Imperio Mexica (a veces bautizado, erróneamente, como Azteca).

Para Cortés y sus hombres, la visión fue aterradora. Miles de prisioneros, cuidadosamente organizados, esperaban su turno para morir en el Templo. Los relatos que llegaron a España se pensaron por mucho tiempo como exageraciones, llegando incluso Cortés a hablar de una pirámide completa de cráneos humanos que habría sido construida por los mexicas.

Así surgió la leyenda de la torre de cráneos, que por mucho tiempo se pensó una exageración de Cortés. Pero luego se vino a descubrir que detrás de ello podría haber más verdad de la que se cree.

Tzompantli

En efecto, las tradiciones mexicas llevaban a que luego de la muerte de uno de los prisioneros su cuerpo fuera dividido y su cráneo quedase en manos de los sacerdotes. Aquellos se encargarían de ponerlo en un altar público, donde empalaban las cabezas de las víctimas en una especie de empalizada de madera. Estos macabros sitios eran denominados Tzompantli.

Tras cumplir su propósito ritual, los Tzompantli sencillamente se cubrían con tierra o piedra, volviéndose la base de otras estructuras. De acuerdo con los académicos que han estudiado la cultura mexica, no eran tanto símbolos de muerte como celebraciones a la vida, que se creía dependía de las muertes de los prisioneros para continuar.

En cualquier caso, los Tzompantli se convirtieron en íconos de esta crueldad (tal y como era percibida por los europeos) y terminaron por olvidarse. Sin embargo, en tiempos recientes se han descubierto más y más de estas construcciones, recordándonos del sangriento (pero también glorioso) pasado de las sociedades indígenas mesoamericanas.

El Gran Tzompantli de Méxito-Tenochtitlán

Es bueno recordar en este momento que la Ciudad de México se erigió, literalmente, sobre la antigua capital azteca, siendo incluso la Catedral la continuación del antiguo Templo de la plaza central. Así, muchas áreas en el centro de la actual capital de los Estados Unidos Mexicanos tienen de manera constante exploraciones arqueológicas.

El 20 de agosto de 2015 se realizó un impresionante descubrimiento en la Ciudad. En la zona del Templo Mayor se halló el mayor Tzompantli hasta el momento, bautizado, como no, “Gran Tzompantli”. La estructura tiene la friolera de 30 metros de largo por 24 de ancho y una profundidad desconocida, aunque conforme avanzan las excavaciones cada vez queda más claro que se trata de una verdadera “pirámide” de cráneos.

Hasta el momento, se han encontrado más de 600 cráneos, pero la forma de la estructura y su disposición permite calcular que más de 60.000 calaveras hicieron parte alguna vez de ella. A medida que las investigaciones avanzan, aprendemos más y más de la antigua y enigmática civilización mexica.

Imágenes: nationalgeographic.com.es

Se descubre la “Torre de cráneos” de la que alguna vez habló Hernán Cortés
27 julio, 2017
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