La locura religiosa de Canoa

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El miedo en el aislamiento

Puede parecer increíble creer que en pleno siglo XX se siga matando por religiones. Nos gusta creer que nuestro desarrollo intelectual es seguramente envidiable comparado con el que teníamos hace 200 años, pero la verdad es que aun vemos en la televisión el poder tan grande que tienen las creencias.

Desde oriente hasta occidente el mundo sigue en una constante locura que es muy difícil comprender. Varios estados en Asia tienen fundamento principal para sus guerras religiosas, aunque todos saben que esconden otros intereses políticos.

Aun así el caso que vamos a presentar es el que se vivió en México en 1968. Un  pueblo entero por temor a unos jóvenes que deseaban subir una montaña, hizo una peripecia digna de la época de la Santa Inquisición.

Seguramente es el miedo en el aislamiento el principal ocasional de que la gente cometa estupideces. El pueblo de Canoa estaba invadido por un sacerdote que se encargó de evangelizar y convertir a toda la población en un rebaño peligroso.

La falta de contacto con personas de otras partes permitió la intolerancia y el fuerte odio hacia el comunismo. La bandera contra los ideales de izquierda iba a ser defendida en Canoa a sangre y fuego si era necesario.

Un pueblo controlado por los altoparlantes

Canoa era un pueblo perteneciente al municipio independiente de San Miguel de Canoa hasta 1962, fecha en que pasó a ser parte de la municipalidad de Puebla. Como queda a 12 kilómetros de la ciudad, el pueblo estuvo en el olvido por años.

La única institución que estuvo siempre era la iglesia de San Miguel. El sacerdote Arcadio Muñoz se encargó de pavimentar las calles gracias a sus organizaciones católicas que funcionaban en los 10 barrios que componían el pueblo.

No sólo se encargó de las construcciones, Muñoz cobraba los impuestos a todos los habitantes y los reinvertía en obras públicas y en la iglesia. Las personas eran fervientemente católicas y si no iban a iglesia seguramente eran juzgadas en público.

La mayor parte del pueblo hablaba lengua nahual. Muy pocos leían los periódicos y la censura hacía parte del día a día. El cura Muñoz estaba al tanto de todo lo que pasaba en Canoa y las prohibiciones sociales eran muchas.

Grandes altoparlantes rodeaban el pueblo y día a día el cura se encargaba de leer en voz alta los nombres de las personas que debían dinero o aquellos que fomentaban el desorden. No era permitido hablar con dos o tres vecinos por las ideas políticas que tenían.

Ni siquiera el presidente auxiliar del pueblo tenía poder. Este hombrecillo estaba al mando de unos policías pero su verdadero control era nulo. Las personas tenían una deuda más grande con el cura porque este había construido la iglesia.

La deuda que los pobladores tenían con el cura no podía ser pagada con dinero. Los habitantes no tenían dinero y debían pagar con fríjoles o leña. Por ese motivo muchos pobladores habían migrado a otras cabezas municipales dejando muy solo a Canoa.

Las personas que quedaron tuvieron que someterse al control del cura, que para evitar más migraciones, fomentaba el miedo hacia afuera. Quería impedir a toda costa que sus habitantes salieran del pueblo.

Lo logró usando el discurso anticomunista. Como Muñoz era el único que tenía televisor, podía generar miedo diciendo que los comunistas hacían todo lo malo que sucedía en México.

El odio comunista en México en esos días era muy grande por la creciente ola de protestas. Todos los anticomunistas decían que los estudiantes universitarios eran los encargados de dañar la nación. Por ello las personas estaban alimentadas con mucho odio.

Unos jóvenes de excursión

El 14 de septiembre de 1968 llegaron a Canoa unos jóvenes que trabajaban en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ellos pasaban por allí por ser el camino hacia el volcán de la Malinche: los cinco viajeros iban de excursión.

Cuando llegó la noche se encontraron con un torrencial aguacero que los obligó a hospedarse en la casa de un vecino que no era muy querido en el pueblo por sus ideales políticos.

Los jóvenes tenían la idea de llegar al otro día a la montaña, así que se acostaron temprano; lo que no esperaban era que su llegada no fue desapercibida. El cura apenas se enteró de la llegada de estos muchachos prendió los altoparlantes.

El cura comenzó a decir: “Los que acaban de llegar son comunistas”, “ellos quieren poner su bandera roja en la iglesia del pueblo”. El discurso de odio contra esos jóvenes que no tenía nada que ver con eso enervó a la población canoa.

Todos empezaron a salir de sus casas con machetes, cuchillos y piedras. Unos cuantos tenían pistolas y esperaron la señal del cura. Cuando el cura salió de la iglesia se encontró con un pueblo esperando silencioso una sola orden del cura: “¡A defender la fe!”.

El llamado exacerbó el ánimo del pueblo que con gritos y en ferviente marcha llegaron a la casa donde estaban hospedados los poblanos. Rompieron las puertas y persiguieron a los muchachos por el pueblo.

Cada uno fue atrapado y luego de un respectivo linchamiento, asesinados. Sólo dos lograron escapar con vida pero con grandes heridas. El presidente del pueblo protegió a los sobrevivientes.

Luego de 50 años de esta masacre nadie fue culpado. Las personas que fueron metidas a la cárcel por este crimen las liberó el mismo cura. Nadie volvió a visitar por décadas Canoa y hoy en día los habitantes siguen sin arrepentirse.

Ante esta tragedia quedó una película que retrata lo que sucedió ese día. Canoa de Felipe Cazals fue elaborada en 1975 y es considerada una obra excelente al relatar mesuradamente lo que sucedió allí.

Bibliografía

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_San_Miguel_Canoa
  2. http://www.elpopular.mx/municipios/canoa-no-se-arrepiente-a-44-anos-del-linchamiento/

Imágenes: 1: youtube.com, 2: milenio.com, 3: radiobuap.com

La locura religiosa de Canoa

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Bibliografía

El pensante (12 febrero, 2018). La locura religiosa de Canoa. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/la-locura-religiosa-de-canoa/