¿Se aproxima el final? Sequía de 3 años azota el estado de California.

Desastres, Sociedad

El ser humano suele pensar en los tiempos por venir con un aire apocalíptico. En todas las civilizaciones había periódicos brotes de miedo por la posibilidad de un eventual – si no próximo – fin de los tiempos.

Por supuesto, dichos brotes de terror estaban mejor que justificados. La Historia nos enseña que a lo largo de los milenios fueron muchos los pueblos que se levantaron para luego desaparecer sin dejar rastro, como los Mayas o los Hititas. Otros tuvieron más suerte y su legado fue siempre recordado, pero no lograron salvarse de la catástrofe (por ejemplo: los romanos).

Desde hace aproximadamente tres siglos la humanidad superó las barreras que anteriormente habían limitado su crecimiento y se encauzó en una senda agresiva de desarrollo tecnológico y productivo, muchas veces sin tener en cuenta las limitaciones naturales a este proceso. Los resultados han sido espectaculares: hoy la población mundial ha multiplicado por más de diez su población respecto a 1700 y los niveles de vida en muchas regiones han aumentado de manera impresionante, brindándonos comodidades que no solo eran imposibles, sino impensables, en este periodo.

Pero este desarrollo trajo su lado oscuro. Si bien nunca había existido tanta riqueza sobre la tierra, tampoco se habían alcanzado los niveles de pobreza y miseria que caracterizan hoy a más de un cuarto de la población mundial. La lucha por los recursos y la incapacidad de competir en un mundo moderno, de la mano con la corrupción y la ineficiencia estatal, ponen en peligro a grandes masas de humanidad desprovistas de toda riqueza.

Hoy el miedo ya no es a un apocalipsis bíblico donde los demonios vengan a apoderarse del reino terrenal, ni a una catástrofe proveniente del castigo divino. Nuestros miedos tienen que ver con la posibilidad – cada día más realista – de que los recursos requeridos para sostener nuestro estilo de vida de pronto no sean suficientes. En un mundo globalizado, las consecuencias de este fenómeno podrían ser catastróficas, al jalonar un efecto dominó que destruyera, una tras otras, las regiones vulnerables a altos precios de los alimentos.

La crisis del agua

Uno de los recursos cuyo valor ha sido más subestimado es el agua. Necesaria para cualquier tipo de producción agrícola, pecuaria, artesanal o industrial, el agua ha sido sobreexplotada y mal regulada desde hace más de un siglo. En este periodo la baja población humana favorecía un menor riesgo, pero conforme pasan los años cada vez nos hacemos más dependientes de este recurso y cada vez somos más vulnerables a una posible sequía.

Y las sequías, mientras tanto, crecen en tamaño. Debido a la destrucción de los ecosistemas que se encargan de almacenar y regular el flujo de agua, es cada vez más difícil mantener la seguridad de que existirá una reserva de agua constante para nuestras necesidades futuras. Hoy día la humanidad es tremendamente vulnerable a episodios largos de ausencia de lluvias, y si bien es poco probable que un fenómeno así se de en todo el mundo, si hay fluctuaciones regionales que es importante tener en cuenta y que pueden afectar poblaciones de millones de personas. Esto es precisamente lo que está sucediendo en California.

Sequías y racionamiento en California

El caso de este estado norteamericano es icónico porque ilustra que sin importar el poder o la riqueza de un país, las fuerzas de la naturaleza son incontrolables. Si bien es cierto que hasta ahora el gobierno de los Estados Unidos no ha permitido que la sequía se cobre víctimas mortales, ha sido incapaz de mitigarla o de ofrecer una solución a los angustiados pobladores que ven como, por cuarto año consecutivo, las reservas de agua merman lentamente y las lluvias evitan la región.

De acuerdo con las mediciones climáticas realizadas, la combinación entre bajas precipitaciones y altas temperaturas ha creado un coctel con las peores condiciones climáticas en los últimos 1200 años. Los habitantes de la región han tenido que disminuir su consumo de agua en más de un 20%, y el estado presiona para que actividades como lavar el carro, las escaleras o regar las plantas acarreen una multa de hasta 500 dólares.

El fenómeno no comenzó este año. California es una región que combina una tierra excepcionalmente fértil con una escasez crónica de agua: esto implicó que los primeros asentamientos de colonos estadounidenses requirieran del desarrollo de sistemas de riego a gran escala. El agua, obtenida de los afluentes cercanos mediante complejos sistemas de distribución, pronto convirtió a California en uno de los estados agrícolas más productivos del territorio estadounidense.

A principios del siglo XX el acceso a máquinas permitió la explotación de las reservas de agua subterráneas, y debido a su importancia agrícola el estado de California jamás reguló esta explotación, mientras que la mayoría de sus vecinos si implementó medidas para limitar su uso. Esta es una de las causas de la sequía: mientras los niveles de agua superficial y el nivel freático descienden dramáticamente, los grandes productores agrícolas siguen sembrando como si nada estuviera pasando. Ellos utilizan más de la mitad del agua que se gasta en el estado, y argumentan que de limitar su producción se daría un ascenso de los precios de los alimentos, algo que no conviene a nadie.

Sin embargo, los problemas por el alto consumo de agua empiezan a notarse. A pesar de residir en una región desértica, en este estado es común para el ciudadano de clase media tener un patio con césped verde o con plantas ornamentales, lo que obviamente impone aún más presión en el ya escaso recurso hídrico. Con el eslogan “el marrón es el nuevo verde” el gobierno de California intenta convencer a las personas a dejar que sus plantas se sequen mientras dura la sequía.

El problema no es únicamente el consumo familiar. Las grandes industrias utilizan cantidades ingentes de agua, y su uso aún no ha sido limitado por el estado en aras de la economía. El lobby agricultor consiguió que la ley pensada para limitar la explotación de aguas subterráneas entre en vigencia… en el año 2040. Huelga decir que los habitantes del estado están indignados y consideran que el sector productivo debería pagar más por su uso del recurso.

Soluciones y problema a largo plazo

La sequía es drástica, pero es solo uno de los fenómenos a venir. De acuerdo con varias instituciones, el cambio climático hará que las sequías se vuelvan progresivamente más serias en esta región, por lo que el acceso al agua se hará más y más costoso. Puede que estemos ante el primero de muchos años que lleven a la crisis a la otrora próspera región.

En caso contrario, se necesitaría disminuir de manera dramática el uso de agua. La región tendría que elegir si cobrar más a los productores, establecer cuotas de consumo o facilitar la emigración, pues la situación, de continuar, se volverá insostenible a largo plazo. Si realmente esta es una de muchas sequías por venir, la viabilidad económica de California estaría en entredicho. No son la primera sociedad en enfrentarse a un ambiente árido y fracasar ni siquiera en el occidente norteamericano: esta historia ya se vivió hace unos 800 años por parte de los Anasazi.

El ejemplo de California es ilustrativo no por ser más importante que otros casos (como la Guajira colombiana) sino por demostrar que ante un fenómeno natural, ante el cambio climático, es imposible reaccionar sin importar lo próspera o desarrollada que esté una sociedad. Si uno de los estados más opulentos de los Estados Unidos es incapaz de lidiar con una sequía, ¿qué le espera al resto de la humanidad?

Fuente de imágenes: 1: motherjones.com; 2: images.washingtonpost.com; 3: e360.yale.edu; 4: blog.myheatworks.com

¿Se aproxima el final? Sequía de 3 años azota el estado de California.

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