Robert DePalma, el paleontólogo que resolvió el más grande misterio de los dinosaurios


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El registro fósil

El interior de la Tierra es como un libro. En la superficie se encuentra el registro de los periodos más recientes, y a medida que cavamos hacia las profundidades encontramos periodos más y más antiguos, mostrándonos en un espectacular relato la Historia de nuestro planeta. Pero, y aquí hay un problema importante, a este libro le faltan muchas páginas.

Una de las páginas faltantes más importantes (quizás la más relevante en la conciencia popular) es aquella de los últimos años (bueno, millones de años) de los dinosaurios. Verán, hace unos 65 millones de años chocó un asteroide contra la Tierra, dejando nuestro planeta prácticamente en estado terminal… y dejando una capa de varios elementos extraños en el registro geológico (así es como sabemos que efectivamente sucedió). A esta delgada capa de elementos se le conoce como la barrera K-T: la separación entre el periodo Cretácico y el Terciario.

Y tres metros bajo la capa nunca habíamos hallado ningún fósil de dinosaurio.

Los dinosaurios perdidos                       

Esto significa que, en esencia, en las páginas del libro que narran unos cuantos centenares de miles de años antes del impacto no hay dinosaurios. Claro, un fósil es un episodio muy, muy extraño, y podía ser que simplemente habíamos tenido mala suerte, pero cuando año tras año seguíamos sin hallar nada algunos paleontólogos comenzaron a proponer que el meteorito no fue sino el último golpe a una dinastía ya moribunda, y que la verdadera extinción había ocurrido muchos años atrás.

Y por años siguió el debate: los optimistas pensando que solo faltaba un golpe de suerte para encontrar los ansiados fósiles, los pesimistas insistiendo en que este hallazgo jamás ocurriría, pues para este momento ya no quedaban dinosaurios.

Y fue entonces cuando el paleontólogo Robert DePalma realizó el que seguramente será el hallazgo del siglo.

Antes de la catástrofe

DePalma trabajó por años en secreto, llevando únicamente personas de su absoluta confianza al sitio que había descubierto. Entre el 2012 y el 2016 recolectó muestras cuidadosamente, procurando asegurar  que la datación fuera correcta, y solo entonces reveló sus resultados.

Lo que encontró fue una zona de inundación justo en la barrera K-T que estaba completamente inundada de fósiles. Es la primera vez que encontramos evidencias de que los dinosaurios (y muchas otras formas de vida) no solo existieron, sino que florecieron en este periodo. Y por primera vez podemos imaginar la verdadera magnitud del impacto y entender que fue, en efecto, un evento catastrófico en sí mismo, y no solo la última tragedia de una dinastía decadente.

Pero más importante aún, este yacimiento nos indica los detalles exactos de los últimos momentos de la Era Mesozoica. La información es fascinante: el desastre fue tal que el aire se quedó sin oxígeno: todos los fósiles de los peces aparecen con la boca abierta, como desesperados por respirar en un agua que se va volviendo tóxica poco a poco. Pese a haber quedado sobre el cieno, no fueron comidos por otros animales: nadie que pudiera hacerlo quedaba con vida.

En esencia, lo que el profesor DePalma encontró fue no solo la muestra de que la vida florecía antes del impacto, sino una instantánea de este impacto, que nos muestra con claridad la crudeza y sufrimiento que causó en la vida terrestre.

Bibliografía:

  1. https://www.newyorker.com/magazine/2019/04/08/the-day-the-dinosaurs-died?utm_source=quora&utm_medium=referral

Imágenes: newyorker.com

Robert DePalma, el paleontólogo que resolvió el más grande misterio de los dinosaurios
20 abril, 2019
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