Las hierbas para embrujar

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“No hay que creer en brujas…

…pero de que las hay las hay”: este un dicho antioqueño muy conocido en Colombia. En todas partes es muy usual encontrar fundamentos para la brujería. Salimos a la calle y en el poste de luz hay avisos anunciando un brujo capaz de enamorar, maldecir, limpiar, etc.

Para muchos de nosotros, eso no es más que negocios de embaucadores y es muy posible que no estemos errados. Pero en la Edad Media esto no era asunto de gracia. Las personas creían seriamente en la existencia de estos seres demoníacos.

Sucedían eventos extraños en las poblaciones y se decía que eran embrujados. Además, las personas tenían el fundamento de que estos eran eventos que buscaban la perversidad. A continuación revelaremos el secreto de la brujería que atormentó a Europa por siglos.

Los brujos no podrían ser brujos si no tuvieran un medio para hacerse temer. La belladona, la mandrágora y el beleño son las plantas usadas desde antaño y se relacionan profundamente con las capacidades de hacer profecías, embrujar y transportarse a lugares alejados y mágicos.

La química de las plantas

Estas plantas solanáceas tienen tres componentes de alcaloides: atropina, hiposciamina y escopolamina. Este último alcaloide es el ocasional de las alucinaciones y desvaríos que llevan de la conciencia al sueño profundo.

La diferencia con otros narcóticos es la toxicidad que lleva a las plantas a que la persona pierda la memoria inmediata, sin darle posibilidad de saber que pasó. La escopolamina termina por hacer del consumidor una víctima, no es raro que hoy en día la utilicen para robar personas.

Las diferencias en estas plantas suelen ser más históricas y culturales que en sus componentes y en los síntomas que producen.

El beleño

El Hyoscyamus o beleño tiene tres especies de la planta. Es datada desde el año 1.500 a. C. por los egipcios en el Papiro de Ebers, donde se menciona los efectos psicoactivos de la planta. Homero también describe muchas plantas mágicas donde el beleño era el principal ingrediente.

Muy usado en la Grecia antigua, se cree que las profetizas de Delfos lo consumían para hacer adivinaciones. Era el componente sagrado para acercarse a los dioses.

Otra variedad de beleño negro se usaba en Egipto, India y Afganistán por los beduinos. Lo mezclaban con cannabis para aliviar los dolores y para emborracharse. Es muy útil en los desiertos, pues las largas distancias obligan al consumo de las plantas psicoactivas.

El alto consumo del beleño o la degustación olfativa de la misma, cierra los párpados de la persona y lo adentra en un campo de visiones donde los objetos se distorsionan y el consumidor se siente en estado catatónico. Puede hablar pero finalmente llega el sueño.

La belladona

La planta nativa, Atropa belladonna, es considerada en la mitología europea como “la encargada de cortar el hilo de la vida”. Atropos es la parca griega. Belladona significa “bella dama” y hace alusión a la dilatación de las pupilas de las jóvenes italianas, producido por su consumo.

Se le conoce por varios nombres: la cereza del mago, la baya de los brujos, la yerba del diablo o la baya asesina. Esta planta crece actualmente de manera silvestre en EEUU, la India y toda Europa.

La bebida de la belladona al igual que el beleño tiene una gran antigüedad. Los griegos la consumían en las fiestas dionisíacas:

Es notable la leyenda de las Ménades; mujeres salvajes que en el cenit de la fiesta del dios, llegaban a practicar omofagia (consumo de la carne cruda humana)’’ y esparagmos (desgarro de otro humano) con los hombres.

Además en la Edad Media, se hacía un baño de belladona, mandrágora, beleño y la grasa del cuerpo de un bebé nacido muerto. Esta mezcla se flotaba en la piel o se la insertaba en la vagina las brujas y algunos magos oscuros.

La historia de la escoba de brujas esconde el oscuro pasado del ungüento mencionado. En 1324 se menciona esa mezcla que era usada para engrasar un bastón. En el siglo XV se vuelve hacer esa mención, ya con testimonios primarios de brujas que contaban lo que hacían con la escoba mágica.

La mandrágora

Finalmente llegamos a la mandrágora. Ella era apetecida y temida por las extrañas formas de sus raíces que suelen parecer un cuerpo humano. Varias creencias han surgido de esta planta y su consumo también tiene una larga historia.

Desde Teofrasto en el siglo III a. C., se menciona que los curanderos recogían esa planta por medio de un ritual donde le dibujaban círculos y luego mirando hacia el oeste, le cortaban la raíz. Bailaban encima de ella y daban oraciones rituales para sacarla de la tierra.

Muchos mitos se construyeron entre los romanos acerca de la planta. La idea de que la mandrágora estaba viva o que tenía poderes sobrenaturales viene desde Flavio Josefo en el siglo I. Las leyendas sobre esta planta siempre fueron espeluznantes y la gente temía pasar cerca de una de ellas.

Hasta el siglo XVI, se creía en el antropomorfismo de la planta y su relación con el demonio. Desde entonces los ingleses buscaron desmitificar la planta, aunque en las leyendas populares europeas se sigue considerando muchos aspectos mágicos sólo de la planta.

Igual, esta planta fue usada por las brujas y los magos. Muchos fueron quemados por consumir abiertamente estas plantas. También eran usadas para hacer brujería contra los enemigos del demonio. Hoy en día son el instrumento principal de los llamados “brujos” o “chamanes llaneros”.

Bibliografía:

  1. Hoffman A. Las plantas de los dioses
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A9nades

Imágenes: 1: enigmasymitos.blogspot.com, 2: elherbolario.com, 3: britannica.com

Las hierbas para embrujar
27 septiembre, 2018
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