Megido: la primera Gran Batalla de la Historia

Historia

El Inicio de la revuelta

Contra el Imperio egipcio intentaban erguirse los sirios aprovechando la muerte de la faraona, lo que no esperaban era que su hijastro, un joven con menos de 20 años de edad tomara el mando del Imperio con bravura como lo había hecho su familia desde siempre. Transcurría el año de 1452 antes de Cristo y el poder egipcio intentaba opacarse por las constantes secas que se percibían a las orillas del rio Nilo, por ello era necesario tener el seguro de otros pueblos que aportaran alimentos y riquezas. Uno de ellos era el pueblo sirio que tenía la obligación de ser proveedor de Egipto, aunque la miseria del pueblo los estaba obligando a revelarse.

 El rey de Kadesh fue el primero en levantarse contra el joven faraón. Lo primero que hizo fue mandar las cabezas de los funcionarios egipcios que vivían en su pueblo, luego de eso organizó un ejército de magnitudes extraordinarias, era su propósito asaltar Tharu, con lo que sería fácil entrar a la ciudad para matar a todos y erguirse sobre el poder faraónico. Sus aliados se componían desde fieros soldados prestados por el Imperio de Mitani, al norte de Siria y muchos pertenecientes a las hordas hebreas que vivían en esa época en las tierras de Kadesh.

La tentativa del ataque nacía no solo de las dificultades que vivían los hombres del creciente fértil, ellos veían la oportunidad de acabar con esos hombres regidos por un poder totalizante y religioso donde el faraón representaba un dios sobre la tierra. Por ello quería desmentir y mostrar al pueblo que debajo de esa piel y tintes que se aplicaba el joven Tutmosis III, no había más sino carne que podía penetrarse con cualquier arma oriental.

La organización del ejército egipcio

Desde las tierras donde habitaban los tenebrosos negros de Nubia, hasta las occidentales tierras de Libia, se mandó a reclutar todo hombre en excelentes condiciones para agarrar una lanza y recorrer más de 100 kilómetros para destruir al tirano que se había atrevido a enfrentar al hijo de Amón-Ra. Se reclutaba arguyendo la protección de los egipcios, por lo que campesinos y citadinos obviaban la necesidad de sucumbir el mal intento de sus anteriores subyugados.

En la mencionada ciudad de Tharu donde se quería dar el primer golpe, el faraón recién posesionado mandó que todos estos reclutas llegaran aquí para entrenarse y recibir las armas necesarias para la travesía que iban a lograr en menos de unos cuantos meses. Se hizo obligatorio que todas las riquezas del Imperio, llegaran a Tharu para alimentar más de 15.000 bocas listas para luchar.

Así Tutmosis III mandó deslizar su ejército antes que los otros mandaran el de ellos. Atravesaron el Sinai y el desierto de Gaza, en una marcha donde la mayoría de los soldados iban descalzos y con una prenda que les tapaba de la cintura hasta la rodilla, las demás partes del cuerpo iban desnudos. La alimentación se reducía a un pan sin levadura y agua. Casi no comían más que esto y no paraban ante el despiadado sol que los quemaba desde el cenit hasta el horizonte.

La magia de este momento se vio en un nuevo fervor que recibían los hombres por parte del faraón que llevaba la marcha hacia la ciudad de Megido, donde se resguardaba el malévolo rey de los sirios. Tuvieron que pasar alrededor de un peligroso corredor para llegar más rápido a la ciudad siria, era el corredor de Aruna, una elección apurada por parte de Tutmosis para demostrar que no le temía a nadie y que deseaba llegar apresuradamente para destruir el ejército.

La gran batalla

El propio escribano del faraón relató en jeroglíficos la carnicería que se hizo a las puertas de Megido. Las fuerzas sumaban más de 30 mil hombres enfrentados en brutal batalla, donde los carros egipcios lanzaban correrías contra la infantería siria, mientras que la caballería de Kadesh maltrataba los francos de la caballería liviana que comandaba el favorito del faraón.

La infantería ligera que más bien eran los reclutas, fueron los primeros en luchar contra grandes soldados que destruían con sus alfanjes las débiles lanzas y cuchillos sin filo que les dieron para que se resguardaran de la muerte. La batalla no terminó fácilmente, era la primera muestra del valor de dos grandes estados que no se querían dejar derrotar ni sumir. La masa de muertos era proporcional a la carnicería deseada por parte de los líderes que soñaban ganar esta lucha.

Por ser la primera vez que utilizaban en batalla el arco compuesto, los egipcios tuvieron el favor de los dioses y empezaron a ganar. Lo malo fue la retirada por la cual los hombres de Kadesh se refugiaron en la ciudad.

Ella fue situada más de 4 meses, hasta que finalmente se entregaron y los nobles sirios regalaron sus hijos, como garantía de que nunca más sería puesto a prueba el faraón, de lo contrario el faraón mataría esta gente. Con esta victoria el faraón comenzaría una lucha atroz con todo aquel que intentara revelarse a lo largo de su gran Imperio.

El joven emperador dejaría de ser el consentido que alguna vez fue. Desde ese momento habría librado la primera gran batalla del mundo, relatada y celebrada por mucho tiempo por los egipcios, ellos fueron capaces de realizar verdaderas estrategias de guerra que luego serán aprendidas por los egipcios y romanos. Nunca más se creería en la debilidad de los hombres del faraón y la riqueza prosperaría con fuerza en la región luego de esto.

Fuente de imágenes: 1: arrecaballo.es, 2 y 3: aracelirlunpocodehistoria.blogspot.com.co

Megido: la primera Gran Batalla de la Historia

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Bibliografía

El pensante (3 noviembre, 2015). Megido: la primera Gran Batalla de la Historia. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/megido-la-primera-gran-batalla-de-la-historia/