Misterios de la Biología: extinciones masivas en la Historia, parte 4

Apocalipsis

 

La olvidada extinción del Triásico

Un mundo nuevo

La edición pasada terminamos con la extinción del Pérmico – Triásico, que acabó con más del 90% de la vida en la tierra y la convirtió en un desierto, despojado de vida, por varios millones de años (quizás hasta 5). La extinción ocurrió en un lapso de tiempo geológicamente muy corto (quizás, menos de 500 mil años) hace aproximadamente 251 millones de años en el umbral entre el periodo Pérmico y el Triásico. Para quienes no conocen los periodos geológicos, este es el umbral entre la “vida antigua” (Paleozoico) y la “vida media” (Mesozoico): a un mundo relativamente simple lo reemplazaría uno mucho más complejo y animales rápidos, fuertes y con sentidos desarrollados se apoderarían de los ecosistemas marinos y, más adelante, de los terrestres. Esta sería la era de los reptiles, con los dinosaurios a la cabeza.

Pero a comienzos del Triásico la era de los dinosaurios aún no había llegado. Los primeros exponentes de estos animales (que luego alcanzarían tamaños gigantescos) competían por la tierra con algunos remanentes del periodo anterior llamados terápsidos, más parecidos a los reptiles anteiores. Sería una nueva extinción la que terminaría con la competencia de los dinosaurios y les permitiría apoderarse de toda la tierra. Esta nueva extinción, conocida como extinción del Triásico – Jurásico, no tendría las dramáticas consecuencias de su predecesora, antes bien, le abriría el camino a este nuevo grupo de animales para que dominasen el mundo.

Aparece un mundo verdaderamente nuevo

Sin embargo, la extinción no fue poca cosa. En conjunto, acabó con alrededor de un 76% de la vida terrestre y eliminó muchos de los supervivientes de la extinción Pérmico – Triásica. Tras este episodio, el mundo sería, verdaderamente, un mundo nuevo. Solo unos pocos grupos (como los corales, los tiburones, las medusas y algunos géneros de insectos) serían elegidos para perseverar.

La extinción del Triásico podría tener dos causas fundamentales: la existencia de un aumento del efecto invernadero y el posible impacto de un asteroide de grandes dimensiones. Veámoslos uno por uno:

A comienzos del triásico el mundo estaba ocupado por un solo continente gigante denominado Pangea. Este continente comenzó a fragmentarse, generando intersticios que permitieron el surgimiento de nuevos volcanes a lo largo y ancho de la superficie terrestre. En este caso no se trata de una súper explosión (como en el caso de la extinción Pérmica), sino en un aumento gradual de los gases en la atmósfera generando, de nuevo, un fenómeno de calentamiento global.

Este fenómeno, aunque podría causar una extinción en masa en toda regla, no explica la súbita desaparición de la mayoría de especies, por lo que se ha complementado con una explosión producto de un asteroide o un meteorito. En este caso, la extinción se habría debido a una gradual debilidad de muchas especies complementada por un impacto catastrófico: estos eventos se repetirían (al menos parcialmente) en la extinción del Cretácico – Paleoceno, que acabaría con los dinosaurios.

Causas de la extinción

Existen dos fenómenos climáticos terrestres que se intercalan a lo largo de grandes periodos: la Tierra de efecto invernadero y la Tierra de efecto del hielo. En este momento nos encontramos en el segundo: el hielo presente en los polos crece y decrece cada año y, por su color y sus características, hace que gran parte de la luz que llega a ese lugar rebote hacia el espacio, por lo que favorece que se mantengan bajas temperaturas. Así mismo, cuando las capas de hielo se derriten y se acumulan gases en la atmósfera se liberan reservas oceánicas de metano lo cual lleva a que el proceso aumente de velocidad. Aún no se sabe del todo qué lleva a una transición de efecto invernadero a efecto hielo (o viceversa), pero en la actualidad estamos siendo testigos de un fenómeno semejante (hacia una tierra de efecto invernadero).

Esto fue, precisamente, lo que sucedió en la extinción del Triásico – Jurásico: la tierra se calentó debilitando algunas especies y algunos ecosistemas, que luego fueron presa fácil de un asteroide. Pero muchas especies sobrevivieron y tras algunos miles de años la tierra ya había sido repoblada. Más importante, esta extinción le abrió la puerta a especies más desarrolladas (los dinosaurios y los mamíferos modernos) para que ocuparan los nichos que antes pertenecían a animales menos eficientes. Los mares también se vieron poblados de nuevas especies más veloces y resistentes.

La extinción del Triásico – Jurásico fue muy moderada en comparación con las extinciones previas: no se sabe con seguridad por qué. La última gran extinción, a finales del cretácico, también resulta relativamente moderada, y desde entonces no se presenta ninguna. Quizás la evolución de los animales y las condiciones de la tierra favorecen fenómenos más moderados. Pero quizás se deba a una mera coincidencia.

En todo caso, la extinción del Triásico – Jurásico resulta bastante interesante porque una de sus causas (el calentamiento global) crearía un mundo cálido, de efecto invernadero. La vida se adaptaría a este nuevo mundo y de hecho se cree que fue el que permitió el gigantesco tamaño de los nuevos amos de la tierra. A lo largo de prácticamente todo el Mesozoico el mundo sería muchísimo más cálido que hoy, pero esto no sería impedimento para el triunfo de los reptiles sobre la tierra. Y con su caída, nos llegaría el turno a los mamíferos.

Pero esta extinción la narraremos en un siguiente episodio.

 

 

Fuente de imágenes: 1: neofronteras.com, 2: lareserva.com, 3: cde.peru.com.

Misterios de la Biología: extinciones masivas en la Historia, parte 4

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Bibliografía

El pensante (18 junio, 2015). Misterios de la Biología: extinciones masivas en la Historia, parte 4. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/misterios-de-la-biologia-extinciones-masivas-en-la-historia-parte-4/