Nuevo hallazgo arqueológico revela que la guerra ha sido una constante en nuestra historia

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El buen salvaje

Una de las ideas que más ha sobrevivido en el imaginario político del tiempo reciente es la noción del “buen salvaje”. Esencialmente, esta noción propone que la guerra, el conflicto y la desigualdad son producto de procesos de acumulación de riqueza y diferenciación social sólo posibles en escenarios “civilizados”, esto es, en sociedades que han alcanzado un cierto nivel de estratificación y productividad económica.

Esto significa que las sociedades más “naturales”, de cazadores recolectores, no habrían presentado estos fenómenos o al menos no a la escala que lo hacemos nosotros. Bajo esta premisa, famosa ante todo por la obra de Rousseau, la violencia sería ante todo un producto de la civilización.

El problema es que esta hipótesis no se sostiene ante la evidencia de que disponemos. Si bien tenemos evidencias de que algo dramático ocurrió en el momento en que empezamos a volvernos una especie más sedentaria (como lo mencionamos en el artículo Estudios genéticos revelan que algo extraño sucedió con los hombres hace 7.000 años), también tenemos abundante evidencia de violencia antes de este periodo. Y lo que hemos encontrado es que esta violencia muchas veces era tan gratuita y horrenda como la que presenciamos en nuestro presente.

La fosa común de Polonia       

Hace algunos años se descubrió una especie de “cementerio colectivo” (lo que hoy llamaríamos una fosa común) en Polonia.

Y no, en esta ocasión no se trataba de un remanente del Holocausto. La fosa en cuestión databa de unos 5000 años en el pasado, esto es, de principios del tercer milenio antes de Cristo. En este periodo habitaba en lo que hoy es Polonia una cultura conocida como la “Cultura de las ánforas globulares”, la cual estaba conformada por grupos de cazadores recolectores que aún no habían adoptado la agricultura de manera masiva.

La fosa común llamó la atención de los investigadores por lo peculiar de su conformación. Compuesta por un total de quince individuos: ocho hombres y siete mujeres, la fosa era claramente el último lugar de descanso de un grupo de madres con sus hijos. Un análisis de ADN reveló además que las familias habían sido enterradas juntas: madres con hijos y abuelas con nietos. El único hombre que no era hijo de una de las víctimas fue un adolescente enterrado junto a su presunta novia o esposa.

Esta peculiar conformación hizo que los investigadores se preguntaran qué había sucedido exactamente. La que hasta el momento se considera la respuesta más probable nos narra un relato de crueldad y tragedia familiar tan terrible como cualquier masacre moderna.

La masacre de Polonia

El hecho de que las familias hayan sido cuidadosamente enterradas unas junto a otras nos indica que quienes las enterraron las conocían con detalle.

Así mismo, los restos indican que todas las víctimas fueron asesinadas de un golpe certero en la cabeza, sin que haya rastros de lucha o heridas en otras partes del cuerpo. Esto nos indica que más que en batalla, a las víctimas fueron capturadas y ejecutadas de manera sistemática.

Con esta información comienza a parecer un relato bastante gris: todo indica que los hombres adultos de la tribu no se encontraban en este momento en el asentamiento, sino que posiblemente habían viajado a cazar o comercial con una tribu vecina. En este momento el asentamiento fue atacado por un grupo enemigo que capturó y ejecutó a las mujeres y los jóvenes y niños que habían quedado en el lugar. Contrario a lo que uno pensaría el conflicto en este periodo, las víctimas no fueron tomadas como rehenes o como esclavas, sino simplemente ejecutadas. Todo indica que la tribu enemiga buscaba aniquilarlos, seguramente para apoderarse de sus terrenos.

Cuando los hombres volvieron de cualquiera que fuese la tarea que estaban ejecutando se encontraron con su familia muerta. Tras llorar y lamentar esta muerte, enterraron a sus familiares cuidadosamente, asegurándose de dejar las Madres junto a los hijos y a las parejas juntas en el más allá. Lo que hicieron después no podemos saberlo, pero podemos imaginarlo si la actualidad nos sirve de guía.

Mujeres

Pero hay algo más que añadir a la crueldad de este evento.

¿Recuerdan el artículo Las Madres Pérdidas de Esparta? En este artículo mencionamos que la causa más probable de la desaparición de Esparta como potencia en Antigua Grecia fue la muerte de miles de mujeres en un terremoto. Ante la ausencia de madres y esposas, los espartanos simplemente no pudieron mantener sus números y eventualmente cayeron en desventaja frente a sus enemigos.

Este incidente nos indica que este era un proceso transparente para los antiguos habitantes de las estepas euroasiáticas. Al parecer sabían que matando las mujeres de una tribu la condenaban a la desaparición, y de esta manera buscaban ganar el conflicto evitando pérdidas en su propio bando. Una salida cobarde, pero indudablemente eficaz.

Y por cierto, un incidente que seguramente llevó a la retaliación de la tribu enemiga, cuyos hombres posiblemente hicieron hasta lo imposible para obtener venganza sobre la muerte de sus seres queridos. Pero de esto ya nos queda registro alguno.

Bibliografía:

  1. https://www.quora.com/What-are-the-saddest-things-that-have-ever-been-discovered-by-archaeologists/answer/Ygor-Coelho
  2. https://www.pnas.org/content/early/2019/05/10/1820210116

Imágenes: 1: ancient-origins.net, 2 y 3: pnas.org

Nuevo hallazgo arqueológico revela que la guerra ha sido una constante en nuestra historia
31 mayo, 2019
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