La importancia del sexo es explicada por pulgas y caracoles

Ciencia, Clima salvaje y naturaleza

Sexo

Como todos sabemos, la forma mayoritaria de reproducción de todas las especies animales (y la forma única de reproducción de gran parte de ellas) es sexual. Esto significa que, al contrario que la mayor parte de las bacterias, que simplemente crean “clones” de sí mismas, los animales se ven obligados a mezclar dos materiales genéticos de individuos diferentes para crear un nuevo ser. Muchas plantas también se reproducen de forma sexual, así que el asunto no es únicamente del reino animal, pero no cabe duda de que los animales son quienes más utilizan este método.

A primera vista el sexo no parece algo razonable. Involucra una cantidad exorbitante de energía en la búsqueda de un compañero y, por lo general, conlleva a que al menos la mitad de la población sea incapaz de generar descendencia. Incluso en las especies hermafroditas (en las que ambos son macho y hembra a la vez) lo común es que únicamente uno de los dos sea fecundado, lo que lleva a producir la mitad de la descendencia.

Reproducción asexual

La mejor prueba de esto son las especies que se reproducen de manera asexual. Aquellos animales que son capaces de reproducirse sin un compañero –creando básicamente clones de sí mismos– son también capaces de producir un número mayor de descendencia por cada individuo. Sin embargo, es difícil comparar especies que se reproducen sexualmente con especies que lo hacen de manera asexual, pues al ser diferentes no se sabe que tanto se debe a la reproducción y que tanto a las particularidades de cada especie.

Por esta razón, un grupo de científicos comenzó a estudiar a una especie de pulgas de agua y una de caracoles. Lo interesante es que ambas especies manejan tanto reproducción sexual como asexual, lo que permitía comparar efectivamente los resultados de ambos mecanismos.

Las razones del sexo

Lo primero que notaron fue que las pulgas y caracoles que se reproducían de manera asexual tenían muchísimos más descendientes. Esto, al parecer, les daba una ventaja considerable sobre sus compañeros que preferían el método más “tradicional”.

Pero pronto, tras unas pocas generaciones, quedaron claros los limitantes de este sistema. Los parásitos invasores (una bacteria en el caso de la pulga, un gusano para el caracol) comenzaron a infectar más y más individuos, llegando a casi un 50% del total. En comparación, menos del 15% de las pulgas nacidas como producto de la reproducción sexual fueron afectadas por la bacteria. Los caracoles mostraron un efecto prácticamente idéntico en el caso de sus parásitos.

Así como en el libro de Lewis Carrol Alicia a través del espejo, en el que hay que mantenerse corriendo para permanecer en el mismo lugar, las especies deben modificar continuamente sus genes para permanecer a salvo en su entorno. De no hacerlo, se arriesgan a que el desarrollo de una nueva plaga (o la modificación de una ya existente) pueda acabar con gran parte de la población. Por supuesto, las bacterias también deben modificar su material genético, pero en el tiempo que vive una pulga pueden sucederse centenares, miles de generaciones de bacterias. Es una lucha que tienen ganada.

Así, la reproducción sexual parece ser la manera como se ha conseguido cambiar lo suficientemente rápido para que la especie pueda permanecer en el entorno sin ser eliminada por cambios abruptos o el desarrollo de un competidor.

Imágenes: elpais.com

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