La rebelión de los boxers

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La derrota china

Luego de las guerras del opio, las naciones occidentales entraron con mucha fuera al Imperio Oriental. El tratado de Nanking de 1842, supuso la llegada de las potencias del mundo moderno a China. Los países occidentales se habían abierto paso con violencia.

China se había construido como un estado independiente y aislado a lo largo de su historia y muchas de las grandes innovaciones que recibió el mundo habían sido gracias a él. Desde finales del siglo XVIII el panorama había cambiado por culpa del imperialismo inglés.

La necesidad de abrir nuevos mercados obligó al Imperio Británico a luchar contra los ejércitos chinos. La victoria al ser europea obligó a los chinos recibir los productos que se exportaban desde las colonias inglesas. Luego entraron nuevas factorías de otros países acogidos por el Congreso de Viena.

Las embajadas de España, Francia, Italia, el Imperio Austro- húngaro, Alemania, Gran Bretaña, EEUU, Rusia y Japón se ubicaron en el centro de las grandes ciudades. Solamente en Nanking, capital china, miles de extranjeros vivían allí, muy cerca de las costumbres milenarias del Feng shui.

Las intermediaciones occidentales

Para los extranjeros vivir en China se convirtió en un problema. Todo lo que veían lo criticaban. Es cierto que las costumbres eran grandes supersticiones para ellos y las llegadas de los grupos religiosos (especialmente los jesuitas) trajeron caos a la tranquilidad social.

Los convertidos católicos no se acomodaban a la sociedad tradicional. Ellos eran los primeros en desestabilizar el orden pues se refugiaban en sus iglesias cuando hacían actos delincuenciales. Comenzó a nacer un odio xenófobo contra los extranjeros en esta etapa.

Era finales del siglo XIX cuando los extranjeros tomaron más arraigo en la sociedad china. Se creían invencibles por la protección que recibían por sus embajadas. Sentían que China era otra colonia y no evitaban insultar a los ciudadanos orientales como a cualquier dominado.

Con la finalización de la guerra china- japonesa (1895), las obligaciones chinas con Japón fueron humillantes. Darles la isla de Taiwan y 230 millones de liang fue un pago que empezó el desmembramiento del coloso imperio milenario.

Las naciones europeas, a excepción de Portugal y España, se vieron volcadas sobre China sin contemplación. Era la gran oportunidad de todos y para ello modernizar el imperio era necesario matar las viejas costumbres y hacer a la gente creyente de la modernización.

La pobreza se tomó el país. Los salarios eran míseros y miles de pesqueros de los grandes lagos se quedaron sin empleo cuando se construyeron vías férreas, puentes y postes eléctricos. Las personas contratadas se les pagaba demasiado poco.

Los recursos eran explotados y eso hacía que la población temiera, pues el culto a los dioses subterráneos y aéreos del Feng shui, impedía que se extrajeran materias primas, motivo principal del descontento imperialista.

El apoyo de los gobernantes a la mayoría social fue grande. Se cubrían los intereses chinos sobre los demás. Los imperialistas al atacar a los chinos porque impedían el desarrollo del país, hacían surgir el descontento popular.

La fuerza de la configuración mental era totalmente contraria al nuevo ideal progresista que llegaba con las máquinas y los negocios multinacionales. El público no podía soportar tantos cambios que destruían lo más sagrado que tenían: su cotidianidad.

Los occidentales criticaban fuertemente todo lo chino. Exclusivamente sus tumbas. Los chinos no tenían espacios delimitados para sus muertos, por ello en el campo era usual encontrar pequeñas pirámides que a los ojos de los occidentales, eran un símbolo de atraso y morbo.

Cuando comenzaron la eliminación de esas tumbas para colocar carreteras, los chinos hacían boicots o destrucciones silenciosas del material de construcción. Las fuerzas armadas que estaban para contener empezaron a ser insuficientes para controlar la furiosa población.

La rebelión

Entre los grupos inconformes se visibilizaron los llamados “boxers”. Ellos eran una logia secreta que entrenaba artes marciales y pululaba ideas contra los misioneros; los consideraban agentes encubiertos y muchas veces tenían razón.

Los empezaron a matar en las zonas rurales porque destruían los monumentos sagrados chinos. En Shandong comenzaron asesinando a los conversos pues aveces eran más peligrosos que los propios misioneros. Luego se fueron contra los jesuitas, asesinando a cientos.

En la corte Manchú, la emperadora Cixi recibió mensajes donde le decían que los jesuitas se robaban a los niños para comérselos, por lo que apoyó la reacción violenta de su pueblo. Culturalmente se entiende como un mundo industrial quería dominar uno agrícola y este se resistía.

La revuelta de Yihequan era fundamentalmente contra los intereses industriales de los hombres occidentales antes que un ataque xenófobo contra los europeos. Sólo que la prensa europea lo hacía ver de otra manera, pues necesitaban el apoyo bélico para aplastar esta rebelión que amenazaba con salirse de las manos.

La retaliación

Las potencias europeas (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Imperio austro-húngaro, Italia) y Japón organizaron un contingente para aplastar la revuelta. Cuando la emperadora notó la llegada de dicho ejército no pudo hacer más que declarar la guerra.

El resultado fue desastroso para los chinos. Muchos murieron en esa retaliación, pues la mayoría de los opositores eran de la clase popular manchú. El resultado de la pérdida china contra los ejércitos occidentales que reprimieron totalmente a los boxers fue la caída del gran Imperio Chino.

Bibliografía:

  1. http://sombrasdehelio.blogspot.mx/2009/03/la-rebelion-de-los-boxers.html
  2. https://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/viewFile/CHCO9797110203A/7037

Imágenes: 1: claseshistoria.com, 2: history-peru.blogspot.com.co, 3: lavanguardia.com

La rebelión de los boxers
24 marzo, 2018
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