La capilla de los huesos: el Osario de Sedlec

Arte y artistas macabros, Lugares fantasmales

Osario

En tiempos medievales (y hasta un periodo relativamente reciente) era una costumbre que los cuerpos de los fallecidos reposasen en las capillas, iglesias o catedrales (o al menos en las cercanías de estas). Dependiendo de la región hubo mayor tardanza en adoptar los suelos santos (los cementerios alejados de las capillas) y en algunos casos, como en Colombia, la costumbre no se generalizó hasta bien entrado el siglo XIX. Hasta entonces, muchos creían que no reposar en suelo bendito podría condenar su alma.

En términos técnicos, un Osario es un recipiente en el que se guardan los huesos de un recién fallecido. Sin embargo, el término suele usarse para lugares en los que residen gran cantidad de restos (en ocasiones, las catatumbas de las iglesias de las que hablamos hace un momento) y al menos en una ocasión para referirse a una capilla completa.

Pero es que, como veremos, no se trata de una capilla ordinaria.

El Osario de Sedlec                   

Todo comenzó en el año 1278, cuando el rey Okatar II de Bohemia envió a Enrique – Abad del Monasterio de Sedlec, miembro de la Orden del Císter – a la Tierra Santa. Los motivos de su viaje no están del todo claros, pero en cualquier caso el Abad no desperdició la oportunidad que se le presentó y recogió algo de tierra del monte Gólgota en una vasija. Al volver, como tributo, la vertió en los alrededores del Monasterio, en especial en el cementerio.

La voz pronto corrió y con el pasar de las décadas el Monasterio de Sedlec se convirtió en uno de los campos más deseados para el reposo eterno. Hombres y mujeres de toda la Europa Central hacían lo posible para que el lugar de su último descanso – antes de la segunda venida de Cristo, claro – fuese el cementerio del Monasterio de Sedlec. Durante la Gran Peste Negra y las guerras que sobrevinieron miles de personas terminaron allí.

Y esto, por supuesto, hizo que el Monasterio tuviese que ampliar su cementerio.

La nueva capilla

En el año 1400, en vista de lo que estaba sucediendo, se decidió que se construiría una capilla alejada del monasterio, en medio del camposanto. En la capilla había (como no) un osario para guardar los restos de aquellos que iban exhumándose en el terreno.

Pero con el tiempo, el asunto comenzó a salirse de las manos.

En 1511 un monje (que curiosamente estaba tuerto) recibió la orden de exhumar cuantos cuerpos fuese posible para abrir espacio e irlos acumulando en el Osario de la Capilla. No conocemos con exactitud cuánto duró su trabajo o qué tantos huesos acumuló, pero tuvieron que ser decenas, centenares de miles. Todos ellos bajo la Capilla.

El asunto no cambiaría mucho hasta el siglo XIX, cuando el para algunos macabro y para otros genial trabajo del carpintero y tallista de madera František Rint transformaría completamente el aspecto de la capilla.

El toque final

Con miras a solucionar el problema de los huesos y de darle un nuevo aire a la Capilla, en 1870 fue contratado el tallista antes mencionado. No se sabe con certeza la naturaleza de las instrucciones que se le dieron – más allá de “solucionar el problema con los huesos” – pero su manera de lidiar con ello fue, cuanto menos, particular.

Decidió que los huesos no serían desechados, sino aprovechados. Los convirtió en parte integral de la decoración de la Capilla, en su verdadera naturaleza. Por siglos, los muertos esperaban que llegara el Fin de los Días para resucitar… pero terminaron convertidos en accesorios de decoración.

Las imágenes hablan por sí mismas. Magníficas estructuras de cráneos y huesos adornan cada rincón de la capilla, y una impresionante lámpara de araña cuelga del techo. Hace falta acercarse para notar que la luz que emite la lámpara pasa a través de miles de huesos.

Al final, la capilla quedó así como la imaginó Rint. Hoy es una atracción turística importante… algo más que esperado de un lugar con estas características.

Imágenes: 1: sedlecossuary.com, 2: orthodoxchristianity.net, 3: takingontheworld.net

La capilla de los huesos: el Osario de Sedlec

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