La guerra verde: los años ochentas, parte 2

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El narcotráfico y las esmeraldas

Gonzalo Rodriguez Gacha, alias “El mexicano”, conocido narcotraficante que afianzó su fortuna gracias a la exportación de cocaína al centro y norte de América y a quien se le atribuye más de 1000 muertos, empezó su carrera criminal con una nueva guerra por las esmeraldas.

Había trabajado de la mano con Víctor Carranza y Gilberto Molina pero la ambición de la droga lo llevó a conocer al narcotraficante mexicano Miguel Ángel Feliz Gallardo, quien lo llevó a expandir la droga en el continente. Su ambición por el poder no paró ahí.

Necesitaba de las minas para lavar el dinero de las drogas, así que se apoyó en la prematura legalidad alcanzada por Gilberto Molina y Víctor Carranza. Había llegado a ser socio de las minas siendo muy joven y por amistad pidió el favor de que le escrituraran la mitad de una mina.

Don Víctor Carranza le dijo que no. En los años ochentas este hombre había hecho sociedad con Gilberto Molina y Juan Beetar. Juntos habían destruido una banda sicarial que operaba bajo las órdenes de José Tornuato López alias “el Colmillo”. Ellos tenían de todo menos miedo.

Junto con Rodriguez Gacha, que se estaba convirtiendo en uno de los narcotraficantes más poderosos, venían, entre otros Gilberto Garavito y Yesit Nieto. Todos ellos, eventualmente, querían apoderarse del monopolio de las esmeraldas da sociedad de Molina y Carranza.

Para resistir en la zona, todos los grupos narcotraficantes construyeron un bloque paramilitar en el Oriente colombiano. En busca de acabar otros competidores como las FARC (Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia), se afianzaron con miembros del ejército nacional.

La vinculación del narcotráfico con el paramilitarismo fue moneda corriente entre los grupos de esmeralderos que necesitaban lavar dinero y eliminar a sus competidores. En estas circunstancias surgió la más sangrienta de las Guerras verdes.

Rodríguez Gacha

La guerra de Gacha

Alias “El mexicano” declaró la guerra a Molina y Carranza, luego de que estos no le ayudaran en sus aspiraciones. Entre 1986 y 1990 se libró este infierno de criminalidad que acabó con la vida de 3.500 personas más o menos. Niños, mujeres y ancianos, así como mineros fueron asesinados.

Esta guerra reforzó la organización de ejércitos paramilitares en la zona y afianzó la ley del más fuerte. Rodríguez Gacha fue miembro fundador del tristemente famoso Cartel de Medellín y sembró miles de cultivos de coca por todo Cundinamarca durante los años ochentas.

Rodriguez Gacha era reconocido por tener más de 1000 hombres a su cargo. Su fortuna como narcotraficante era más grande que el de otros grupos guerrilleros, además su liderazgo paramilitar, lo llevó a enfrentarse contra las FARC y los grupos ideológicos de la Unión Patriótica.

Con todos se enfrentaba. Tenía enemigos en la CIA en la DEA, contra otros paramilitares y contra la guerrilla comunista, pero no había cruzado el límite de enfrentarse contra los esmeralderos. Estos tenían la fama de ser terribles, pues se sabía que la vida en las minas era una constante guerra.

Gacha quería el control de todo el centro del país para más cultivos. Pablo Escobar y los hermanos Ochoa se aliaron con él. Entonces se asomó una época de terror en todo el territorio colombiano. Los esmeralderos lograron resistir con fuerza porque estaban bien armados.

Según el libro, Carranza, alias “el patrón, de Iván Cepeda y Javier Giraldo, se indica un vínculo fuerte entre el narcotráfico y Carranza. En las tierras de Carranza y Molina se halló un laboratorio de cocaína en 1987. Ellos argumentaron que pertenecía a un ganadero al que le habían arrendado.

La falta de “pruebas”, hizo que los esmeralderos fueran absueltos sin cargos. Pero la guerra se tornó más dura, especialmente de 1989 a 1990. En 1989 a Gilberto Molina lo asesinaron los hombres de Rodríguez Gacha.

El asesinato de Gilberto Molina

El empresario y patrón esmeraldero Gilberto Molina era un objetivo militar de los “mágicos”. El narcotráfico necesitaba acabar con las empresas de esmeraldas para hacer su  ley. El lavado de activos era su objetivo y la sociedad Molina-Carranza resistía los golpes del narco.

Mandaron traer mercenarios israelíes para entrenar un ejército propio, disfrazado de seguridad privada y ellos cuidaban de los patrones. El 27 de febrero de 1989, cumpleaños de Molina, doce hombres entraron a la casa del patrón con la excusa de atrapar a Gacha.

Dentro de la casa se desarrollaba una fiesta carranguera y Molina había tomado de más. Sus hombres estaban descuidados. Los doce hombres venían disfrazados de militares y ya adentro, empezaron una ráfaga de fuego que acabó con 11 personas, entre ellas Gilberto Molina.

La ausencia de Víctor Carranza en esta fiesta fue sospechosa. Pero los meses siguientes él sería el nuevo objetivo de Gacha.

Bombas y más muertos

Para julio de ese año, los narcotraficantes pusieron una bomba en la empresa Tecminas de Carranza.  Matando algunos de sus hombres y dañando las instalaciones de una de las empresas más importantes de esmeraldas.

Luego la guerra se volvió más personal. Mataron a su sobrino, a Verónica Rivera “la reina de la coca”, gran amiga de Carranza. Luego otra bomba se dejó en las instalaciones de Ganadería Nare con el objetivo de acabar con el patrón, pero no tuvo efecto.

El fin de Gacha

El peor error de Gacha fue haber declarado a los esmeralderos la enemistad. Gaitán Mahecha delató a la DEA muchas de las acciones ilegales de la policía nacional en alianza con Gacha, lo que hizo posible dejarlo como objetivo militar.

Allá se reveló que “El mexicano” estaba detrás de los carro-bomba que estallaban para acabar con los esmeralderos de Carranza. Esta información fue comprobada por balística y Gaitán Mahecha fue llevado a EEUU por protección.

El gobierno ofreció 250 millones por delatar el paradero de Gacha. Un soplón cartagenero reveló que Gacha estaba en Cartagena con su hijo y una cúpula de paramilitares. Los generales que escucharon la información se movilizaron rápidamente en helicóptero a Santa Marta.

Crearon un operativo con treinta personas encargadas de atrapar al vándalo. Miguel Gómez Padilla, comandante de la policía, no pudo evitar que la información fuera secreta. Los medios de comunicación alertaron a voces amplias que se buscaba al famoso narcotraficante.

Gacha logró escatimar tiempo y se escapó con su hijo y una escolta de cinco paramilitares en una lancha. Ellos se dirigían hacia Tolú donde tenía la finca El tesoro. La policía le perdió el rastro, entonces se hizo un seguimiento de amplio espectro en el Pacífico para ver donde estaba la lancha.

La lancha fue hallada sola con el conductor. Se le preguntó donde estaba Gacha y respondió que lo había dejado en la finca El tesoro y que ahora tenía que dirigirse por otros paramilitares para reforzar la seguridad del “mexicano”.

Se realizó un operativo conjunto con dos helicópteros artillados por aire y una veintena de soldados. La marina colombiana cuidaba por si se escapaba por mar. Cuando los helicópteros sobrevolaron la finca sólo se veía un camión rojo.

Creían que la información proporcionada había sido falsa, por lo que los helicópteros se alejaron pero al volver el carro ya no estaba. Buscaron en la carretera y encontraron el auto. El camión se detuvo.

De este bajaron los guardaespaldas que empezaron a disparar contra la aeronave, pero en una ráfaga de balas le dieron a dos de ellos. Los otros intentaron escapar con Gacha y su hijo. En esas es que se bajan los soldados para capturar al narcotraficante.

Los soldados en tierra se enfrentaron contra el hijo de Gacha y dos paramilitares más. Ellos resistieron con fusiles pero finalmente se les dio de baja. Nadie encontraba a Gacha.

Era la 1:45 am del 15 de diciembre de 1989. Uno de los helicópteros logró dar con el paradero de Gacha, pues este comienza a disparar con su R5 escondido entre un platanal.

El helicóptero dispara sobre los árboles sin contemplación y le terminan hiriendo un pie. Gacha se cae y una bala calibre 7.62 le termina por volar los sesos. Tuvieron que traer un equipo dactiloscópico para reconocer que era el cuerpo de El mexicano.

El último de los guardaespaldas termina ajusticiado por el mismo helicóptero esa misma noche. Con este operativo se dio fin a mucha de la Violencia desatada por este líder narco-paramilitar.

Con su muerte se cortó el brazo armado del Cartel de Medellín y se acabaron los actos terroristas en otras partes de la República colombiana. Su muerte trajo algo de tranquilidad al país que se desangraba y puso en peligro a Pablo Escobar.

Escobar en los años sucesivos no pudo hacer tantas cosas como Gacha. Además la guerra verde en Boyaca contra Carranza estaba próxima al fin. Carranza, un fanático conservador pudo respirar con tranquilidad al enterarse de la muerte de Rodríguez Gacha.

El 12 de Julio de 1990 se organizó una reunión en Quipama, donde el párroco local, Juan Hipólito Roa junto con otros monseñores propusieron a Carranza acabar con la guerra. “El zar de las esmeraldas” aceptó, acabando con una de las épocas más violentas que ha vivido el país… perola violencia no terminó del todo, pues Carranza tenía otro objetivo.

Bibliografía:

  1. https://www.semana.com/nacion/articulo/la-guerra-de-el-mexicano/12165-3
  2. https://www.semana.com/especiales/articulo/el-fin-de-el-mexicano/17554-3
  3. Iván Cepeda y Javier Giraldo. Víctor Carranza alias “el Patrón”.

Imágenes: 1: semana.com, 2: historia-biografia.com, 3: narcosfamosos.com, 4: revistadiners.com.co

La guerra verde: los años ochentas, parte 2
27 septiembre, 2018

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