La Batalla de Castillón, o el día que murieron los arqueros

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Hemos hablado un poco en estas páginas del poder de los tradicionales arqueros británicos de tiro largo, ya fuese en la Primera Guerra Mundial (recordemos a los Ángeles de Mons) o en la Segunda (con “Mad” Jack Churchill). Los duramente entrenados arqueros de tiro largo de la isla eran una fuerza temible, capaz de lanzar varias flechas por minuto, de oscurecer los cielos y de atravesar cualquier armadura que no fuese de la máxima calidad. Incluso en Agincourt, donde los hombres de armas franceses estaban duramente protegidos, la gran cantidad de flechas nublaba su vista y golpeaba en todos los puntos de su cuerpo, en algunos casos incluso penetrando por las viseras o los agujeros pequeños en los pliegues y las uniones.

Sin embargo, con el paso del tiempo los arqueros de tiro largo británicos perdieron cada vez más importancia. Pese a su poder de fuego fueron rápidamente sustituidos por mosqueteros y arcabuceros, que tenían menos alcance y precisión pero podían fácilmente atravesar cualquier tipo de armadura. Con el paso del tiempo se volvieron poco más que un recuerdo del pasado.

Pero si hay un momento en el que se pueda decir que dejaron de ser importantes fue en la Batalla de Castillón.

La Batalla de Castillón

La Batalla de Castillón fue el último combate de la Guerra de los Cien Años. Ocurrió cuando los habitantes de la región (hoy francesa) de Guyena solicitaron el apoyo de los reyes británicos, pues querían estar bajo su dominio y no el de Francia. Inglaterra había tenido dominio sobre este territorio por varios siglos, por lo que los nativos se consideraban ingleses e incluso hablaban inglés. El Rey Enrique IV acudió a su auxilio (era la reacción lógica) y envió un poderoso ejército que, cómo no, tenía un importante número de arqueros.

El desarrollo de la batalla fue nefasto. Los arqueros británicos tenían un gran poder defensivo (al ubicarse en fortificaciones) pero carecían de poder ofensivo, requerían estar en condiciones físicas óptimas (halar el arco requiere una fuerza considerable) y eran soldados extremadamente valiosos.

A ellos, los franceses opusieron un ejército mucho más vasto y varias divisiones de cañones, un arma que en este periodo era bastante novedosa en los campos de guerra europeos. En lugar de atacar las fortificaciones de Burdeos (en donde estaba el grueso del ejército británico) decidieron marchar a Castillón, una ciudad cercana, y someterla a sitio.

En efecto, Juan Talbot (comandante de las tropas inglesas) decidió que no podía permitir la caída del fuerte vecino y acudió en su ayuda. Al hacerlo, despojó a los arqueros de sus posiciones favorables y los movió a un territorio en el que no tenían tantas ventajas.

El asunto es que los franceses también habían fortificado su posición, colocando los cañones en sitio privilegiados. Inglaterra tenía también cañones, pero no tantos (ni tan bien posicionados) como los franceses. Así, pronto el asalto británico se convirtió en una masacre cuando los franceses abrieron fuego y encerraron a los ingleses. Los arqueros fueron prácticamente inútiles, pues no tenían la capacidad de disparar a los cañones y al final tuvieron que retirarse de manera desordenada. Inglaterra perdió más de la mitad de su ejército y el restante tuvo que abandonar rápidamente la región, dejando a los habitantes de Guyena en manos de los franceses.

No fue esta la última vez que se usaron arqueros, pero a partir de este momento los cañones, con su impresionante poder de fuego, se convirtieron en los reyes de los campos de batalla. Con el tiempo, los mosqueteros (pese a ser relativamente menos potentes) se apoderaron de los campos de batalla y los arqueros terminaron por ser, simplemente, un recuerdo de tiempos antiguos.

Imágenes: 1: historiayguerra.net, 2: taringa.net

La Batalla de Castillón, o el día que murieron los arqueros
29 mayo, 2017
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