La Guerra del Pacífico: el día que Japón soñó con derrotar a Estados Unidos, parte 4


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Autoridades japonesas organizando la Operación I-Go

Operación I-Go

El 8 de febrero de 1943 los japoneses retiraron sus tropas de Guadalcanal. Fue un duro golpe para la moral de los soldados de aquel país, pues hasta entonces había sido su ejército el que llevaba la delantera y avanzaba a nuevos territorios. A partir de entonces, había comenzado la retirada.

Pero Japón estaba lejos de ser derrotado. Aún tenía supremacía en los océanos y su ejército estaba mejor entrenado y tenía más experiencia que el de sus enemigos. Y en vista de que su fuerza aérea seguía siendo poderosa, el Almirante Yamamoto decidió realizar una serie de ataques sorpresivos en las zonas de ocupación aliada desde donde se pensaba lanzar la invasión a Nueva Guinea.

La Operación I-Go consistió en una serie de ataques aéreos realizados las primeras 2 semanas de abril que buscaban destruir las capacidades operacionales aliadas en las Islas Salomón. Si bien los ataques fueron relativamente exitosos, lo cierto es que su impacto fue exagerado por los pilotos, lo que llevó a Yamamoto a finalizar los ataques el día 16 de aquel mes.

Esta operación no habría tenido mayor impacto de no ser porque poco después, en vista de que la moral japonesa estaba baja luego de la derrota en Guadalcanal, Yamamoto decidiría visitar las tropas para felicitarlas por su buen desempeño en la operación. Pero resultó que los estadounidenses ya habían descifrado el código japonés y pudieron rastrear sus movimientos, ejecutando lo que se vendría conocer como la Operación Venganza.

Operación Venganza                          

Los estadounidenses creían, erróneamente, que Yamamoto había sido la mente maestra detrás del ataque a Pearl Harbor. Si recordamos lo señalado en la parte uno de esta serie, el almirante en verdad se oponía a este ataque pues consideraba que ganar una guerra contra los Estados Unidos era prácticamente imposible.

Sin embargo, el hecho era que los estadunidenses culpaban al almirante y sabían que darle de baja desmoralizaría mucho al ejército japonés. Por esta razón, tras  interceptar los mensajes en los que se indicaba la trayectoria del vuelo de Yamamoto los estadounidenses procedieron a organizar un ataque junto con tropas australianas cuyo objetivo sería la muerte del Comandante Supremo de la Flota Imperial Japonesa.

16 aviones P-38G fueron seleccionados para realizar el ataque, pues eran los únicos que tenían suficiente rango para llegar al lugar esquivando los radares japoneses. El 18 de abril, al tiempo que Yamamoto arribaba al lugar, estos aviones consiguieron dar de baja el bombardero que lo transportaba, acabando así con la vida del más importante estratega japonés.

El Almirante Yamamoto poco antes de su muerte

Los japoneses respondieron de inmediato, y lograron dar de baja a uno de los aviones que se daba a la fuga. Sin embargo, el daño estaba hecho. Los Estados Unidos acaban de demostrar que eran capaces de rastrear al mismísimo Comandante Supremo Japonés y a partir de ahora el ejército y la armada imperiales no podía saber dónde estaban seguros.

La avanzada aliada

A partir de este momento todo fue empeorando para los japoneses.

Se acercaba ya el momento en que los estadounidenses tendrían el control del océano gracias a su mayor poderío industrial. Los aliados comenzaron a atacar islas ocupadas por los japoneses, y se encontraron con una resistencia fiera de un ejército que no esperaba ser derrotado. Allí donde lucharon, como por ejemplo en la isla de Tarawa, los aliados sufrieron durísimas pérdidas aún cuando superaban a los japoneses casi de 10 a 1.

Pero los aliados no necesitaban atacar cada isla japonesa. Su estrategia de uso masivo de submarinos había dado resultados y los barcos japoneses no podían moverse en solitario. Eso significaba que sea una isla no era crítica para avanzar hacia la principal isla de Japón: Honshu, podían simplemente pasar junto a ella y bombardear sus pistas de aterrizaje, evitando así que los soldados allí ubicados fuesen de utilidad en otros lugares.

Así mismo, el principal objetivo de los submarinos era evitar que los japoneses se abastecieran de petróleo. Como Japón no tiene reservas propias, toda su flota dependía de estas importaciones que ahora eran más y más escasas. Esto significó que durante gran parte de la guerra los barcos de guerra japoneses estuvieron anclados sin posibilidad de ser de utilidad para el esfuerzo de su país.

La esperanza de Japón seguía estando en una batalla decisiva, y para ello combinaron su flota restante en la Primera Flota Móvil y ubicaron considerables reservas aéreas cerca a la zona de Marianas. Sin embargo, Estados Unidos era consciente de que la situación actual beneficiaba a los aliados y que no tenían ninguna necesidad de entrar en una confrontación de este tipo. Por esta razón, Midway fue la única batalla naval en dos años: los estadounidenses no tenían premura y sabían que el tiempo estaba de su lado.

Filipinas y el Golfo de Leyte

A medida que el tiempo pasaba y los aliados fortalecían sus flotas se hacía más y más difícil la posibilidad de una victoria decisiva japonesa. Sin embargo, el control de las islas alrededor de Japón aún garantizaba la seguridad relativa de los ciudadanos de aquel país. Por esta razón, cuando los estadounidenses ocuparon la isla de Saipan, en las Marianas, los japoneses decidieron de inmediato que no podían esperar más tiempo. El control aliado de ese territorio permitiría a los bombarderos aliados alcanzar suelo japonés.

La Batalla del Mar de Filipinas

Lo que siguió fue el peor desastre en la historia de la marina japonesa. La Batalla del Mar de las Filipinas, ocurrida entre el 19 y el 20 de junio de 1944 resultó en la práctica destrucción de todos los portaviones japoneses y la muerte de miles de aviadores experimentados, mientras que los aliados prácticamente no sufrieron pérdidas. La derrota japonesa se debió a que, al contrario que ellos, los aliados habían ido mejorando de manera constante sus sistemas de radar e inteligencia, permitiéndoles detectar con tiempo los ataques japoneses y actuar en consecuencia.

Tras esta catástrofe, el Alto Mando Japonés decidió jugarse el todo por el todo y lanzar un último ataque desesperado en el Golfo de Leyte. Se trató de una apuesta arriesgada, con pocas esperanzas y realizada por una Flota a la que prácticamente no le quedaban portaviones (las armas clave de este tipo de confrontaciones). El resultado, cómo no, fue la destrucción última y el aislamiento definitivo de Japón.

Sin embargo, no tenían alternativa. De no intentarlo, su país sería aislado y dejarían de recibir los recursos que necesitaban para sus aviones, barcos y tanques. A fin de cuentas, una flota en puerto es lo mismo que  una flota hundida, ¿o no?

Se acerca el final

Con la destrucción definitiva de la flota japonesa la derrota de este país se volvió una cuestión de tiempo.

Los aliados, ahora sí de manera definitiva, optaron por simplemente evitar las tropas japonesas en las islas. Hubo algunas que era forzoso conquistar (como Iwo Jima), y allí sufrieron durísimas bajas ante una decidida defensa japonesa. Incluso, los japoneses eran tan reacios a perder las batallas que atacaban con sus bayonetas y katanas cuando todo estaba perdido. Estas cargas “Banzai”, como es de imaginar, no eran muy efectivas contra las armas automáticas de los aliados.

Pero en general, las tropas japonesas simplemente se dejaban en sus islas, de donde no podían salir, y los aliados avanzaban hacia territorio japonés.

Hubo aquí sangrientas batallas, para recuperar Borneo, Burma, y para capturar la isla de Okinawa, por ejemplo. Sin embargo, los detalles de estas batallas no son muy diferentes de otras que ya señalamos (como Guadalcanal o Iwo Jima) y por lo tanto no vale la pena narrarlas a profundidad. Baste con decir que allí donde los aliados realizaban ataques directos para tomar las posiciones japonesas sufrían bajas terribles de bando y bando, por los japoneses casi nunca se rendían y preferían luchar hasta el último hombre.

Tras la toma de Okinawa (finalizada en junio de 1945), donde los estadounidenses tuvieron que comprometer una fuerza de casi medio millón de hombres de los cuales murieron más de veinte mil y más de cincuenta  mil quedaron heridos, quedó claro que los japoneses estaban dispuestos a sacrificar la mitad de su población con tal de no rendirse. Una invasión a la isla requeriría varios millones de soldados y estaba garantizada en terminar en un baño de sangre.

Fue en este momento de la guerra, cuando ya no tenían pilotos entrenados, que los japoneses comenzaron a recurrir a sus famosos pilotos kamikaze cuyo único objetivo estrellar su avión en los barcos enemigos para así hundirlos. Fue esta la última y mayor expresión de la tenacidad y el orgullo japoneses.

Hiroshima

Manchuria e Hiroshima: la rendición japonesa

En Estados Unidos se suele argumentar que la bomba atómica lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y posteriormente lanzada de nuevo sobre Nagasaki fueron los actos desesperados de una sociedad que no quería sacrificar millones de vidas en un asalto inútil. Algunos argumentan incluso que se hizo principalmente para salvar vidas japonesas, pues ya en Okinawa los japoneses habían sacrificado la mitad de su población civil con tal de detener el avance aliado.

Pero lo cierto es que la bomba atómica fue sólo uno de los factores que llevó a la rendición japonesa. El otro fue la invasión soviética de Manchuria, realizada en agosto 9 de 1945, tres días después del lanzamiento de la primera bomba atómica y en el mismo día del lanzamiento de la segunda. Los estadounidenses, por supuesto, estaban al tanto de que esta invasión ocurriría estaba claro que los japoneses temían mucho más a los comunistas que a los gobiernos de Estados Unidos o del Reino Unido. Muchos debaten si el lanzamiento de las bombas atómicas no fue para derrotar a Japón, sino para demostrar su existencia a los soviéticos, que serían el próximo gran enemigo de los estadounidenses.

La Invasión Soviética a Manchuria

En cualquier caso, la combinación de estos dos eventos fue suficiente para convencer al gobierno japonés de que Estados Unidos y la Unión Soviética no necesitaban invadir la isla para devolver al país a la edad de piedra. Seis días después los japoneses presentaron su rendición incondicional. Únicamente pidieron que se respetará la posición del Emperador.

Así terminó la Guerra Del Pacífico: el teatro más olvidado de la Segunda Guerra Mundial. El recuerdo del día que una pequeña nación insular decidió enfrentarse a las dos mayores potencias industriales de la Tierra.

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Bibliografía:

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/Pacific_War#cite_note-whampoanet-184
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Okinawa
  3. https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Tarawa
  4. https://en.wikipedia.org/wiki/Guadalcanal_Campaign#Significance
  5. https://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Vengeance#Interception
  6. https://en.wikipedia.org/wiki/Operation_I-Go
  7. https://en.wikipedia.org/wiki/New_Guinea_campaign
  8. https://en.wikipedia.org/wiki/Solomon_Islands_campaign
  9. https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Midway#American_reinforcements
  10. https://www.quora.com/What-if-the-Japanese-had-won-the-Battle-of-Midway-How-would-that-have-affected-the-war
  11. https://www.quora.com/If-you-were-Admiral-Isoroku-Yamamoto-how-would-you-fight-and-win-the-Battle-of-Midway

Imágenes: 1 y 2: wikipedia.org, 3: afatherswarstorynevertold.wordpress.com, 4: historyconflicts.com, 5: imgur.com

La Guerra del Pacífico: el día que Japón soñó con derrotar a Estados Unidos, parte 4
15 enero, 2019

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