Los fantasmas caníbales de Ibagué

Historia, Leyendas

Los macabros eventos de los Pijaos

La tribu de los pijaos, indígenas precolombinos, fue muy conocida en la retórica colonial por sus sangrientas incursiones en la ciudad de Ibagué y en muchos pueblos de españoles que se establecieron luego de la conquista, en la actual Colombia.

Descendientes de los salvajes indios Caribes, los Pijaos fueron llamados así porque no se ponían ninguna prenda y los españoles se sorprendían de verlos andar desnudos, su verdadero nombre era Pinaos. Ellos no se dejaron amedrentar de los asesinos españoles que vinieron a robar el territorio americano y su modo de operar contra los españoles era por medio de la violencia.

Fueron muy reconocidos por los actos de destrucción en que dejaron muchas veces las urbes españolas, pero sobre todo, las prácticas caníbales y de degüello a mujeres y hombres, así como la fiereza al momento de la guerra.

Fray Simón, cronista español del siglo XVII intenta explicar cómo los Pijaos fueron considerados como uno de los pueblos más violentos que había en ese momento a lo largo de América. Los hombres iban de pueblo en pueblo haciendo festines macabros, matando mujeres y niños, haciendo un baile a lo largo del fuego, para poder ponerse en paz con el Dios de ellos, que era un demonio, según lo describe el español.

Desde la conquista y la llegada de los largos ejercito del Rey del Imperio Español, la mayoría de comunidades indígenas, fueron sitiadas y robadas en las conocidas “rancherías”, pero algunos grupos no se dejaron intimidar y esperaban la llegada de los descubridores ladrones, para comenzar el degüelle y el terror entre ellos. Enviaban cabezas de los sacerdotes que intentaban civilizarlos, aunque lo más mordaz fue una vez que sitiaron el gran fuerte de Ibagué.

Los peores asedios a las poblaciones citadinas

La ciudad no venía a ser un núcleo de población importante, la verdad fue fundada para dejar soldados que defendieran la frontera contra los Pijaos, pero con el tiempo llegaron las mujeres y se conformaron familias. Nuevos negocios surgieron y fue considerada una ciudad donde era genial vivir. Lo que no esperaban era que los ofensivos indígenas, entrara a la ciudad una noche en que nadie estaba vigilando y así mataran a todo aquel que viviera en la ciudad, de la forma más inhumana que encontraron.

Ibagué fue sitiada solamente con flechas y cerbatanas, pero eran muchísimos indígenas en comparación con la minoría española. Siempre tuvieron que defenderla desde que fue fundada la colonia, hasta finales del siglo XVII, época en que los exterminaron totalmente.

Un siglo entero se debatió en incursiones de Pijaos, donde mataban a las mujeres y se vestían con sus prendas. Una especie de travestismo y guerra que cobraba la vida de muchos inocuos. La peor parte fue cuando los nuevos soldados de relevo llegaban a recuperar las ciudades y los pueblos asediados. Se encontraban con pirámides de cabezas, huesos humanos roídos y mensajes en sangre que denotaba el odio hacia los españoles por venir a las tierras americanas.

La eliminación sistemática de los Pijaos

Ya para la última década del siglo XVII, se organizó una expedición con lanceros y fusileros para destruir las huestes indígenas. Más de 5.000 soldados se organizaron para destruir los campamentos y llevar de paso el cristianismo entre estos salvajes que no iban a ser perdonados.

La marcha desde Santafé, ciudad de la que partió para enfrentar los indios, llegó en menos de 5 días a Ibagué. Luego siguieron el camino de sangre y cabezas que los pijaos dejaron para amedrentar españoles. Encontrando las primeras poblaciones, fueron condenadas a la muerte instantánea. Niños y mujeres no se salvaron de la purga. La muerte fue sistemática mientras los hombres gritaban mientras sus damas eran violadas por el ejército español.

La diferencia con los pijaos era que los soldados no se comían los cadáveres, pero la práctica sistemática para matar a todo lo indígena fue vista como un acto macabro por la sangre derramada, aunque necesario. La lucha se concentró en las montañas y los valles, allí las armas de fuego derruyeron las cerbatanas y los cuerpos de los indios, que desnudos quedaban agujereados por el plomo de los tiros disparados.

Se calcula que el resultado fueron más de 100.000 indios muertos, algunos pocos se salvaron, pero fueron esclavizados y vendidos a precios sumamente baratos por toda la colonia americana. Las poblaciones que más resistieron, fueron juzgadas en juicio público, asesinándolos y colgando sus partes en los lugares más representativos. Una forma de escarnio público que se practica hasta hoy en día por muchos grupos ilegales, aunque descendientes de este oscuro pasado español.

Los fantasmas que viven en la ciudad de Ibagué, Colombia

Ellos son los pijaos reencarnados en demonios que hacen la vida imposible a las personas. Se pronuncian por las noches en lugares oscuros. Gritos pijaos, choque de armas y canciones que hablan en una lengua extraña, son las muestras de esta paradoja que conserva la ciudad de Ibagué.

Especialmente son los curas los que sufren este intercambio hostil con los fantasmas, pues se refleja el desprecio a las tradiciones de aquellos por eliminar no solo las poblaciones inocentes que murieron en la última expedición, sino la prohibición de la religión de los indígenas ancestrales.

Fuente de imágenes: 1: asisucedio.co, 2: ibanasca.files.wordpress.com, 3: upload.wikimedia.org

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