La búsqueda de la piedra: Historia de la Alquimia, parte 1

Ciencia, Historia

Los orígenes de la Alquimia se pierden en la Historia. Nadie sabe realmente cuándo surgió esta disciplina, encaminada a la obtención de la sustancia suprema, aquella que podría otorgar vida eterna y convertir todos los metales, impuros, en el metal supremo, el oro. En tiempos antiguos, todo descubrimiento era ceremonial y existía una estrecha relación entre la metalurgia, la investigación química y el misticismo, por lo que se puede asumir que prácticamente todos los descubrimientos tuvieron algo que ver con el origen de la alquimia.

Primeras evidencias de la alquimia

Evidencias arqueológicas indican que la experimentación química ya había empezado hacia el VI milenio antes de Cristo, por lo que la Alquimia, como tradición, podría tener más de 7 mil años de antigüedad. Sin embargo, poco es lo que sabemos de esta disciplina en el mundo antiguo, antes de que los griegos comenzaran a registrarla sistemáticamente. Los pergaminos egipcios elaborados por los maestros de Alejandría habrían sido destruidos por el emperador romano Diocleciano (junto con gran parte de la magnífica biblioteca).

Leyenda fundacional: el dios Tot

Se desconoce el momento en el que surgió la disciplina tal como sería aprendida (y heredada) por los griegos. De acuerdo con la tradición del Antiguo Egipto, el primer alquimista fue el faraón Keops, hacia el año 2600 a. C.: no se sabe quién le habría enseñado, pero la leyenda afirma que la alquimia fue creada por el dios Tot (llamado Hermes Trimegisto por los griegos), quien habría escrito los 42 libros del saber, abarcando todos los campos del conocimiento… incluyendo la alquimia. El dios Tot también habría creado la llamada “Tabla de la Esmeralda”, considerada por los futuros alquimistas occidentales como la base de su tradición.

La Alquimia en el lejano oriente

La Alquimia oriental tomó un camino diferente, aunque compartía con su homóloga occidental el papel espiritual del alquimista. Basada en el Taoísmo, buscaba en los en los 5 elementos, en el Tao y en la relación entre el ying y el yang la sustancia suprema, aquella que aliviaría todos los dolores. Vale la pena resaltar que si bien ambas tradiciones hablan del metal supremo y el elixir de la inmortalidad, los occidentales se concentraban en la obtención del primero, mientras que los chinos veían en la alquimia un arte más medicinal enfocado en la cura de los males del hombre.

Grecia y Roma

La Grecia antigua se apropió de la tradición alquímica egipcia y la integró con sus propias filosofías: pitagorismo, jonismo y gnosticismo. Del primero, adoptó la importancia de las matemáticas y la geometría en la descripción del mundo, del segundo, su apreciación por los fenómenos naturales.

La relación con el gnosticismo es algo más profunda. La alquimia griega evolucionó de acuerdo con la creencia del mundo imperfecto por designio divino y con la idea de que la purificación personal (de la que la Piedra era sólo una metáfora) llevaba a la salvación del hombre. En esta creencia podía o no existir un dios, pero en general se creía en una especie de conciencia divina más holística que el Dios cristiano.

Durante el Imperio Romano la Alquimia continuó la tradición griega y llegó a tomar gran importancia dentro de los círculos de la nobleza. Sin embargo, para Occidente sería fatídica la llegada del cristianismo pues ya en el siglo IV Agustín de Hipona afirmaría que la experimentación con la materia era un ejemplo de la búsqueda errónea de sabiduría, y que la carne no debía inmiscuirse en los asuntos del espíritu. Así, con la caída del imperio y el crecimiento del cristianismo, gran parte de la tradición alquímica se perdería.

Serían los árabes quienes continuaran este camino. Pero de ellos hablaremos en una próxima edición.

 

 

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