Leyendas de Japón: Yotsuya Kaidan


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Oiwa

Hace mucho tiempo, en el antiguo Japón, había un samurái llamado Iemon, quien había caído en desgracia al no tener un amo al que servir. Desempleado y sin dinero, el ex samurái decidió vender sombrillas para mantener a su esposa Oiwa, una mujer muy hermosa quien se encontraba profundamente enamorada de su esposo y para esos momentos había acabado de dar a luz un saludable bebé. Ella estaba feliz.

Oiwa tenía claro que desde que su familia estuviera junta no habría dificultad que no pudieran superar, y a pesar de las necesidades que pasaban ella tenía la fiel mentalidad de que todo saldría bien si se mantenía al lado de su marido.

Alguien que pensaba muy distinto, era Iemon, quien cansado de la actitud positiva de su esposa empezó a maldecirse por su situación y a aburrirse de Oiwa. Él creía que ella era una mujer resignada y sin entusiasmo por nada.

Pasado el tiempo, Oume, la hija de un acaudalado doctor, se fijó en Iemon, y la mujer consciente de que su belleza no podría rivalizar con la de Oiwa le pidió a su padre que le ayudara a ganarse aquel hombre. Fue así que el médico, deseoso de cumplir con el capricho de su hija, se enteró de la situación tan lamentable que sucedía en la casa de Iemon y convenció al ex samurái que trabajará para él y que se casara con su hija.

El costo de la ambición

La ambición pudo más que la razón o en este caso el amor y Iemon ideó un plan macabro para acabar con la vida de su esposa, pues ella acababa de tener un bebé y el parto la había dejado muy débil y creyendo en las palabras de su marido, Oiwa bebió un supuesto remedio que la sanaría.

Lo que ella no sabía era que ese brebaje era en realidad un veneno que poco a poco la estaba deteriorando y en el proceso estaba desfigurando su rostro. Por esta razón su esposo la despreciaba y la insultaba más. Aun así, el veneno no surtió efecto rápidamente y cansado de esperar la muerte de su mujer, Iemon ordenó a uno de sus empleados que sedujera a su mujer para así tener una excusa válida para dejarla.

El siervo fue en busca de Oiwa listo para cumplir su cometido, pero al verla en aquel estado tan terrible tuvo compasión de ella y le tendió un espejo para que viera el daño que le estaba causando Iemon, pues ellos eran tan pobres que no contaban con uno en la casa.

La mujer se horrorizó al ver su reflejo y tomando la espada que traía el siervo tomó su propia vida, con su último aliento maldiciendo a su esposo. Cuando Iemon regresó a casa, descubrió el cadáver de su esposa y sabiendo que no podía dejar testigos sobre el crimen que había cometido, fue en busca de aquel empleado y cuando lo encontró lo mató.

Se deshizo de los cuerpos clavándolos a unas tablas y arrojándolos a un río, y ya libre de su matrimonio fue en busca de Oume y contrajeron nupcias. La noche de bodas, cuando la pareja de recién casados se encontraba en privado, Iemo descubrió el velo de su nueva esposa y se sorprendió al descubrir el rostro de Oiwa. Asustado tomó la espada y la corto.

Sin embargo, fue más aún su sorpresa, al darse cuenta que la que había cortado había sido Oume. Asustado por lo que había cometido, salió corriendo de la habitación y en el pasillo se encontró con el espectro del empleado que hace poco había asesinado, así fue como blandió su espada nuevamente, pero en esta ocasión al que hirió en realidad fue su suegro.

Preso del pánico se refugió en las montañas, perseguido por el fantasma de su maltratada esposa Oiwa y del triste siervo. A pesar del tormento en el que se encontraba, Iemon se negaba confesar sus crímenes. También se cuenta que un día que fue a pescar se encontró los cuerpos putrefactos de víctimas, quienes le recriminaban los actos que había cometido.

Una deuda saldada

Un día a su escondite, llegó el hermano de Oiwa, quien al enterarse del infierno que había vivido su hermana fue vengarse del malvado Iemon. El ex samurái contaba con una gran ventaja sobre su oponente, pues el hermano de Oiwa no era un guerrero entrenado, y con unos cuantos golpes de espadas logró debilitar a su oponente, pero cuando estaba a punto de asestar el golpe de gracia apareció ante él, una vez más, el rostro de Oiwa.

Paralizado por el miedo, el samurai dudó y el hermano de Oiwa aprovechó para finiquitar al traidor Iemon. Lo último que vio el hombre antes de morir fue el rostro satisfecho de su exmujer, por fin tenía la venganza que tanto aclamaba su alma.

Bibliografía:

  1. https://squallgallardo.wordpress.com/2014/05/30/mitos-y-leyendas-del-mundo-yotsuya-kaidan-iemon-y-oiwa/

Imágenes: 1: squallgallardo.wordpress.com, 2: taringa.net, 3: historiasamurai.com

Leyendas de Japón: Yotsuya Kaidan
25 abril, 2019
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