Monsieur Leborgne: el misterio del hombre que sólo podía decir “tan”

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En esta imagen se aprecia el daño en el cerebro de Louis Victor Leborgne

Un caso más de extraños problemas cerebrales

Ya hemos visto aquí varios casos, como el de Phineas Gage, el de Henry Molaison o el más reciente de D. E., el hombre que no puede hacer un sudoku sin sufrir convulsiones. Hoy veremos un caso muy semejante, solo que con una historia mucho más enterrada en el misterio: se trata de un hombre sólo conocido como “Monsieur Leborgne” que sufrió un accidente particularmente extraño.

Este hombre habría sufrido de ataques de epilepsia desde su infancia, que parecen haber ido en aumento a medida que envejecía y uno de los cuales, particularmente fuerte, le hizo perder el habla cuando tenía unos 30 años. Cuando fue ingresado al Hospital de Bicêtre no podía pronunciar más que la sílaba “Tan”: claro, usaba sus manos y realizaba distintas inflexiones en el tono pero nada más que la sílaba salía de sus labios.

Louis Victor Leborgne                

Por más de un siglo el nombre completo de este paciente fue completamente desconocido para la ciencia. Presentado únicamente como “Monsieur Leborgne”, el hombre pasó a la Historia como uno de los pacientes más famosos de todos los tiempos e incluso donó su cerebro (quizás involuntariamente) para el futuro estudio del funcionamiento del órgano: sería precisamente su caso el que probara que el cerebro no es homogéneo, sino que tiene regiones diferenciadas.

Fue Cezary W. Domanski, un psicólogo e historiador de la ciencia en la Universidad Marie Curie – Sklodowska de Polonia, quien decidió seguirle el rastro al enigmático Monsieur Leborgne. El proceso no fue tan difícil como cabría pensarse: el hombre solo tuvo que revisar los registros en línea de los documentos históricos de la medicina francesa para dar, eventualmente, con un hombre llamado Louis Victor Leborgne cuyos datos coincidían con el del paciente. El hombre habría nacido en Moret el 21 de julio de 1809 en una familia relativamente pudiente: su padre era profesor de escuela. Así mismo, demostró que la familia era literata y que al contrario de lo que se creía anteriormente, Monsieur Leborgne sabía leer y escribir.

La dolencia de Leborgne

Louis Victor tuvo una vida relativamente normal hasta los 30 años. Pese a sus ataques de epilepsia, había sido capaz de sobrevivir e incluso de hacerse una carrera como curtidor de zapatos hasta ese momento en el que un ataque lo dejó sin capacidad de habla. Sin embargo, nada más parecía haber cambiado.

Su fortaleza física, sus habilidades motoras e incluso su comprensión parecían ser las mismas de antes. De acuerdo con los médicos, el hombre comprendía (o al menos, aparentaba comprender) todo aquello que se le decía y hacía su mejor esfuerzo por responder a las preguntas diciendo tan o, en ocasiones, tan tan.

Sin embargo, poco a poco se fue debilitando. Unos 10 años después del accidente Monsieur Leborgne comenzó a mostrar más y más signos de enfermedad. Su brazo derecho se debilitó, y pronto siguió a ello su pierna derecha: luego vino su visión y tras ellas sus facultades cognitivas. La depresión, quizás, o levo a permanecer en cama por los 11 años siguientes hasta que una gangrena obligó a llevarlo a la sala de cirugía. Era el 11 de abril de 1861.

Fue entonces cuando Monsieur Leborgne conoció al hombre que lo haría pasar a la Historia: el doctor Pierre Paul Broca. Obsesionado con el tema de Leborgne, el médico comenzó a analizar el alcance de sus problemas además, claro, de tratar su gangrena. Intentos de comunicarse con él (por el medio escrito, por ejemplo) fracasaron porque, tristemente, el hombre era diestro y su mano derecha estaba completamente paralizada.

Pierre Paul Broca

Sin embargo, los gestos con su mano izquierda permitieron lograr algunas conclusiones. Leborgne estaba bien consciente, por ejemplo, de los números y del tiempo que llevaba en el Hospital, así mismo, podía decir con claridad la hora que aparecía en un reloj análogo. Sin embargo, su capacidad del habla estaba completamente dañada.

El paciente no sobreviviría mucho luego de la gangrena. 6 días después, el 17 de abril de 1861, Louis Victor Leborgne pasaba al otro mundo.

Las conclusiones de Broca

Tras su muerte, Broca realizó un análisis concienzudo del cerebro del paciente con la esperanza de analizar las causas de sus falencias en el campo del lenguaje. Tal y como lo esperaba se encontró con una parte específica del cerebro que mostraba graves anomalías en el tejido perteneciente al área frontal y, puntualmente, la convolución posterior inferior frontal.

El hallazgo de Broca le sirvió para demostrar que, tal y como él sospechaba, el cerebro no era un órgano homogéneo, sino que estaba constituido de partes específicas que cumplían labores específicas en el raciocinio humano. Gracias a Monsieur Leborgne se revolucionó completamente el conocimiento neurológico de la época y avanzamos muchísimo en la comprensión del funcionamiento del cerebro.

Sin embargo, no cabe duda de que este hombre habría preferido no hacer parte de la historia de la neurociencia. Estar condenado a no decir más que “tan” por dos décadas debe ser increíblemente frustrante y pudo incluso ser, en últimas, la causa de la muerte del llamado “Señor Tan”.

Fuente de imágenes: 1: 4.bp.blogspot.com, 2: blogs.scientificamerican.com

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Bibliografía

El pensante (30 octubre, 2015). Monsieur Leborgne: el misterio del hombre que sólo podía decir “tan”. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/monsieur-leborgne-el-misterio-del-hombre-que-solo-podia-decir-tan/