Pocho, o el curioso caso del cocodrilo que se hizo amigo de un pescador

Cocodrilos

Pocos grupos animales son tan peligrosos para los seres humanos como los cocodrilos.

Estos carnívoros acuáticos se caracterizan por ser depredadores generalistas, es decir, por alimentarse de todo aquello que encuentran en su camino. Están acostumbrados a comer todo tipo de animales, desde invertebrados hasta mamíferos, y no son particularmente selectivos a la hora de elegir una presa.

Como dato curioso, los cocodrilos son mucho más peligrosos que los tiburones, pues estos últimos suelen tener hábitos muy específicos de alimentación y, salvo excepciones (como el tiburón toro) no consideran a los seres humanos una presa. Por esta razón es posible nadar entre bancos de tiburones sin correr peligro… mientras que hacerlo en un río lleno de cocodrilos sería casi con certeza una sentencia de muerte (algunos buzos han aprendido a bucear en condiciones en que los cocodrilos no atacan, como cuando las temperaturas son más bajas, pero sigue siendo muy arriesgado).

Por esta razón, los cocodrilos son un animal rara vez presente en los mercados de mascotas (donde encontramos serpientes constrictoras de gran tamaño, por ejemplo) y son universalmente temidos por los seres humanos.

Pero a pesar de ello estos animales siguen siendo los más inteligentes de los reptiles y muestran una capacidad limitada de aprendizaje. Y si bien son indudablemente peligrosos, existe un caso que nos hace preguntarnos si la fama que los cocodrilos han ganado está justificada. Se trata del caso de Pocho, un cocodrilo que fue rescatado por un hombre y pasó el resto de su vida exhibiendo lo que no podemos sino definir como gratitud.

El cocodrilo malherido

Gilberto Shedden (conocido por sus amigos como Chito) era un naturalista, guía turístico y pescador costarricense que se encontraba viajando por las riveras del río Reventazón en 1989 cuando lo encontró.

Se trataba de un cocodrilo macho, al parecer ya adulto, que agonizaba en la orilla del río. El animal, perteneciente a la especie el cocodrilo americano, pesaba apenas 70 kilos y a duras penas podía levantar su cuerpo de la arena.

Gilberto era un amante de la fauna de este país y no puedo permanecer indiferente ante la situación. Con gran esfuerzo puso el cocodrilo en su canoa y lo llevó a su hogar, donde comenzaría un largo y esforzado proceso de recuperación.

A realizarlo con más cuidado, el naturalista encontró que el cocodrilo tenía una herida en su cabeza. Al parecer, había intentado alimentarse de ganado y recibido en consecuencia el disparo de un campesino de la región. Esto complicó las cosas, y llevó a que el proceso de recuperación tardará más de seis meses.

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Curación, liberación y retorno

Gilberto alimentaba diariamente el cocodrilo con trozos de pollo y pescado, y le daba medicinas para prevenir una infección en la herida. Le permitió dormir dentro de su casa y le daba regularmente abrazos y caricias con la esperanza de que ayudase al proceso de rehabilitación.

Seis meses después, con el cocodrilo ya en estado saludable, decidió liberarlo. Gilberto llevó a “Pocho” (como lo había bautizado) al río y lo dejó allí para que nadase en libertad. Pero cuál no sería su sorpresa cuando la mañana siguiente lo encontró dormido enfrente de su casa. Pocho se negaba a abandonar a su salvador.

Amistad

Gilberto pronto se dio cuenta de que el animal entendía lo que le decían (al menos los comandos más básicos) y pronto aprendió a reconocer su nombre y venir cada vez que lo llamaban. Poco a poco fue ganando confianza alrededor del cocodrilo, que recibía alimentos sin jamás lastimar la mano de su benefactor y al parecer gustaba de los abrazos y caricias de éste.

Con el paso del tiempo Gilberto comenzó a nadar en la laguna junto a Pocho sin que el cocodrilo jamás hiciera ninguna acción orientada a dañarlo. Poco a poco le fue enseñando nuevos trucos y eventualmente realizaría una presentación semanal que atraería a cientos de visitantes y en la que mostraría el único cocodrilo entrenado del mundo.

Pocho vivió con Gilberto, su segunda esposa y sus hijos durante el resto de su vida natural. La primera esposa de hecho le había pedido el divorcio por pasar demasiado tiempo con su cocodrilo. Pero Gilberto afirmaría más adelante: “podía encontrar otra esposa. Pocho era uno en un millón”.

El caso despertó el interés de biólogos de todo el mundo, pues el comportamiento de Pocho era claramente diferente al de un cocodrilo ordinario. La principal hipótesis se le apuntaba a que la bala había causado un daño en el cerebro del animal, quizás anulando instintos relativos a cacería y permitiéndole generar la bella amistad que conmovería el corazón de millones de personas.

Pocho murió el 12 de octubre del año 2011 de causas naturales, a una edad calculada de 50 años. En la actualidad Gilberto se encuentra intentando domar otro cocodrilo, pero es incierto si logrará tener éxito teniendo en cuenta que las circunstancias son muy diferentes a la de su primer encuentro.

Bibliografía:

  1. https://www.animalsaustralia.org/features/amazing-croc-story.php
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Pocho_(crocodile)

Imágenes: 1: cabroworld.com, 2 y 3: upsocl.com

Pocho, o el curioso caso del cocodrilo que se hizo amigo de un pescador
23 septiembre, 2018