John Perkins y el abuso de las potencias

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“Confesiones de un sicario económico”

En el año 2004 John Perkins publicó el libro “Confesiones de un sicario económico” (Confessions of an economic hitman). En él se realizaban sendos ataques a la política norteamericana (y en general a la política de los bancos y los países del primer mundo) y aseguraba que existe todo un protocolo mediante el cual los bancos aprovechan la debilidad institucional de los países para lucrarse a costa de sus habitantes.

Lo sabe porque por años fue su trabajo. Su libro es, más que una acusación, una autobiografía.

El asunto resulta de extrema importancia y gran interés, pues podría indicarnos la razón de muchos sucesos en las últimas décadas. Se enmarca, así mismo, en una serie de críticas más profundas que se han realizado al sistema actual en las que se afirma que muchas “Instituciones para el Desarrollo” sirven en verdad al despojo y la opresión.

Veamos:

El trabajo de John Perkins

De acuerdo con el libro, el autor (es decir Perkins) habría trabajado por varios años al servicio de instituciones financieras encargadas de la negociación con gobiernos soberanos. Su trabajo le fue dado, en sus palabras, por la capacidad de “cambiar la realidad objetiva modificando la realidad subjetiva”. Es decir, por su gran capacidad de convencimiento.

Su trabajo era relativamente sencillo. Se trataba de convencer a los gobiernos de que ciertas inversiones eran convenientes y catalizarían procesos acelerados de crecimiento económico llevando al éxito de las naciones y el aumento en la calidad de vida de los habitantes.

Claro que esto sólo ocurría cuando los gobiernos eran receptivos. Eran los tiempos de la Guerra Fría y muchos no estaban interesados en nada que sonara a Estados Unidos. Y en esos casos, bueno, en esos casos venía el conflicto.

Dentro de las herramientas que – afirma – se utilizaban para “convencer” a quienes no deseaban tales lujos se encontraban la extorsión, la amenaza, el chantaje y operativos de todo tipo destinados a desestabilizar los gobiernos. En últimas, llegaba a negociarse la posibilidad de un golpe de estado (aunque esto no lo realizaba él en cuestión).

Su empresa, llamada Chas T. Main, se dedicaba a la ejecución de grandes obras de ingeniería. Es por ello que estaban interesados en que los países extranjeros invirtieran recursos que no tenían en megaobras, megaobras, claro, que implicaban un endeudamiento importante.

La política de los bancos

En últimas, la confesión de John Perkins le apunta a que por décadas – y quizás incluso en la actualidad – los gobiernos del primer mundo (en particular Estados Unidos) realizaron sistemáticamente políticas de apoyo a los intereses empresariales de su país, buscando que los países pobres financiaran con deuda grandes obras que terminaban por beneficiar ante todo a los consorcios que obtenían los derechos. Luego, los países se verían en problemas para pagar su deuda.

Perkins afirma que originalmente él, junto con muchos otros, creyó la historia según la cual inversiones del tipo vías, represas o aeropuertos traerían espirales de crecimiento. Pero en contextos de deuda e instituciones débiles dichas obras terminaban por ahogar el país en cuotas que no podía pagar, condenándolo a crisis económicas aún peores. Esto era evidente, pero se negaban a creerlo.

Y le tomó décadas admitir a sí mismo que desde un periodo muy temprano era consciente de la mentira, pero que el poder, el dinero y el prestigio terminaban por convencerlo de que seguía haciendo lo correcto.

Quién sabe cuántos, como él, sirven a los intereses de unos pocos. Pero como afirma en su libro: “Como todas las confesiones, este es un primer paso para la redención”.

Imágenes: 1: blogtalkradio.com, 2: progress.org

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