La triste historia del Hombre Verde

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La leyenda de Ray Robinson

Como en todas las historias fantásticas, hay un relato oficial y una leyenda en la que ha ido trocando, y en ocasiones no está del todo claro en qué punto la realidad comienza a ser ficción.

De acuerdo con la Leyenda Urbana, Ray (Raymond) Robinson era un desafortunado trabajador de la Empresa de Energía del área de Pittsburgh que fue alcanzado por un relámpago o, en su defecto, por una inmensa descarga producto de una mala conexión eléctrica. El hombre murió, pero dejó su alma en la tierra, que adoptaría la forma de su cuerpo desfigurado tras el accidente.

Su espectro comenzó entonces a recorrer los caminos aledaños en las noches. Carecía de brazos, ojos y nariz y su boca era apenas un agujero a medio abrirse; en cambio tenía protuberancias en la cara, un agujero en la mejilla y un extraño resplandor verdoso… lo que llevó a que se le llamara “El Hombre Verde”.

Esta leyenda se volvió increíblemente popular en la región hacia los años 80’s y 90’s. Sin embargo, pocos de los jóvenes que se deleitaban con el terror que el relato incitaba consideraban que la historia tuviese algo de cierto. Sin embargo, así era: todo había comenzado con el dramático accidente de un niño en 1918 o 19.

El accidente de Ray

Parte de la historia – la que involucraba el accidente – era verídica. El error estaba en el personaje y en su supuesta muerte: Raymond Robinson no era un trabajador de la planta de energía, era apenas un niño cuando ocurrió el accidente.

En 1918 o 19, cuando el pequeño tenía apenas 8 años de edad, se aventuró en un árbol con la intención de ver de cerca el nido de un pájaro. El niño no se dio cuenta del peligro de la cercanía de las líneas eléctricas y sufrió una tremenda descarga que lo dejó inconsciente e hizo que cayera del árbol.

El resultado fue algo completamente descorazonador. El accidente lo llevó a perder un brazo, una oreja, ambos ojos y la nariz y dejó su cuerpo (y sobre todo su rostro) tremendamente desfigurado. Los médicos pensaban que no sobreviviría, pero Ray, desafiando los dictámenes, logró salir adelante: apenas un año antes otro niño había muerto a causa de un accidente prácticamente idéntico.

Lo que siguió es uno de los relatos más inspiradores que se conocen. Pese a su horrible malformación y a haber quedado ciego, Ray llevó una vida relativamente normal dedicándose a la fabricación de artesanías y principalmente al trabajo del cuero. Sus billeteras y correas le ganaron relativa fama, pero serían sus reconocidas caminatas nocturnas las que lo convirtieran verdaderamente en una leyenda.

El origen de la leyenda

Una de las actividades favoritas de Ray era, precisamente, salir en caminatas nocturnas. Normalmente no aparecía de día, para evitar el horror público, pero acostumbraba a aventurarse en las noches, únicamente con una vara para esquivar los obstáculos. Es fácil imaginar el efecto que su presencia tenía en los desventurados curiosos que casualmente daban con él en una noche llena de neblina.

Pronto comenzó a ganar fama. Aunque algunos lo buscaban para lastimarlo, otros lo hacían con la sincera intención de conocerlo, y normalmente intercambiaba una foto o una conversación por cigarrillos y cerveza. Ni los molestos maleantes ni varios accidentes (incluyendo un par de choques con autos) hicieron que Ray desistiera de sus caminatas nocturnas. Con el tiempo, sin embargo, la vejez lo obligó a recluirse: moriría en 1985 a la edad de 74 años.

Resulta curioso cómo muchos niños que crecieron horrorizados ante la leyenda del Hombre Verde, al preguntar a sus padres escucharían esta respuesta: “yo lo conocí. Era una persona buena”. Lamentablemente, la leyenda trocó hacia un lado macabro que jamás existió en realidad.

Ah, y el hombre no era verde. No se sabe dónde se originó esa parte.

Fuente de imágenes: 1: res.cloudinary.com, 2: weekinweird.com

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Bibliografía

El pensante (30 octubre, 2015). La triste historia del Hombre Verde. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/la-triste-historia-del-hombre-verde/