¿Puede un gato convertirse en un espía? Psicosis y el Proyecto “Gatito Acústico”

Complots y conspiraciones, Hechos insólitos

Delirios

La pregunta no es retórica, o bueno, no del todo. De acuerdo con un reportaje del New York Times, hace algún tiempo un hombre llegó a creer que su gato se había convertido en un espía.

El hombre – cuyo nombre jamás se revela en el estudio por razones de privacidad – llevaba bastante tiempo consumiendo cantidades altas de alcohol y además había sufrido lesiones en su cabeza como consecuencia del Hockey. Tenía también desorden de bipolaridad y le habían sido recetados antipsicóticos que eventualmente dejó de tomar. A partir de entonces, comenzó a sufrir episodios de paranoia.

En algún momento estos sucesos lo llevaron a pasarle hojas escritas a su esposa en las que afirmaba que estaban bajo constante vigilancia y que su casa estaba siendo monitoreada de manera remota. En las calles, se escondía de personas arbitrarias suponiendo que eran agentes del FBI.

La paranoia llevó al hombre, eventualmente, a buscar ayuda médica, lo que permitió documentar su caso. Para cuando lo hizo estaba convencido de que su gato había sido reemplazado por un clon espía.

El hombre habría comenzado a ver comportamientos diferentes en el animal y a sospechar que el FBI lo había sustituido por una réplica exacta… solo que orientada a vigilar todos sus movimientos. Les tomó algún tiempo a los médicos convencerlo de que no era así y de que su gato seguía siendo el mismo de siempre. El hombre fue diagnosticado con el Síndrome de Capgras, del que hablaremos en una próxima ocasión.

Pero lo interesante aquí es que la CIA sí que proyectó un gato espía… años antes del delirio del hombre. Veamos:

El gato espía de la CIA

Todo comenzó en los 1960’s con la creación del proyecto “Gatito Acústico” (Acoustic Kitty) que buscaba aprovechar la natural habilidad de estos animales para escabullirse como una herramienta de espionaje.

El concepto era simple: se le pondría un micrófono al gato y se colocaría este en las cercanías de la embajada de la Unión Soviética (así como en cualquier lugar en el que se reunieran representantes del país). Este modelo de espionaje se pensó para el suelo norteamericano: los estadounidenses no eran tan ambiciosos como para llevar el gato al Kremlin.

Este era el concepto del “gato espía”

El asunto involucró una cirugía de alcance considerable. El gato fue equipado con baterías, con un equipo de grabación e incluso con una antena que estaría ubicada en la cola. En palabras del escritor Jeffrey Richelson, “ellos crearon una monstruosidad”. En total, unos 10 millones de dólares de entonces se gastaron en construir este primer “gatito acústico”.

Durante las primeras pruebas el animal piloto – una hembra gris con blanco – mostró completo desinterés en acercarse a los edificios y más bien prefería pasar su tiempo asechando palomas. El alimento, y no los soviéticos, era su blanco primario.

A estas alturas el equipo comenzó a pensar que el asunto quizás no iba a ir tan bien como esperaban, pero tras una inversión monumental y meses de esfuerzo creando un micrófono capaz de ocultarse en el cráneo de un gato las cosas no estaban para rendirse así como así. El equipo, con otra cuantiosa inversión del gobierno (casi 20 millones de dólares), realizó entonces una complicada operación en la que suprimieron el deseo de alimento del gato y consiguieron otros sujetos de experimentación.

Un nuevo y exhaustivo entrenamiento se realizó enseñando al animal a seguir una serie de señales que le indicaban en qué lugar se encontraba el blanco deseado. Así, cuenta la historia, con todo preparado el gato se lanzó contra un edificio mientras el equipo de control esperaba en una camioneta… y fue de inmediato atropellado con un taxi.

30 millones de dólares después, todo lo que la CIA tenía era el cadáver de un gato. Los descorazonados miembros del equipo (que a pesar de todo se habían encariñado con el animal) recogieron el cadáver y abandonaron el lugar. El proyecto, entonces, se canceló.

Vale la pena aclarar que, aunque el proyecto existió, muchos de os documentos relativos a éste se perdieron y/o no fueron desclasificados (algo sospechoso de por sí), por lo que el relato final de la muerte del minino es un tanto anecdótico y se basa en la memoria de algunos miembros de la operación.

Otros, sin embargo, han afirmado que el gato que murió era un gato de control (al que se le había realizado la cirugía, pero no tenía micrófono) y que el minino de los 30 millones de dólares vivió una vejez feliz y tranquila con el equipo. Incluso, algunos hablan de “problemas menores” y no recuerdan el accidente con el taxi.

Algunos creen que el proyecto nunca se abandonó del todo

En cualquier caso, esto sirve para mostrarnos que si la CIA puede poner un micrófono en un gato y usarlo para espiar, va a poner un micrófono en un gato y usarlo para espiar. El hecho de que algunos documentos no aparezcan ha creado la sensación, entre algunos, de que al menos una parte del proyecto fue fructífera y hoy tenemos por ahí animales espiándonos.

Así que, ¿quién sabe? Quizás el hombre no estaba tan loco. Quizás, en verdad, su gato había sido reemplazado por el FBI.

Fuente de imágenes: 1: mukeshbalani.wordpress.com, 2: damninteresting.com, 3: notquittingmydayjob.com

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