Morir por la moda: el Miriñaque o Crinolina

Una prenda de grandes proporciones 

El miriñaque o crinolina fue una prenda muy importante a la hora vestir para las mujeres. Era básicamente un armazón  a base de aros que mantenía huecas las faldas de las damas: apareció en 1830 y fue la Emperatriz Eugenia de Montijo quien la puso de moda. El gran armatoste fue un alivio para las mujeres de la época, quienes estaban  cansadas de cargar las pesadas telas de las enaguas.

La estructura empezó siendo una construcción ligera, compuesta por una tela rígida, con una trama de crin y una urdimbre de algodón o lino. La tela se fue armando poco a poco introduciendo en ella aros de acero o madera. A mayor proporción en la crinolina mas ostentosas eran las faldas, en especial la  de las nobles.

No obstante, esta moda llegó a ser un gran martirio para las mujeres, pues a veces eran tan grandes que impedían que se realizaran ciertos movimientos o acciones tan sencillas como sentarse o entrar por una puerta.

Colocar la crinolina, también era otra actividad que requería grandes esfuerzos y se necesitaba la ayuda de varias personas para lograr aquel objetivo: primero se ponía la estructura a  través de la cabeza y se fijaba a la cintura de la persona. Por las dimensiones del miriñaque, la modista muchas veces debía ser amarrada con arnés para evitar caerse sobre la tela del vestido.

Para 1860, la prenda evolucionó y se transformó en lo que ahora se conoce como polisson, estructura o armazón de origen francés más común a finales del XIX y principios del XX.

La muerte a sus pies, hasta rodear la cintura

Después de esta introducción sobre esta prenda de vestir que aparentemente aparte de ser aparatosa era también muy peligrosa. Solo en Inglaterra, entre 1850 y 1860, más de tres mil mujeres murieron quemadas por culpa de este accesorio, que corría el riesgo de prender con facilidad si se pasaba cerca de un brasero o una chimenea, y también en aquel mismo país se prohibió que las mujeres abordaran al transporte público usando crinolinas.

También se pueden encontrar cientos de artículos en The New York Post donde se narran las muertes de varias mujeres a causa de las crinolinas:

De Court Journal (Londres) del 20 de febrero de ese año (1858), apenas un mes antes, «en la que encontramos catalogadas no menos de diecinueve muertes por esta causa (abrasadas por el fuego de las chimeneas), ocurridas en Inglaterra, entre el 1 de enero y mediados de febrero.

Hubo otros obituarios en la prensa que relataban la pérdida de hermanas o esposas de personas importantes en el ámbito artístico: la reseña contaba como el poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow tuvo que precipitarse para ayudar a su esposa cuando su vestido se incendió. La mujer falleció al día siguiente, y la historia fue publicada en julio de 1861 en el periódico Boston Daily Advertise.

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El célebre escritor Oscar Wilde también tuvo que despedir a dos hermanas (por parte de padre)  por culpa del miriñaque: Emily y Mary fueron invitadas a un baile, la falda de una de ellas se incendió mientras bailaba un vals, la falda de la otra hermana también se prendió en llamas cuando intentó ayudar a su pariente. Este triste hecho marcó la vida del escritor, quien ya había perdido a una pariente así.

Contrabando, aplastamientos y más muerte

Las mujeres también usaron estás grandes jaulas metalizadas con otros propósitos: transporte ilegal de municiones para la guerra. Ejemplo de ello, es lo sucedido en la Guerra de Secesión: fueron varias las mujeres sureñas, que burlando las prohibiciones de Lincoln, lograron transportar; “un rollo de tela militar, varios pares de botas de caballería, un rollo de franela de color escarlata, paquetes que contenían trenza dorada y seda para coser, latas de carne en conserva y una bolsa de café” (entre otras cosas).

Este ítem de la moda se cobraba la vida de las mujeres no solo siendo abrasadas por el fuego sino también siendo aplastadas  por carruajes o maquinarias pesadas porque sus vestidos se enredaban en aquellos artilugios. The Guardian el 16 de octubre de 1861, publicó: “Además de las muertes por incendio, ha habido muchas por aplastamiento bajo las ruedas de los carruajes y maquinarias en espacios reducidos, donde una mujer razonablemente vestida no correría peligro. Se han dado casos de destripamiento producido por las heridas infligidas por la rotura de muelles y aros de acero.”

Las burlas y cristianismo enterraron las crinolinas

Adicional a la cantidad de muertes y accidentes que dejaba a su paso las mujeres de aquella época también recibían burlas y escarmiento público: la crinolina de una dama importante, Consuelo Montagu, duquesa de Manchester, dio media vuelta con ella y así toda la sociedad se dio cuenta que la fina duquesa usaba bragas rojas. A partir de ese acontecimiento y de otros semejantes, se empezó a usar entre las mujeres una prenda llamada pololos, eran elegantes y discretas, y más que todo cubrían las prendas interiores.

A todo el caso, ¿por qué triunfo la “jaula de metal”? Pues bueno, porque por primera vez las mujeres, sin importar su estatus podían tener acceso a ella. Sin embargo, a medida que este artilugio alcanzaba las clases populares se propagó una creencia que se convirtió casi en dogma que usar crinolina era renegar de Dios. Ya se podrán imaginar lo que sucedió con la popularidad de la prenda después de ello.

Bibliografía:

  1. http://tectonicablog.com/?p=45585
  2. https://www.yorokobu.es/muerte-y-contrabando-las-consecuencias-la-crinolina-victoriana/

Imágenes: 1 y 3: tectonicablog.com, 2: kickshawproductions.com

Morir por la moda: el Miriñaque o Crinolina
21 noviembre, 2018