Poder y muerte en la antigua Persia: la leyenda del Viejo de la Montaña, parte 2

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El señor de Alamut

El surgimiento de la secta

Terminamos nuestro relato anterior con Hasan como amo y señor de la legendaria fortaleza de Alamut, aquella que podía cuidar un solo arquero, pues los soldados que la conquistaran tendrían que andar en fila india, uno detrás de otro. Sin embargo, desde Alamut (un territorio más bien estrecho) era prácticamente imposible lanzarse a la conquista de otras regiones, pues los ejércitos que tal empresa requeriría no podrían obtenerse en el pequeño valle. Así que Hasan, haciendo honor a su fama, comenzó a organizar su organización, aquella que más adelante se convertiría en leyenda: los hashisiyun (en ocasiones hashashin o assissin) o asesinos.

Todo comenzaría con la conversión, por parte de profetas enviados por Hasan, de personas en los alrededores de la fortaleza. Los jóvenes más creyentes (y también los más humildes) se convertían en miembros de la organización, y se les enseñaba el arte del sigilo y de la guerra, así como el dominio de las armas. Estos jóvenes, en algún momento de su aprendizaje, eran secuestrados por los subordinados de Hasan y llevados a lo alto de su fortaleza.

Los jóvenes en el paraíso

Aquí, puntualmente, comienza la leyenda. Hasan ya no tenía nombre para estos jóvenes, era sencillamente el gobernador: el Viejo de la Montaña. Bajo sus órdenes, hombres llevaban a los iniciados a un jardín donde se había replicado el paraíso musulmán: ríos de agua dulce, pozos de leche y miel, bellísimos adornos florales y árboles frutales de todo tipo adornaban el jardín en el que los anonadados jóvenes despertaban; así mismo, abundaba el hachís con el que se mantenía a los jóvenes en un estado de euforia permanente. Pero seguramente la mayor atracción del mismo serían las bellas mujeres que Hasan habría colocado allí, quienes se paseaban desnudas por el recinto, con sus cuerpos perfumados, y dedicaban sus días a complacer a los recién llegados.

Atónitos ante tales placeres, los jóvenes creían cada palabra cuando se les aseguraba que se encontraban en el paraíso a pesar de no haber muerto (aún). Las delicias que allí sentían no se comparaban con nada que hubieran siquiera imaginado en su espartana existencia, y no dudaban en ponerse a las órdenes de Hasan. Y aquí venía lo interesante.

Mientras esto ocurría en sus dominios, el Viejo de la Montaña habría comenzado labores políticas y diplomáticas en la región. Aquellos que se negaran a seguir sus indicaciones (que favorecían, como es lógico, a la secta nazarí), recibirían entonces una amenaza de muerte… la cual sería ejecutada por los jóvenes asesinos.

El Viejo de la Montaña se presentaría entonces ante ellos y les expondría la situación: tendrían que ir y, por su fe, asesinar a algún personaje prominente de la localidad. En la eventualidad de que murieran, el paraíso, cuyos placeres ya conocían, les esperaba; si sobrevivían, podrían retornar al jardín. Los jóvenes, entonces, no tenían nada que perder, e invariablemente cumplían con su cometido, fuera su víctima un imam, un califa o un gobernante regional. Ninguno de ellos regresaba con vida, y en caso de que los asesinos fallasen, se enviaba otro grupo, y otro tras ellos. Con ellos, los asesinos llevaban puñales en empuñadura de oro y un saco de hachís para el viaje. No requerían de más para cumplir su cometido.

Un poder sin límites

Con este sistema el Viejo de la Montaña se convirtió en amo y señor de las regiones circundantes. Hasta Cairo llegaba la leyenda y el alcance de los Asesinos, y por lo tanto el poder del Viejo de la Montaña. Se cuenta que incluso Saladino despertó un día con un puñal de oro junto a su cama, evento tras el que decidió hacer las paces con el gobernante… e impedir, para siempre, que nadie volviera a acercársele.

El Viejo de la Montaña se diluye en la Historia

El poder de Hasan se trasmitió a sus sucesores, los cuales elegía él mismo y no se basaban en la sucesión tradicional. Se cuenta que su severidad era tal que mandó ahorcar a dos de sus hijos por incumplir las leyes del Islam, y que su sucesor, Bozorg’omid, se caracterizaba por el mismo compromiso con la ley sagrada. Por esta razón el reinado del Viejo de la Montaña, esta vez en manos de otro hombre, duraría al menos otros dos siglos.

Se cuenta que el Viejo de la Montaña, en su lucha contra los “traidores” árabes, llegó a aliarse con los invasores cristianos (Templarios) de los cuales sería un gran apoyo. Sería aquí donde los templarios se encontrarían con la secta de los Asesinos, de la cual, según cuenta la leyenda, aprenderían muchas técnicas para obtener el poder que luego llevarían a su desaparición en Europa. De acuerdo con el relato, esta alianza se debería a una visión que llegó a Hasan en su juventud y que rezaba “Si vienen a nuestras tierras conquistadores occidentales, habrá que considerarlos como amigos o aliados: nuestros únicos enemigos son los árabes y turcos que pisotean nuestras antiguas tradiciones”.

Un último detalle interesante es que si bien la secta originalmente significada “bebedores de hachís” (hashashin), de su nombre se deriva la palabra “Asesino” en español (y en varios idiomas europeos). Fue tal la fama del Viejo de la montaña.

Nadie sabe realmente cuándo murió el poder, que más que terminar de un momento a otro se vio diluido poco a poco. Sin embargo, la leyenda continuó durante varios siglos más, seguramente hasta la invasión mongola del siglo XIV.

¿Conoces alguna historia semejante? ¿Habías escuchado la leyenda del Viejo de la Montaña?

 

 

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Bibliografía

El pensante (15 Junio, 2015). Poder y muerte en la antigua Persia: la leyenda del Viejo de la Montaña, parte 2. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/poder-y-muerte-en-la-antigua-persia-la-leyenda-del-viejo-de-la-montana-parte-2/