Los Juicios Medievales a animales de granja

Curiosidades, Hechos insólitos, Historia

Peculiaridades de la justicia medieval

En la Edad Media hubo cierta persistencia a juicios para animales debido a crímenes que cometieron contra humanos. Como en esta época histórica las personas no vivían tan alejadas de la naturaleza, era posible encontrar cualquier casa compartida con marranos, vacas y caballos, claramente sin contar perros, gatos y las invasoras ratas. Dividían la casa en dos pisos, dejando arriba el lugar para dormir y el de abajo para las bestias domésticas. Con esto, por ejemplo, entendemos por qué fue tan fácil el contagio de la peste bubónica.

Era tantos los espacios compartidos con los animales que se hicieron evidente situaciones accidentales, donde un animal mataba a una persona, usualmente niños. La justicia medieval realizaba juicios donde ponía en la mira al animal en cuestión, pues se consideraba que por tener alma las bestias no podían pasar desapercibidas y tenía que hacerse un tribunal que demandara justicia divina. Si el animal era visto como culpable, era sacrificado.

Algunos juicios interesantes hechos a estos asesinos

Uno de los casos documentados, sobre asesinato a menores por animales, cuenta que en 1404, en la región francesa de Borgoña, tres cerdos despedazaron a un bebé, comiéndolo todo, apercibidos los dueños de los animales los llevaron al tribunal y estos fueron sentenciados a muerte. La pena consistía en ahorcarlos en plaza pública y así se cumplió.

Otro caso más curioso fue al de un caballo que mató a su dueño. En este caso al animal se le dejó traer su abogado y la escena libró al caballo, argumentando que el muerto iba muy tomado, por lo que se le dejó en libertad. Luego los familiares del muerto tomaron justicia por sus manos y fueron llevados a los tribunales por desacatar la ley.

Especialmente en Francia y en el norte italiano es donde más casos relacionados con estos juicios observamos, el poder de la iglesia era más fuerte en estos territorios que en otros: así pasó en la ciudad francesa de Moisy. Un toro escapó en 1314 y asesinó a un hombre que andaba caminando por ahí. El juzgado determinó asesinar el animal e igual que muchos otros, sufrió el dictamen de la horca.

Una jauría de perros fue sacrificada por herejía, consideraron en la provincia de Alsacia, al norte de Francia, que las brujas se escabullían y transformaban en animales. Por ese motivo vieron una banda de perros acusados de haber mordido muchas personas, fueron juzgados y llevados a la hoguera, para el correspondiente bautizo de fuego.

Aunque esto no solo se reduce a casos de marranos, vacas, perros, toros y caballos que mataron personas, muchos de otros juicios llevaban a juzgar plagas como de termitas, hormigas o langostas. Estos eran descomulgados ya que no podían ser asesinados todas, por lo que se les decretaba malditas.

Estas plagas hacían su trabajo de carcomerse todos los sembradíos que hacían los habitantes de algún pueblo, lo que podía generar grandes hambrunas. Pero lo interesante era como la iglesia intercedía para demostrar el peso real de Dios en la sociedad, él tenía el papel de determinar lo que las personas consideraban cierto.

El final de los juicios a bestias

En el año 1492, no solo descubrieron América los europeos, también comenzó un momento decisivo para el viejo continente: tejer las bases del Renacimiento. Como en esta época las cosas comenzaron tener un valor más “científico”, la Iglesia Católica también hizo grandes reformas como dejar de considerar que los animales tenían alma. Con esto pasó a eliminarse los juicios a los animales y ya eran sacrificados directamente. También intercedió mucho la idea de ciudad, pues cada vez más, los animales los desplazaban al campo y la ciudad quedó relegada solamente a personas y animales pequeños.

Hasta entrada la época de la Ilustración, muchas poblaciones vivían relegadas a estas creencias de asesinar al animal luego de un juicio, o descomulgarlo si era necesario. Muchas de las ideas creadas por la iglesia se determinaron por teólogos como Santo Tomás de Aquino y San Agustín de Hipona, ellos consideraron que el animal tenía alma, pero esto fue toda una discusión de las Escuelas religiosas, centro del conocimiento medieval. Aun así luego de que se dejara de creer que los animales tenían alma, las leyes y la justicia se hicieron pertinentes solo para hombres y mujeres. Con el tiempo los animales pasaron a un segundo plano.

Pero a pesar de esto, no se rompe con la idea de que el animal tenía que ser juzgado. Hasta inicios del siglo XX, se hizo popular una historia de un elefante que fue ahorcado por aplastar a su domador. Por este motivo se trajo una grúa y se hizo viral la historia.

Esta historia nos hace pensar todo lo que pasó desde la Edad Media y todos los cambios que hemos tenido. Antes creíamos en ahorcar una oveja, ahora ya hay leyes que obligan al humano a pagar multas y hasta penas por abusar de animales domésticos o matar especies protegidas. ¿Qué seguirá en el futuro?

Fuente de imágenes: 1: historiasdelahistoria.com, 2 y 3: 4.bp.blogspot.com

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