La ropa y tu cerebro: así interactúan


La psicología ha demostrado empíricamente la estrecha relación existente entre nuestra vestimenta y las emociones. Tanto lo que expresamos con nuestro atuendo como el mensaje que nos enviamos a nosotros mismos.

La prestigiosa revista Psychology Today señala que son necesarios solamente 5 minutos para extraer información concluyente acerca de una persona simplemente mediante la observación.

La ropa por supuesto cubre las necesidades más elementales como por ejemplo abrigarnos cuando hace frío. Pero además, con el paso del tiempo se ha convertido en un elemento portador de gran cantidad de información. Desde nuestro grupo de pertenencia (social y/o económico) a nuestras aspiraciones, nuestro grado de alineación o inconformismo con el modelo social e incluso la capacidad de influencia y seducción.

Lo curioso es que la relación entre nuestro estado de ánimo y nuestro estilo de vestir, se retroalimentan mutuamente.

La influencia del estado de ánimo

Por ejemplo, cuando nos levantamos un día por la mañana con el estado de ánimo bajo solemos escoger colores grises e intermedios y ropa más floja que nos ayude a pasar más desapercibidos “camuflándonos”. Mientras que si por contra estamos alegres y confiados, inconscientemente intentamos que nuestra luz irradie lo máximo posible, por eso escogemos ropa más llamativa y colores más vivos que atraerán más la atención sobre nosotros.

Hay también numerosos estudios que confirman que nos convertimos en lo que vestimos. En determinadas profesiones, la vestimenta distintiva tiene un impacto psicológico en nuestro desempeño. En la comunidad científica, por ejemplo, un estudio mostró que portar su característica bata blanca tenía un enorme impacto psicológico. Reducía el número de errores en el desempeño laboral con respecto a los colegas científicos que trabajaban sin ella. Probablemente debido a que llevando la bata, aumentaba el nivel de concentración en los portadores.

Los estudios del psicólogo social Adam Galinsky, muestran también que por ejemplo llevar traje en ciertos entornos laborales aumentan la autoconfianza y mejora la toma de decisiones. No obstante, fuera de su contexto, el traje puede derivar en abuso de poder, distorsión de la realidad e incluso delirios de grandeza.

Posición socioeconómica

En cuanto al posicionamiento social y económico,  lo habitual suele ser querer “escalar” algún estrato con respecto a nuestro nivel real, pero existen también documentados casos opuestos, como el del millonario Daniel Ludwig, que intentó siempre aparentar mucho menos de lo que poseía en realidad.

Por otro lado, conviene también mencionar el fenómeno del pacto empático. Este nombre hace referencia a la capacidad de empatizar y conectar con nuestros interlocutores dependiendo del contexto. Si queremos empatizar con un entorno sofisticado, la vestimenta tiene que ser más exigente y elaborada, incluyendo complementos que refuercen y personalicen nuestra imagen. Puede ser un bolso, un anillo o relojes, un complemento muy efectivo por la variabilidad y creatividad reflejada en su diseño, como los que te presentamos aquí. Hay que decir que este fenómeno de la empatía, con las nuevas tecnologías, ha dejado de ser presencial o físico. Mediante las redes sociales podemos conectar por medio simplemente de la imagen con personas que estén en el extremo opuesto del planeta.

Por supuesto, de la misma manera que podemos adherirnos a un determinado sector social por identificación, la ropa también puede posicionarnos por contraposición. Un ejemplo extremo y claro de esta postura es la tribu urbana de los punks, que con su estética buscan manifestar su rechazo al sistema económicosocial en el que habitan.

Aunque no solemos reparar en ello, la ropa es una herramienta que transmite sutilmente una enorme cantidad de información tanto a los demás como a nosotros mismos.

Imagen: pixabay.com

La ropa y tu cerebro: así interactúan
7 junio, 2019
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