Relatos de terror. Ser diferente, por Sherezade

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Ser diferente

Soy diferente, me gusta ser diferente, quiero ser diferente. Lo supe desde que tuve uso de razón. En el colegio me huían por considerarme rara. No me gustaba jugar a los absurdos juegos de niños de colegio. Mientras ellos estaban en las pistas haciendo el bobo, yo tenía cosas más interesantes que hacer. Me dedicaba a capturar insectos y poco a poco los desmembraba gozando con su sufrimiento.

De los insectos pasé a capturar lagartijas a las que, con una pequeña navaja, abría sus vientres y sacaba los órganos, mientras el animal agonizaba. Cierto día en el que mi víctima era una cría de gorrión, noté a mi espalda una presencia y girando la cabeza bruscamente se encontraba las cuatro niñas que más odiaba del colegio. Al descubrir lo que hacía una de ellas me dijo:

-¡Le voy a decir a la profesora lo que estás haciendo!-contestó.

Antes de poder reaccionar habían salido a la carrera buscando a nuestra maestra.

Impasible, observé como hablaban con ella y con un rápido movimiento de mi mano, lancé la navaja lo más lejos que pude. Me llevaron al despacho del director y llamaron a casa para informar de lo ocurrido. En cuanto llegó mi madre, el director le contó lo sucedido y me expulsaron por dos días. A la salida, me crucé con las cuatro chivatas que me sonrieron con sorna. Les lancé tal mirada de odio, que la sonrisa se les congeló en sus absurdas caras. De camino a casa, mi madre no dejó de repetirme que estaba harta de mi comportamiento y tendría que tomar medidas drásticas.

Fue tal el odio que sentí hacia ella, que en ese momento deseé su muerte. Durante los dos días de expulsión me tuvieron recluida en el sótano a modo de castigo y allí permanecí feliz ya que tenía lo necesario para jugar, un afilado cuchillo y una pequeña sierra que utilizaba para descuartizar a los ratones que por allí pululaban. Esa misma noche, escuché a mis padres conversando acerca de mí y supe que en una semana me internarían en un psiquiátrico.

-¡Malditos tarados, si pudiera os arrancaría el corazón!-pensé para mis adentros. Al día siguiente a mi regreso a la escuela, tenía mi plan trazado. A la hora del recreo, me quedé en los servicios esperando a la chivata, puesto que siempre entraba antes de bajar al patio. Una vez hubo entrado, eché el pestillo y di una patada a la puerta donde ella estaba,

-¡Maldita perra, me las pagarás!-dije.

No tuvo tiempo de reaccionar ya que el cuchillo fue más rápido. Con una fuerza increíble atravesé su cuello mientras retorcía el arma. La sangre comenzó a salir a borbotones como un surtidor y cogiendo la lengua con mi mano se la corté de un tajo, introduciéndola en su boca. Como me sobraba tiempo, rajé su vientre y dejé que los intestinos se esparcieran como una cuerda. Con las manos ensangrentadas agarré los intestinos y se los enrollé alrededor del cuerpo.

Salí del baño chorreando sangre de mis empapadas ropas y, antes de lavarme, escribí con su sangre en la pared CHIVATA. Salí por la ventana del baño y, sin ser vista, emprendí la huída, refugiándome en el bosque un par de días.

A la noche del segundo día, regresé a casa y, me colé por la ventana del sótano que siempre dejaban abierta. Agarré una pesada hacha que mi padre utilizaba para cortar leña, y me dirigí con sigilo hacia el cuarto de mis padres. Ambos dormían y con un certero y fuerte hachazo ambas cabezas volaron por los aires. Tal era el odio que brotaba de mi interior, que la emprendí a hachazos hasta que aquello no fue más que un revuelto de vísceras, sangre, miembros amputados y huesos esparcidos por toda la habitación. Mis sonoras carcajadas resonaron por toda la casa y me dirigí al baño para darme una ducha. Metí en mi mochila un poco de ropa y dinero y un gran cuchillo de carnicero y un destornillador. En el sótano encontré una lata de gasolina que empleé para rociar la casa entera y ya en el porche de la casa, encendí una cerilla que dejé caer sobre el húmedo reguero. En minutos la casa ardía por los cuatro costados.

Tomé el camino de la carretera y noté unos ojos a mi espalda:

-¡Oye, sí tú el que está tras la pantalla del ordenador!

-¿Quieres ser mi amigo?

Relato cedido a Tejiendo el Mundo por Sherezade (Todos los derechos reservados por la autora)  www.sherezade-mimundointerior.blogspot.com

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2 febrero, 2009


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