LA MUERTE ASIGNADA, por Desdêmona. Cuentos y relatos de terror

Relatos de terror

Cuentos y relatos de terror pertenecientes al concurso La fiesta de Orfeo.

Relato nº7

LA MUERTE ASIGNADA, por Desdêmona

El día asignado para su muerte, Don Eulogio salió de su casa como siempre, acompañando sus pasos con un trozo de tronco que hacía de bastón y la bolsa de arpillera pendiendo de su hombro, de su  rostro emanaba una sonrisa, estaba exultante, ese día estaba feliz e iría a la plaza luego de su recorrida para ver jugar a los niños.

Vivía en un rancho de chapas, derruido y húmedo, acompañado de todo tipo de roedores, cucarachas y arañas. El aspecto lúgubre de su vivienda dio lugar a la fama del viejo de la bolsa, las madres amenazan a sus hijos con llamarlo para que se lleve a los niños cuando no obedecían.

Decían que el viejo utilizaba el tronco para golpearlos hasta la inconsciencia luego los metía en la bolsa para trasladarlo a su casa, lugar donde disfrutaba el banquete con sus cohabitantes. Pero todo era producto de la imaginación de los padres para asustar a los niños, el pobre y solitario viejo adoraba a los niños, verlos jugar en la plaza era lo único que daba sentido a su indigente vida. Por eso no podía entender que los niños huyeran aterrorizados cuando lo veían, siempre llevaba caramelos para repartirles y lo rechazaban, esto ponía muy triste al pobre anciano.

Un grupo de niños, ya cansados de tener miedo al viejo, planificaron matarlo como tantas veces vieron en las películas, por eso cada uno contribuiría con los elementos necesarios para llevar a cabo el asesinato, necesitaban entre otras cosas: fósforos, una soga, alcohol de quemar, una botella de vino (el anciano era un pobre alcohólico), pastillas para dormir, piedras y palos.

El día anterior Luisito de 10 años, invadido por el pánico, logro animarse a encarar al viejo e invitarlo: Don Eulogio –balbuceo- mis amigos y yo lo invitamos a que mañana venga a vernos jugar a la pelota en la canchita, tenemos una sorpresita para Ud.

A lo cual el pobre viejo pleno de alegría respondió: Si pequeño ¡me encanta la idea! – no imaginaba que ese sería el último día de su precaria existencia- allí espérenme mañana.

Los niños organizaron todo: colocaron las pastillas para dormir que Juancito robo a su madre dentro de la botella de vino que Sergio trajo de su casa, y se dispusieron a jugar para evitar los nervios mientras esperaban al viejo.

Al verlo aparecer todos corrieron a su encuentro como si la presencia del hombre los alegrara, gritando: ¡Don Eulogio! ¡Don  Eulogio! Lo estábamos esperando.

Lo tomaron de la mano y lo ubicaron en un banco, luego le entregaron como regalo la botella de vino, diciéndole: disfrútela, mientras nosotros jugamos.

Ahora sólo restaba esperar que el viejo se desmayara, eso llevo un tiempo, luego de casi una hora vieron caer al suelo el cuerpo alcoholizado del viejo emitiendo unas palabras indescifrable para los niños. Aún con mucho miedo se acercaron al cuerpo lo maniataron, y comenzaron a golpearlo con los palos, mientras decían: ¡Esto viejo, es por todos los niños que tú te comiste! – ¡Ahora ya no molestaras a más niños!

Después de mucho golpearlo, vieron aparecer sangre por sus narinas y una densa espuma rosada por su boca, decidieron que ya era suficiente y estaban asustados. A pesar del miedo, rociaron el cuerpo con el alcohol y le prendieron fuego, luego se dieron a la fuga.

Cada uno regreso a su casa embargado en una extrema ansiedad y llorando, sus madres no entendían  lo que estaba sucediendo, se encerraron en sus cuartos y veían desde la ventana la humareda. Nadie se sorprendió por la fogata, en ese descampado que los niños utilizaban para jugar siempre sucedía, como esta vez era más intenso llamaron a los bomberos para apagarlo. Al apagar el fuego se descubrió el cuerpo incinerado del viejo, estaba irreconocible, presumieron que el hombre borracho se cayó sobre las llamas de la fogata  y así murió.

Nadie jamás supo quién o quienes lo asesinaron al viejo, nunca más se lo vio deambular por las calles de ese pueblo, y pronto se olvidaron de su ausencia. Pero Don Eulogio estaba más vivo que nunca en la mente de cada uno de ellos, y atormentó a sus asesinos hasta el fin de sus días.

Cuentan que en ese lugar cada tanto aparece un niño muerto por quemaduras o incinerado, en el mismo descampado donde mataron a Don Eulogio, generalmente los hijos de los que fueron sus asesinos, y ellos reciben la visita del viejo que feliz y exultante les dice: Esta es mi venganza.

LA MUERTE ASIGNADA, por Desdêmona. Cuentos y relatos de terror
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