Los Caballeros Hospitalarios y la defensa imposible de Malta

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Cruzadas

Corría el siglo VII cuando los ejércitos del Islam, impulsados por la unificación conseguida por Mahoma, se lanzaron a la conquista del Mediterráneo. En su momento, su victoria pareció inevitable, y ya rondaban sus veleros las costas italianas (luego de la caída de Sicilia) y sus ejércitos cruzaban los Pirineos, cuando la Europa Cristiana fue por fin capaz de responder.

Corría el año de 1094 cuando el Papa Inocencio I llamó la primera cruzada. Comenzó entonces la segunda etapa de este eterno conflicto, con la invasión europea al Levante y la creación de los reinos cruzados en Jerusalén. Eventualmente, estos reinos caerían ante las avanzadas de los ejércitos de Saladino, y de nuevo la situación se estabilizaría en el Levante, mientras que en España los reinos cristianos realizaban considerables avances en la conquista de la Península.

Pero la situación cambiaría dramáticamente cuando un nuevo actor entrara al conflicto: los Turcos Otomanos.

Turcos                                                                                      

Estos antiguos habitantes de las estepas de Asia Central migraron hacia el occidente y fundaron primero la dinastía de los turcos selyúcidas, que amenazaron a los bizantinos allá en el siglo X. Pero tras el colapso de este Imperio, un nuevo reino turco comenzó a ganar primacía: los Turcos Otomanos.

Este nuevo imperio se extendió rápidamente, controlando otros reinos turcos y dando el golpe de gracia en 1453 al otrora poderoso Imperio Bizantino. El control de Constantinopla, y de las rutas comerciales hacia y desde Europa, permitió a los otomanos crecer con rapidez y abriría la tercera etapa de este milenario conflicto.

Pues verán, los ejércitos otomanos pronto comenzaron a avanzar hacia el occidente, mientras sus flotas dominaban el Mediterráneo. En el siglo XVI los Otomanos tocaron las puertas de Viena y sus flotas amenazaron incluso a España. Sus rápidos avances hicieron temer a los europeos que los dos principales ejes de resistencia de la cristiandad: las flotas combinadas de Venecia, Génova y España, y los ejércitos del Sacro Imperio, serían derrotados próximamente.

Y fue en este contexto de guerra que los otomanos decidieron avanzar sobre una isla que les brindaría una base importante y grandes ventajas estratégicas: Malta.

Los Caballeros Hospitalarios

Ahora, en este periodo Malta era el último reducto de los Caballeros Hospitalarios, una orden cristiana de tiempos olvidados en los que eran los caballeros montados, y no los ejércitos profesionales, quienes marcaban la pauta en el campo de batalla. Hermanos de los Templarios, los Hospitalarios eran a estas alturas una reliquia de tiempos olvidados.

Aún así, bajo encargo del Rey de España los Hospitalarios se encargaban del cuidado de Malta, una fortaleza ubicada en las cercanías de Sicilia que permitía un punto de paso entre ésta y las costas africanas.

Fue allí donde en 1565 los Otomanos lanzaron uno de sus más fuertes ataques. El Control de Malta les permitiría mantener una guarnición permanente, abastecer las tropas en Silicia, limitar el paso de naves cristianas al occidente del Mediterráneo e incluso pensar en una eventual invasión a Italia.

El Asedio de Malta

Y fue así como 40.000 soldados otomanos fuertemente armados arribaron a las costas de Malta, defendidas apenas por cuatro mil caballeros hospitalarios y unos dos mil conscriptos de la isla. La única ventaja de los defensores era la solidez de sus fortificaciones, pero esto ya no importaba tanto en la era de la pólvora.

Jean Parison de Vallete, comandante de los Hospitalarios, dirigió la defensa. Encargó a un cuarto de sus mejores hombres la defensa de la Bahía, pues sabía que allí tendrían que desembarcar los otomanos si querían tomar la isla. Y en efecto, fue allí donde comenzó la batalla. Los Hospitalarios, superados en número pero mejor fortificado, lograron resistir tres semanas antes de la caída del fuerte, y lucharon hasta el último hombre.

Con la bahía en manos de los Otomanos, solo quedaba el fuerte de San Miguel, con el grueso de los Caballeros. Y De Vallete estaba comprometido a no permitir que cayera, bajo ninguna circunstancia.

Como hicieran en Constantinopla un siglo atrás, los Otomanos comienzan a bombardear las murallas, y en pocos días derriban una de las torres exteriores. Esto significa que ahora podían entrar al Fuerte, y en este punto empiezan las oleadas de atacantes. Con una ventaja de 10 a 1, los Otomanos saben que llevan las de ganar.

Pero los Hospitalarios, casi milagrosamente, logran resistir. Una y otra vez rechazan los ataques a la muralla, hasta que los Otomanos, un día, deciden lanzar el grueso de sus fuerzas e ingresan al Fuerte.

Y es aquí donde llega el momento decisivo. Los Hospitalarios, acorralados, se ven obligados a retomar el fuerte, pues de perder el control de las murallas exteriores su situación se volverá insostenible. Tendrán que pagar con sangre cada metro de terreno (tal y como lo hicieron los otomanos), pero esto limitará sus posibilidades de defenderse en el futuro.

Y así, los Hospitalarios realizaron una carga desesperada que les permitió retomar el fuerte. El costo fue muy alto: casi un tercio de los hombres murieron. Pero el Fuerte resistió.

Este escenario se repitió pocos días después: los Hospitalarios, una vez más, retomaron el Fuerte. En este último asedio, De Vallete, a sus 70 años, dirigió personalmente la carga, motivando a sus hombres a luchar hasta el último aliento.

Y los Otomanos, acorralados por el tiempo (se acercaba el invierno), tomaron la decisión de cesar las cargas frontales y edificar una gran torre de asedio, incólume al fuego de los cristianos. Con ella, podrían atravesar las murallas con facilidad.

Los Caballeros, conscientes del peligro que corrían, decidieron enviar algunos de sus mejores hombres en una misión: derribar la torre costara lo que costara. Ocultos en la noche marcharon al lugar y dispararon todas sus salvas a la estructura, consiguiendo que se derrumbara. El precio a pagar fue su vida… pero el fuerte, una vez más, resistió.

Y aquí terminó la batalla. El tiempo se había terminado. Con la llegada del invierno, las aguas se volverían peligrosas y los suministros no podrían llegar en las cantidades requeridas.

Cuando la retirada terminó, y el polvo se asentó en el suelo, quedó a la vista un fuerte en ruinas, con un ejército de caballeros, reliquias del pasado, que acababa de perder más de la mitad de sus hombres. Pero estos hombres, al impedir la conquista de Malta, le compraron años valiosos a los españoles e italianos, y permitieron la construcción de la armada que derrotaría definitivamente a los Otomanos en 1571.

Más de 2.500 soldados hospitalarios murieron, pero se llevaron consigo a 25.000 otomanos.

Bibliografía:

  1. https://www.quora.com/How-could-Rohan-have-possibly-won-the-battle-of-Helm-s-Deep-when-they-were-against-over-10-000-elite-soldiers-of-Isengard-Especially-given-the-incredible-disparity-in-numbers/answer/Kevin-Yue-1
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Great_Siege_of_Malta

Imágenes: 1 y 3: wikipedia.org, 2: returnofkings.com

Los Caballeros Hospitalarios y la defensa imposible de Malta
30 abril, 2019
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