Lucía Zárate, la Mexicana Liliputiense y otros casos de enanismo extremo

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Pequeñas historias

Hoy os contaré la peculiar historia de una mujer que vivió en el último cuarto del siglo XIX y que a día de hoy, tras 120 años transcurridos desde su muerte, todavía ostenta los récords de mujer más pequeña y más ligera de la historia, y la de mejor pagada en los circos y exhibiciones de la época.

Existen algunas dudas sobre el lugar y fecha exacta de nacimiento de Lucía Zárate, la que sería mundialmente conocida con el nombre de “la mexicana liliputiense”. Algunas fuentes localizan su nacimiento en San Carlos, al norte de México, otras en Veracruz. La fecha oficial de su nacimiento es 1864, pero se sospecha que siempre se dijo que su edad era más elevada que la que tenía en realidad y es posible que su año de nacimiento real fuese 1870, en este post tomaré 1864 como su nacimiento real ya que lo demás son meras suposiciones jamás demostradas.

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La pequeña Lucía nació con enanismo primordial osteodisplásico, enfermedad que actúa sobre el crecimiento de la persona, pero que mantiene bien las proporciones físicas, a excepción de la nariz que curiosamente sigue su crecimiento normal. Lucía fue la mayor de cuatro hermanos, todos ellos normales. Al nacer midió 17 centímetros y ningún médico le dio muchas esperanzas de vida, pero ante todo pronóstico, Lucía sobrevivió a los primeros y más difíciles años de su existencia. Su crecimiento cesó prácticamente entre los cinco y siete años de vida, con 50,8 centímetros de estatura que apenas aumentaron hasta el final de sus días.

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La familia de Lucía era de clase media acomodada y no tenía dificultades de ningún tipo. Desde Estados Unidos y Europa llegaban noticias que contaban como otras personas con el mismo problema que su hija eran mostradas para el asombro y admiración de propios y extraños.

La primera persona que se “exhibió” en los círculos médicos ingleses fue Caroline Crachami, nacida en Palermo en 1815, y que vino al mundo con 20 centímetros de estatura y 454 gramos de peso. A la pequeña Carolina se la conoció como “Hada siciliana” o “la niña muñeca”. Carolina murió con tan solo nueve años de edad por una afección respiratoria, en aquel entonces medía 50 centímetros de altura.

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Carolina Crachami

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Otro caso muy conocido de la época fue el de Paulina Munsters, “la Princesa Paulina”. Nació el 26 de febrero de 1876 en Ossendrecht, Holanda. Entonces medía poco más de 30 centímetros. A los nueve años de edad pesaba solamente un kilo y medio y cuando era adulta apenas sobrepasaba los 4 kilos y medio.

Paulina inició su carrera desde que era niña. En un principio era exhibida como un fenómeno para asombro de los espectadores. Sin embargo, pronto todos descubrieron que tenía otras habilidades y comenzó a hacer acrobacias. También era una muy buena bailarina. Solía elegir a miembros al azar de la audiencia para demostrarlo. Tuvo numerosos “nombres artísticos” aunque aquél con el que se le recuerda más frecuentemente es el de “La Princesa Paulina”. Solía vestir elegantes capas acordes a su nombre artístico.

Visitó muchos países: Bélgica, Alemania, Francia y Gran Bretaña antes de ser invitada a actuar en los Estados Unidos en 1894. Debutó en un teatro de Nueva York y maravilló a la audiencia de tal forma que pronto se convirtió en una de las favoritas de la ciudad.

Sin embargo, poco tiempo después Paulina contrajo neumonía y meningitis. Murió el primero de marzo de 1895, a los 19 años de edad.

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Paulina Munsters – La princesa Paulina

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Tras este breve apunte volvemos a la vida de Lucía, que en estos momentos ya cuenta con doce años. Sus padres, no se sabe muy bien los motivos que les llevan a ello, deciden en momento dado emprender la aventura americana. Todavía no lo sabían, pero dicha aventura se convertiría en un periplo que les llevaría a viajar por multitud de países durante los siguientes catorce años y que convertirían a su hija en uno de los personajes más conocidos de la década.

Su debut ante el gran público fue en la exposición del centenario de Filadelfia, donde su aparición fue anunciada a bombo y platillo y donde se congregaron miles de personas para contemplar a tan increíble prodigio. A partir de esto, su nombre corrió como la pólvora por todos los rincones de Estados Unidos, desde donde feriantes y buscavidas solicitaban esponsorizar a la pequeña Lucía allá por donde pasaba.

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Lucía, por su condición, siempre fue una niña mimada y llena de atenciones y no tardó en acostumbrarse a su nueva vida. Era lista y coqueta y le gustaba vestir bonitos vestidos y lucir brillantes joyas, se podría opinar, y es muy lógico, que la exhibición de este tipo de personas en estos “circos de los horrores”, no es algo muy moral ni honrado. Pero si ella estaba a favor o simplemente fingía, es algo que se marchó a la tumba con ella. La cuestión es que se adaptó a la perfección a ese peculiar mundo de adulación continua, llegando incluso a tener a una asistenta y a un traductor de forma continua que colmaban todos sus caprichos.

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Cuatro años después de su debut de Filadelfia fue contratada por el circo Barnum, del que ya os he hablado en alguna ocasión y que era el número uno en popularidad y éxito en esto de las exhibiciones de gente diferente (la mayoría engaños y farsas). Durante los siguientes años viajó en varias ocasiones a Europa, donde era reclamada por reyes y nobles actuando ante la mismísima reina Victoria o ante el Zar de Rusia.

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En el circo Barnum formó pareja artística con otro “pequeño” famoso de la época, Francis Joseph Flynn, conocido como “General Mite”. Nacido en Nueva York también en 1864 y que apenas medía seis o siete centímetros más que ella. Los dos actuaban representado escenas hogareñas de la vida cotidiana con entradas en escena de forma esporádica de un chino de más de dos metros de altura que también estaba en nómina de P.T. Barnum, y que acrecentaba todavía más la diminuta estatura de la pareja.

Incluso corrió el rumor de que entre la mexicana liliputiense y el general Mite había surgido el amor, pero es más que posible que esta historia fuese falsa y fuese creada para aumentar el morbo que despertaba entre los espectadores. Además, también es muy posible que el general Mite se sintiese algo resentido hacia Lucía, ya que hasta su llegada el era el punto de atención en los expectáculos sin tener que compartir la fama.

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Francis Joseph Flynn, el “general Mite”.

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Así continuaron las cosas hasta el año 1890. Lucía y su familia viajaban en ferrocarril hacia un nuevo espectáculo cuando les sorprendió la gran tormenta de nieve de dicho año. El tren en el que viajaban quedó aislado durante quince días en las montañas del estado de Nevada. Se dice que la pequeña Lucía murió de hipotermia el 28 de enero de ese año, aunque es más que probable que su muerte fuese a consecuencia de problemas intestinales.

Se dice que Lucía Zárate, la mexicana liliputiense, llegó a ganar hasta 700$ semanales durante su periodo artístico llegando a acumular una gran fortuna, se dice que le gustaba la vida que llevaba y que había nacido para ello, se dicen muchas cosas, pero lo único que es cierto y que se puede apreciar es que la pequeña Lucía jamás sonrió en ninguna foto.

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Por otro lado, el paso de los años no ha cambiado mucho en estos aspectos. En la actualidad podemos ver a He Pingping, que con 74 centímetros es el hombre más bajo con vida y que se gana la vida explotando su estatura y fotografiándose con sus antónimos, los gigantes.

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Tejido por Sinuhé

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Fuentes:

www.sideshowworld.com

latierranoesredonda.blogspot.com

tecnoculto.com

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Lucía Zárate, la Mexicana Liliputiense y otros casos de enanismo extremo
29 enero, 2010