La guerra verde: origen de la violencia esmeraldífera, parte 1

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Una historia manchada con sangre

Si África tiene los diamantes de sangre, Colombia tiene las esmeraldas de sangre. Como el mayor productor de esmeraldas en todo el mundo por más de cincuenta años el país latinoamericano cuenta una historia de avaricia que a dejado más de 4.000 muertos hasta ahora.

En la región de Boyacá, entre los municipios de Muzo, Quipama, Otanche, Maripi y Pauna, se concentra la mayor producción de esmeraldas. Tristemente el beneficio que recibe el departamento por la extracción de este valioso mineral es prácticamente nulo.

Boyacá (y más el occidente del departamento) tiene las minas de esmeraldas más valiosas del mundo. Su producción ha caído en manos de guaqueros y sicarios desde los años cincuenta. En Colombia, hablar de sicariato es referirse directamente al narcotráfico o a las esmeraldas.

Los grandes patrones de las esmeraldas libraron durante décadas una guerra absurda por el control de las minas. La jurisdicción del estado colombiano no llegaba hasta allá y muchos hombres, mujeres y niños sufrieron el martirio de las balas por la ambición esmeraldera que aun no acaba.

El auge esmeraldífero

En la época de los cincuentas, Boyacá estaba controlado por dos patrones reconocidos por su poder político y económico. Efraín González y Humberto Ariza, alias “el ganzo Ariza”. Estos dos tenían la región boyacense bajo su control y la mayoría de la gente trabajaba para ellos.

Un ejército de pobres trabajaba por una miseria. Andaban en las vetas y recibían muy poco de dinero, además los dos patrones eran reyes en su territorio: mataban a quien querían y violaban a la que les gustara.

Estos dos patrones eran los referentes de la Violencia en Colombia durante dos décadas, el ejército tuvo que movilizarse por mucho tiempo para acabar con estos asesinos. A Efraín lo mataron por sus polémicas políticas, con Ariza la cuestión fue más económica: esmeraldas.

El ganso Ariza

La fortuna de este hombre estuvo evaluada en más de veinticinco millones de dólares, guardados en bancos suizos. Tenía una banda de 77 sicarios con la que asesinó más de 700 personas. Se reconoce que él mató 25 hombres.

Su proceso judicial alcanzó la enorme cifra de doscientas mil páginas, pero ningún juez tenía la fuerza y el honor de condenar a este asesino a una pena justa. Pasó por todas las cárceles de Colombia, estuvo hasta en la inhabitable isla de la Gorgona y fue devuelto a la libertad.

En diez años preso intentó jugarse más de 15 veces, pues tenía dinero suficiente para comprar a quien quisiera. Finalmente lo dejaron salir y volvió a su pueblo de Chiquinquirá, donde los habitantes lo recibieron con cohetes y disparos al aire.

Hizo parte de la violencia por esmeraldas durante los sesentas y setentas, enmarcándose como uno de los patrones que se enfrentó contra los nuevos esmeralderos que surgieron en ese territorio. Fue en los ochentas que fue asesinado en la puerta de su casa con siete balazos por unos desconocidos que escaparon en una “zorra”. Este hecho recrudeció la violencia.

Al ser dueño de dos de las más grandes empresas de esmeraldas (Esmeracol y Esmeracolito) hizo varios actos de sicariato contra su competencia esmeraldera. En la ciudad de Bogotá, en la calle Gonzalo Jiménez de Quesada (centro mundial de las esmeraldas), Ariza hizo muchos asesinatos indirectamente.

En las minas no tenía control alguno. Allí mataba al que quería y cuando lo quería. Así mismo sus hombres eran asesinados a tiros y por centenares. Esto sólo es la primera parte de la gran violencia esmeraldera, pues el recrudecimiento fue en los años setentas y ochentas.

La búsqueda de la legalidad y la tensión por el monopolio

Con la muerte de Efraín Gonzales el 9 de junio de 1965, la guerra entre nuevos bandos esmeralderos se llevó en varias partes. En Chiquinquirá, Muzo, Coscuez, Borbur y Somondoco. También se vivió en Miami y Bogotá.

Los trabajadores sabían que para pertenecer al negocio, podían morir en cualquier momento por los otros patrones de la zona. Entonces estaba Gilberto Molina con su discípulo Víctor Carranza, Luis Murcia, Horacio Triana, Pablo Elías y la familia Montaño.

La lucha se concentraba contra ellos y contra el Estado Colombiano. La actividad era catalogada ilegal y muchos hacían estrategias para hacer excavaciones sin pagar impuestos. En los años setentas los nuevos “patrones” hicieron lo posible por legalizar la explotación minera.

En la presidencia de Misael Pastrana Borrero, se buscó legalizar la explotación minera para evitar más sangre y violencia. El pacto fue escrito pero no de palabra, pues entre esmeralderos se siguieron matando, se libraba una guerra abierta entre la familia Vargas y Gilberto Molina.

En los años ochentas, muchos más murieron por este conflicto, pues los Vargas controlaban un pueblo rico en esmeraldas: Coscuez. Fue en estas circunstancias cuando un nuevo protagonista empezó una nueva guerra contra Gilberto Molina y Víctor Carranza: Gonzalo Rodríguez Gacha.

Bibliografía:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Gonzalo_Rodr%C3%ADguez_Gacha#Primeros_a%C3%B1os
  2. https://www.semana.com/economia/articulo/los-asesinos-de-la-zorra/7106-3
  3. Juan Carlos Vargas. Cuando la guerra es el único camino. Memorias de un excombatiente
  4. http://laguerraverde.blogspot.com/

Imágenes: 1: valoraanalitik.com, 2: laguerraverde.blogspot.com, 3: hsbnoticias.com

La guerra verde: origen de la violencia esmeraldífera, parte 1
26 septiembre, 2018
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