¿Qué tan cierta es la obsolescencia programada? El caso de la Luz Centenaria

Complots y conspiraciones, Hechos insólitos, Tecnología

Obsolescencia programada

Una de las críticas más recurrentes al sistema económico actual es su absoluta incapacidad para funcionar sin un consumo constante y creciente. Esto ha llevado a que mientras en el pasado algunos objetos podían usarse por décadas en la actualidad se busca que las personas reemplacen sus cosas en el menor tiempo posible.

En ocasiones, esto tiene sentido. Los computadores han aumentado su capacidad de manera exponencial en los últimos 20 años: cualquier persona que trabaje con programas medianamente modernos debe necesariamente tener un computador de menos de una década, de lo contrario sencillamente no funcionará.

Sin embargo, hay casos en los que resulta menos comprensible, como en la ropa. El hecho de que la “moda” cambie no significa que necesariamente haya que comprar nuevas prendas (y desechar las antiguas).

Pero donde resulta completamente absurdo es en objetos que nunca se modifican (o que lo hacen en periodos de tiempo muy largos). Quizás el ejemplo más conocido de esto son los bombillos.

La Luz Centenaria

Hasta hace una década, la inmensa mayoría de los bombillos usados eran los clásicos bombillos incandescentes (sólo recientemente se popularizaron los bombillos fluorescentes y LED). Pese a que el diseño es relativamente simple, dichos bombillos se dañaban cada pocos meses y había que reemplazarlos por uno nuevo. De acuerdo con los fabricantes, se debía a que sencillamente los bombillos no podían soportar el uso y el filamento que los encendía terminaba por romperse.

Pues bien, resulta que hay un bombillo particular en Estados Unidos que lleva más de 100 años encendido. Fue fabricado en algún momento de los 1890’s y tras pasar por varios hogares fue donado al departamento de Bomberos en 1901. Allí permaneció por más de 70 años.

En 1972 un periodista comenzó a indagar el tema y se dio cuenta de que nadie sabía de dónde había salido el bombillo. Pronto llamó al libro Guinness de los Records y a Ripley’s, quienes descubrieron su edad y lo convirtieron en una celebridad.

En 1976 el bombillo fue trasladado de lugar (toda la estación se mudó) y se colocó en un área de iluminación permanente; previamente había sido apagado ocasionalmente, pero en cualquier caso permanecía encendido la mayor parte del tiempo.

Y al día de hoy, sigue encendido y brillando, aunque con menos capacidad que en 1970.

¿Se fabrican para fallar?

El asunto ha generado bastante polémica, porque si un bombillo ordinario de 1890 puede durar 120 años, ¿por qué uno actual se funde luego de dos meses?

Suele argumentarse la fuente constante de energía, la ausencia de cortes de luz y el cuidado como argumentos para explicar este fenómeno. Sin embargo, el asunto no deja a nadie satisfecho y parece indicarnos que en efecto los bombillos han sido fabricados teniendo en mente una duración corta para obligarnos a cambiarlos al poco tiempo.

Cabe señalar que en la actualidad las nuevas lámparas LED ofrecen duraciones de hasta 30 años, por lo que puede que esta modalidad de negocio esté en decadencia. Sin embargo, es bueno tener estas cosas en mente a la hora de comprar cosas y preguntarnos si se nos está obligando a invertir en un objeto que se dañará pronto… y si no sería mejor buscar una alternativa. Los bombillos son sólo un ejemplo, pero esto es algo que se presenta en muchas ramas de la economía.

Y es algo que no solo nos afecta como consumidores, sino que afecta también al Medio Ambiente.  

Imágenes: 1: centennialbulb.org, 2: tecnologia7.net

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