La Guerra de la Triple Alianza, o de cómo Paraguay casi desaparece de la Historia, parte 1

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La guerra, lo sabemos, es una de las cosas más constantes en la historia de la humanidad. Desde el momento mismo en el que tenemos fuentes escritas hay referencias a constantes conflictos, escaramuzas, batallas y combates entre los diferentes sectores interesados en un poco de poder.

América Latina, nuestro continente, también ha tenido su parte de conflictos, pero la mayoría han consistido en guerras de intensidad relativamente baja al interior de los diferentes países. Son pocos los conflictos entre países en la región, y la mayoría fueron de una duración y crueldad relativamente bajos. Dos conflictos en particular resaltan precisamente porque fueron largos y cruentos: la Guerra del Chaco y la Guerra de la Triple Alianza, pero fueron una situación más bien particular en el continente.

En este artículo hablaremos del primero de estos conflictos: la Guerra de la Triple Alianza, una confrontación que ha sido, de lejos, la más mortífera en la historia de nuestro continente, y que estuvo a punto de terminar con la desaparición física de un país: Paraguay.

Y cuando decimos desaparición física no nos referimos a la absorción de la población paraguaya por parte de sus vecinos, sino literalmente a su exterminación. Cuando la pólvora dejó de sonar y el humo de las armas se disipó, Paraguay se encontró con que una cifra impresionante de su población (50 a 85%) había muerto, incluyendo alrededor del 90% de los hombres. La catástrofe, difícilmente igualada por cualquier otro conflicto en el mundo, fue la consecuencia de una guerra irresponsable que la dirigencia paraguaya llevó hasta el último aliento con la esperanza de evitar una rendición indecorosa.

Pero para entender la Guerra de la Triple Alianza hay que empezar por el principio.

Carlos Antonio López

Desde su independencia, Paraguay había perseguido una serie de políticas y un modelo de gobierno muy diferente del de otros países.

Frente al comercio con el extranjero había preferido el aislamiento, al punto que el ingreso de extranjeros estaba fuertemente controlado. La sociedad era más tradicional, agraria y, ante todo, una sociedad militarista en donde el porte de las armas no se veía como un deber, sino como un privilegio. De todos los países latinoamericanos han sido quizás los paraguayos los más afines a la guerra y los más preparados para el conflicto.

Con el paso del tiempo, y bajo el gobierno de Carlos Antonio López, Paraguay se fue abriendo al resto del continente, manteniendo sin embargo políticas de aislamiento y procurando abastecer sus propias necesidades. Debido a ello fue el primer país del continente en construir una fundición de hierro y una fábrica de barcos de guerra. Aún hoy se debate hasta qué punto Paraguay estaba en camino a convertirse en una nación industrializada, pero la mayor parte de los investigadores considera que no está claro que este fuera el caso y el país más bien estaba esforzándose por conseguir una capacidad bélica constante (a sabiendas de que podían aislarlo del mar).

Francisco Solano López, quien llevó a Paraguay a la catástrofe

En 1862 Carlos Antonio López murió, dejando a su hijo a cargo de los asuntos del país. En su lecho de muerte le hizo la que sería su última y profética advertencia:

Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse, pero no trate de resolverlas por la espada, sino con la pluma, principalmente con el Brasil.

Uruguay

En 1863 comenzó una guerra civil en Uruguay que enfrentó al llamado partido “Blanco” con el llamado partido “Colorado”. En el conflicto se enfrentaban Bernando Prudencio Berro, presidente uruguayo por el Partido Blanco (y aliado de Paraguay) y Venancio Flores, líder del Partido Colorado y aliado de Brasil. Posteriormente tomaría la dirigencia del Partido Blanco Atanasio Aguirre, quien se convertiría en presidente en 1864.

Este mismo año los brasileros, acusando a los uruguayos del Partido Blanco de haber invadido parte de su territorio en persecución de los colorados, decidieron atacar el país. Paraguay, interesado en evitar que sus aliados perdieran el poder y en mantener el equilibrio en la región (pues también tenían a Argentina en contra). Por esta razón, el 30 de agosto de aquel año Francisco Solano López, hijo de Carlos Antonio López, emitió una vigorosa protesta y declaró que el gobierno paraguayo apoyaría al Partido Blanco de Uruguay.

Dom Pedro II, Emperador del Brasil

Campaña de Mato Grosso

Originalmente, el esfuerzo de guerra paraguayo se dirigió al oriente, a las tierras brasileñas. Con un ejército entrenado, disciplinado y bien armado, Francisco Solano López tomó la iniciativa y realizó un rápido avance, tomando las fortalezas de Coimbra, Albuquerque, Corumbá, Miranda, Dourados y, en 1865, la villa de Coxim.

Pero lamentablemente para los paraguayos la situación en Uruguay no mejoraba. Atanasio Aguirre estaba acorralado y todo indicaba que el Partido Colorado pronto tomaría el poder. Desesperado, y a sabiendas de que el territorio brasileño era demasiado extenso para llegar a Uruguay a tiempo, López solicitó a Argentina que le permitiera el paso directo de las fuerzas paraguayas a Uruguay.

La Declaración de Guerra a Argentina

Bartolomé Mitre, presidente argentino, respondió con una negativa. Aseguró que tomar esta decisión le enfrentaría con los brasileños y obligaría a Argentina a entrar en la guerra. Pero lo cierto es que no había tenido ningún problema para autorizar operaciones brasileñas (y del partido colorado) en los meses anteriores, por lo que de  inmediato quedó claro que simplemente querían a Aguirre fuera del poder en Uruguay.

La toma paraguaya de Corrientes

Solano López decidió que lo principal era salvar al Partido Blanco y de inmediato declaró la guerra a Argentina. Sin embargo, los líderes argentinos ocultaron este hecho de su población para que cuando el ejército paraguayo pasara por su territorio ellos pudieran hacerlo parecer un ataque cobarde y no provocado.

López avanzó rápidamente, ocupando la ciudad de Corrientes e ingresando a territorio uruguayo. En las zonas conquistadas de Argentina puso al mando a líderes de este país que sabía enemistados con el gobierno central con la esperanza de fomentar una guerra civil en aquel país, una de cuyas facciones estaría aliada con Paraguay. En Uruguay, sin embargo, no pudo hacer nada. Ya sus aliados estaban fuera del poder y no tenían modo alguno de ayudarle.

El contraataque brasileño

Con el ejército del Partido Blanco derrotado, Brasil pudo dar media vuelta y comenzar a tomar las ciudades que habían tomado los paraguayos a finales de 1864. Entretanto, las ciudades argentinas no se declararon en rebelión y todo el ejército paraguayo quedó fragmentado, incapaz de unirse en la defensa de su territorio.

Y en mayo de 1865 los brasileños entraron al país. Para agosto de aquel año la guarnición paraguaya en Uruguayana, último fortín antes de la frontera, había caído.

Bartolomé Mitre, presidente argentino

Las noticias en el frente del sur no eran mejores: los argentinos habían ocupado la región de Misiones (en poder de Paraguay desde 1834) y se encontraban avanzando rápidamente. Los contraataques paraguayos no podían frenar el avance de ejércitos mucho más grandes que los suyos, y la situación era desesperada. En este contexto, el gobernante argentino Bartolomé Mitré lanzó su famosa arenga: en veinticuatro horas a los cuarteles, en quince días en Corrientes, ¡en tres meses en Asunción!

Pero las cosas no serían tan fáciles.

Rebelión en Argentina

El cálculo de López fue correcto, lo que estuvo mal fue su temporalidad. Poco después de que Argentina comenzara a avanzar los soldados en el frente empezaron a desertar. Los que venían de Buenos Aires consideraban que era una guerra inútil, y los del interior consideraban a Paraguay un aliado y a los porteños y brasileños como sus enemigos. Un ejemplo de esto es el mensaje que el General Ricardo López Jordán envió a su Comandante, indicando:

Usted nos llama para luchar contra el Paraguay. Nunca, general; él es nuestro amigo. Llámenos para luchar contra los porteños y brasileños. Estamos listos. Esos son nuestros enemigos.

Sin embargo, la llamada “Rebelión de los Colorados” en Argentina apenas tomó fuerza en noviembre de 1886, cuando la situación paraguaya ya era crítica. Un año y medio antes, tropas paraguayas y argentinas habrían marchado juntas hacia la toma de Buenos Aires. Ahora los rebeldes estaban solos.

Y si bien serían derrotados, esta rebelión impediría que los argentinos participasen en la guerra por más de un año.

La Triple Alianza

Antes de la Rebelión de los Colorados, antes incluso del avance brasileño al Paraguay, ya el gobierno de Mitre en Argentina había comenzado la creación de un tratado secreto que le permitiría a los dos grandes países “recuperar” terreno en disputa con Paraguay desde los tiempos de la Independencia. El tratado se mantuvo en secreto porque se sabía que sería impopular no solo en Paraguay, sino en regiones de Argentina y Uruguay con un sentimiento de fraternidad con los paraguayos.

El Tratado, firmado en mayo de 1865, no entraría en vigor definitivo hasta un año más tarde, cuando el ejército combinado de los tres países avanzó al río Paraná y comenzó el asedio a la fuertemente fortificada frontera paraguaya. Lo que venía sería uno de los eventos más sangrientos en la historia de nuestro continente: la lucha de un pueblo desesperado con una dirigencia fanática y dispuesta a sacrificar hasta el último paraguayo con tal de evitar la derrota.

Pero de ello, de la cruenta invasión al Paraguay, hablaremos en un próximo artículo.

Parte 2

Bibliografía:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_la_Triple_Alianza#Frente_del_Mato_Grosso
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_la_Triple_Alianza#Frente_del_Mato_Grosso
  3. http://www.notimerica.com/cultura/noticia-sabes-comenzo-guerra-triple-alianza-20171112085022.html

Imágenes: 1: tuhistory.com, 2, 3 y 4: wikipedia.org, 5: fotosviejasdemardelplata.blogspot.com

La Guerra de la Triple Alianza, o de cómo Paraguay casi desaparece de la Historia, parte 1
26 junio, 2018
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