La tétrica historia de las “mujeres de confort” en la Segunda Guerra Mundial

Alemania y Japón

Durante la Segunda Guerra Mundial los países del Eje (Alemania, Italia y Japón) han sido tradicionalmente definidos como el lado malvado, perverso, del conflicto. De ellos, Alemania ha sido el más vilipendiado tanto por su dudoso tratamiento de las minorías en el Tercer Reich (en particular de los judíos, pero también eslavos y negros) como por la absoluta militarización del país y el abandono de los derechos básicos en el territorio.

Japón e Italia han salido mejor librados. En particular Italia siempre ha tenido poco que ver allí: salvo por sus acciones en Etiopía (no muy diferentes de las de otras potencias europeas en África, para ser sinceros) no hizo mucho en la Segunda Guerra Mundial. Japón, sin embargo, sí tuvo su dosis de crueldad. Y fue una significativamente superior a la de los alemanes.

Ya hablamos algo de esto en el artículo del macabro escuadrón 731 del ejército japonés. Sin embargo, esto no es más que una parte de la cruel realidad que vivieron los países en ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.

Las Mujeres de Confort

Uno de los actos más crueles y condenados de los japoneses fue el secuestro de mujeres en las regiones ocupadas para convertirlas en “mujeres de confort”, esto es, en esclavas que debían prestar servicios sexuales a los soldados japoneses. Dadas las consideraciones de superioridad racial que tenían en este periodo los japoneses (que se consideraban básicamente superiores a todo el mundo) ninguna mujer de territorio ocupado estaba a salvo de este terrible destino.

Lo terrible del asunto es que no comenzó con la guerra. Si bien las primeras “Estaciones de confort” fueron ocupadas por prostitutas japonesas que se ofrecían como voluntarias (la primera se creó en Shangai en 1932) con el tiempo ellas no fueron suficientes y se vieron obligados a conseguir otras fuentes. Del pago se pasó al chantaje y la mentira, y de allí al secuestro directo.

La política de “los tres”

Las tropas japonesas estaban fuertemente ideologizadas en lo que respecta a la superioridad racial nipona. Su política de “los tres” hacía referencia a 3 actuaciones de guerra que estaban en clara contravía con los acuerdos entonces vigentes en las convenciones de Ginebra: matar, quemar, robrar. Las personas se incluían como objetos en esta lista, por lo que la captura, esclavización y violación de civiles fue no solo autorizada sino promovida por los altos mandos japoneses.

Así, cuando las “casas de confort” se quedaban sin personal, en particular en el frente de guerra, muchos comandantes japoneses ordenaron a los representantes locales que les dieran una “cuota” de mujeres para satisfacer a los soldados.

La crueldad japonesa

Huelga decir que las llamadas “mujeres de confort” no tenían muchos derechos ni beneficios. Tras la finalización de la participación de las japonesas en estos asuntos estaban compuestas principalmente por mujeres de razas consideradas “inferiores” (incluyendo unas cuantas europeas) por lo que se trataban básicamente como animales. Chinas y coreanas componían la mayoría, pero también había filipinas, hindúes e indonesias, y una que otra europea.

Los testimonios de las mujeres son completamente espeluznantes. Kim hak-sun, quien fue convocada con la excusa de un supuesto trabajo en una fábrica textil, narra que durante un año fue violada entre 30 y 40 veces al día, además de ser torturada y golpeada. Incluso el médico que la visitaba para verificar enfermedades venéreas la violaba en su camino a la salida. Y lo que es peor, cuando los ataques estadounidenses acabaron con las líneas de abastecimiento japonesas y la falta de condones comenzó a hacer mella en la salud de las mujeres comenzó a cobrárseles si se enfermaban, dejándolas morir cuando alcanzaban condición crítica…

…y en muchas ocasiones matándolas antes de que tropas aliadas pudiesen rescatarlas.

Se calcula que un 80% de las mujeres que entraron a estas casas jamás volvieron a salir, y quienes lo hicieron estaban enfermas con infecciones de transmisión sexual, habían quedado estériles, o ambas. En cuanto a los números, si bien no se sabe con exactitud (pues los japoneses no llevaron registro de ello, y cuando lo hicieron dicho registro fue eliminado) las cifras se calculan entre 50.000 y 300.000 mujeres.

Un crimen de guerra que ha sido poco mencionado, pero que seguramente se encuentra entre las más crueles actuaciones de la Segunda Guerra Mundial. Y si vamos a ello, también de la Historia.

Imágenes: 1: thistudent.wordpress.com, 2: tomatobubble.com

La tétrica historia de las “mujeres de confort” en la Segunda Guerra Mundial