Nanoingeniería de materiales en la antigüedad: la Copa de Licurgo

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Tecnologías perdidas

Suele hablarse mucho de antiguas tecnologías desarrolladas por sociedades olvidadas y a las que hoy no tenemos acceso. Algunas de ellas, basadas en medicina tradicional o sistemas de cultivo con plantas que ya no existen, se perdieron porque, bueno, los componentes básicos de su funcionamiento ya no existen. Pero aparte de ello hay pocos ejemplos realistas.

Por ejemplo: es cierto que no sabemos la receta del legendario Fuego Griego, del que hablamos en el artículo Misterios del Pasado: el Poderoso Fuego Griego. Esta mezcla, usada por el Imperio Bizantino, permitía incendiar naves enemigas y ardía aún sobre el agua.

Sin embargo, nuestros conocimientos actuales de química nos permiten saber con cierta certeza los posibles componentes de esta arma y, si lo deseáramos, la construcción de una parecida, y aún más eficaz. Perdimos la receta exacta, pero nuestra ciencia es capaz de entender el proceso y replicarlo en diversas versiones.

Lo mismo sucede con el concreto romano. La receta, que se perdió por casi un milenio (en el que Europa no usó concreto, pues no sabía cómo), fue reinventada en el Renacimiento. No tenemos la mezcla exacta usada por los romanos, pero no cabe duda de que nuestro concreto es mucho mejor que el de ellos, aun cuando la lógica sea la misma.

Pero hay un objeto, al menos, que en verdad resulta inexplicable… o casi. Se trata de una copa capaz de cambiar de color dependiendo de la procedencia de la luz. El material con el que se le construyó se conoce como “vidrio dicroico”, y no fue hasta finales del siglo XX que entendimos cómo funcionaba. Peor aún, en la actualidad podríamos fabricarlo, pero jamás con los      mecanismos romanos. No sabemos cómo lo hacían ellos.

Y esto se debe a que la tecnología para hacer esta copa requiere del uso de nanotecnología de materiales.

La Copa de Licurgo

En el siglo IV, los romanos construyeron un artefacto muy interesante. Se trata de una copa con un cristal cuya iluminación es diferente dependiendo de si la luz proviene desde detrás o desde delante.

En el primer caso, será de un color rojo sangre. En el segundo, un verde opaco.

Para los romanos, esto debió resultar casi mágico. He aquí un objeto que manipula la luz, la misma luz, con solo girarse 180°. Los artesanos que la fabricaron seguramente lo hicieron por accidente, y si bien eran capaces de replicar el proceso, no podían entender qué lo causaba. Aún a nosotros nos resultó difícil.

Sin embargo, hoy sabemos que el efecto se debe a la presencia de nanopartículas de oro y plata que se ubican en suspensión coloidal dentro del vidrio líquido y luego terminan en el cristal solidificado.

Ahora, no es tan simple como mezclar oro y plata con el vidrio. Las partículas deben molerse hasta que tengan un tamaño de unos 50 nanómetros, algo que nosotros podemos medir bien, pero que hubiese sido bastante difícil con un mazo de la antigüedad. Por esta razón, algunos científicos proponen que este tipo de invenciones podrían haber sido más bien obra del azar: de un artesano que dejó caer el vidrio fundido sobre los remanentes de monedas molidas y descubrió por azar el resultado. Quizás por ello no era un material muy común que digamos.

Ah, y también vale la pena mencionar que investigaciones realizadas sobre el tema revelaron que esta tecnología podría tener importantes aplicaciones en el área de la química, pues son extremadamente sensibles a la composición de los líquidos y pueden usarse para determinar, por ejemplo, la salinidad de una mezcla.

Punto para los romanos. 15 siglos después y aún nos siguen enseñando cosas.

Bibliografía:

  1. https://www.smithsonianmag.com/history/this-1600-year-old-goblet-shows-that-the-romans-were-nanotechnology-pioneers-787224/
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Lycurgus_Cup

Imágenes: amusingplanet.com, 2: youtube.com

Nanoingeniería de materiales en la antigüedad: la Copa de Licurgo
17 febrero, 2019
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