Rebeliones campesinas: la Grande Jacquerie, o el día que ardieron las campiñas francesas

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Durante gran parte de la Historia los campesinos compusieron gran parte de la sociedad y fueron su más básico sustento y la fuente de recursos para sostener a los reinos e imperios que iban surgiendo. La principal excepción aquí, claro, son los esclavos, que no pueden ser considerados campesinos pero que trabajaban los campos de grandes regiones del mundo en diversos momentos.

Estos campesinos vivían generalmente de manera muy precaria y eran los primeros en sufrir las consecuencias de una hambruna, una guerra o un colapso político. Por esta razón, las sociedades campesinas solían expresar su descontento de manera violenta cuando consideraba que no se estaba protegiendo su integridad. En este y otros artículos por venir veremos diversas rebeliones campesinas a lo largo de la historia, algunas de las cuales triunfaron, otras de las cuales fracasaron y otras que, aunque en últimas terminaron mal, sembraron la semilla de la caída de poderosos reinos o imperios.

La Grande Jacquerie                          

Nuestro primer artículo hablará de la rebelión campesina europea por excelencia. La Grande Jacquerie fue una rebelión ocurrida en Francia en el marco de la Guerra de los Cien Años cuando los campesinos franceses simplemente se hartaron de ser peones en un conflicto que al final no les importaba.

La Guerra de los Cien Años

En estos tiempos estaba el sistema feudal europeo en crisis. En teoría, dentro del sistema feudal los campesinos producían para mantener al clero y a la nobleza quienes a su vez los cuidaban y defendían de los enemigos (los primeros en el campo espiritual, los segundos en el campo material). Sin embargo, los estados feudales gobernados por un Señor habían dado lugar a reinos más grandes y complejos financiados en parte importante por el comercio y con intereses políticos en territorios lejanos (hay que recordar que el típico feudo medieval podía ser recorrido en un par de días por su Señor).

Pero como si esto fuera suficiente Francia también estaba en guerra. Sus antiguos dominios en Inglaterra se habían independizado de la Madre Patria y se habían vuelto aún más poderosos que la propia corona francesa, y ahora el rey inglés clamaba que era el verdadero heredero al trono francés. El resultado había sido un conflicto de nunca acabar que había destrozado los campos franceses y dejado bandas de mercenarios asolando y robando a los campesinos de este territorio.

Y peor aún, durante la Batalla de Poitiers el rey francés Juan I había sido capturado por los ingleses. Desde el punto de vista de los campesinos, no sólo los nobles incumplían su deber feudal de protegerlos, sino que habían entregado al Rey a los enemigos.

Y en este contexto los gobernantes decidieron que iban a subir los impuestos.

Los Estados Mayores

Como el Rey había sido capturado los «Estados Mayores» se habían reunido, tanto con el objetivo de gobernar el país como con el objetivo de conseguir nuevos recursos para seguir luchando contra los ingleses.

Al mismo tiempo, Carlos II de Navarra clamaba que en ausencia del Rey le correspondía a él dirigir el reino, mientras que los Estados Mayores apoyaban a Carlos V, hijo de Juan y Delfín del reino.

En este escenario de guerra no sólo se impusieron nuevos impuestos para los campesinos, sino que se les obligó a trabajar sin paga en la reparación de los castillos y propiedades dañados durante el conflicto. Esto no hizo sino caldear los ánimos de un campesinado que consideraba que la nobleza era incompetente y que no estaba cumpliendo su deber. Y el contexto de una práctica guerra civil (entre el Delfín y Carlos de Navarra) brindó las circunstancias perfectas para una revuelta campesina.

El levantamiento

Por supuesto, las crónicas que relatan esta revuelta vienen principalmente de la nobleza y por lo tanto no podemos saber si los actos de crueldad allí escritos son exagerados para justificar la brutal represión que siguió.

A principios de mayo de 1358 un grupo de campesinos en la pequeña villa de St. Leu se reunió en el cementerio para hablar de la batalla de Poitiers, en donde consideraban que la nobleza había traicionado al rey y lo había abandonado. De la mano con el descontento por los impuestos esto llevó a que se encendieron fuego en las campiñas, donde hordas de campesinos comenzaran a atacar y destruir residencias aristocráticas y matar a quienes allí vivían.

Uno de los relatos de la nobleza, por ejemplo, cuenta que los campesinos mataron un Caballero, lo asaron delante de su esposa y sus hijos, y tras violar a la mujer repetidas veces la obligaron a comerse a su esposo. Posteriormente los mataron a todos.

En cualquier caso, los campesinos no estaban muy organizados y la mayor parte se dispersó atacando propiedades rurales. Un grupo considerable se unió bajo el liderazgo de Guillaume Caillet, quien comandó una fuerza quizás de unos 20 mil hombres (aunque otras fuentes indican que eran sólo cinco mil).

Simultáneamente los burgueses parisinos que dirigían los Estados Mayores habían sido traicionados por la nobleza, por lo que su líder Étienne Marcel envió refuerzos a Caillet con el objetivo de que ayudarán aliviar la presión sobre París.

Sin embargo, de manera simultánea el Delfín escapaba al control de los Estados Mayores y se unía a la nobleza, que además había llamado a Carlos de Navarra para que auxiliara con la supresión de la rebelión. Los nobles franceses podían luchar entre ellos, pero tenían claro que ante una rebelión campesina era prioritario unirse.

La supresión

Campesinos sin entrenamiento no eran rival para la caballería francesa armada hasta los dientes y con una vida entera dedicada al combate. Caillet, ingenuamente, decidió aceptar las propuestas de negociación de los nobles y fue capturado, torturado y decapitado cuando entró al campamento enemigo. De acuerdo con la nobleza, al ser de origen humilde no aplicaba para él la ley de caballería.

Al día siguiente el ejército campesino fue aplastado por la caballería en la Batalla de Mello, y siguió una dura campaña de terror en la que más de 20 mil campesinos perdieron la vida tras ser ejecutados, sin juicio, por supuestamente haber hecho parte de la rebelión.

Sin embargo, el fantasma de la Grande Jacquerie viviría, tanto en el temor de los nobles como en la esperanza de un campesinado que esperaba que su situación de vida mejorara.

Bibliografía:

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/Jacquerie#Suppression
  2. https://encyclopedia2.thefreedictionary.com/Jacquerie+rebellion

Imágenes: 1: villers-saint-paul.fr, 2 y 3: wikipedia.org

Rebeliones campesinas: la Grande Jacquerie, o el día que ardieron las campiñas francesas
21 enero, 2019

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