Ilya Ivanovich Ivanov: relato del esfuerzo de un científico loco por crear un hombre – mono, parte 2

Estudios y experimentos, Hechos insólitos

El artículo pasado hablamos de los inicios de la obsesión de Ivanov y sus intentos por crear el híbrido hombre – chimpancé en la Guinea Francesa. Pese a lo perturbador de sus objetivos, no solo había obtenido permiso del Instituto Pasteur, en Francia, sino que había recibido una generosa beca de la Madre Patria: ¿a qué se debía el apoyo a un proyecto tan tormentoso?

Stalin y los híbridos hombre – simio

De acuerdo con una versión medianamente sustentada, Ivanov no estaba solo en sus objetivos. El enfermo sueño de crear un híbrido no era solo suyo: era también el de uno de los principales líderes mundiales de la época: Joseph Stalin.

“Quiero un nuevo ser humano invencible, insensible al dolor, resistente e indiferente con respecto a la calidad del alimento que consuma”.

Esta polémica frase, según algunos, sería de autoría del presidente (dictador) de la Unión Soviética. En ella se condensaban sus deseos y aspiraciones con respecto al proyecto de Ivanov: la posibilidad de crear un nuevo ser, capaz de llevar la guerra como ninguno antes que él.

Aunque es una teoría polémica, muchos afirman que en verdad fue Stalin – y no Ivanov – quien hizo lo posible para lograr la creación del polémico hombre – mono. Fue él quien gestionó los permisos y quien movió sus fichas para que la Academia Rusa de Ciencias diera al científico esa generosa subvención.

No sabemos si esto fue realmente obra de Stalin, pero no cabe duda de que un personaje como él estaría muy interesado en la creación de una nueva raza. Si era capaz de crear un nuevo ejército de obreros y soldados completamente leales al régimen podría no solo defender a la Unión Soviética de sus enemigos, sino construir, desde adentro, el paraíso comunista con el que tanto habían soñado.

La continuación de los experimentos de Ivanov

En todo caso, estuviese o no Stalin jalando tras bambalinas los hilos de los experimentos, Ivanov seguía, impertérrito, con sus esfuerzos hacia la creación del hombre – mono. Tras el fracaso de la inseminación a chimpancés hembras, el científico comenzó a idear un nuevo curso de acción: la inseminación artificial a mujeres con semen de simios.

Ivanov podía estar loco, pero no estaba tan demente como para considerar que una mujer se ofrecería de manera voluntaria en este experimento. Su primera idea fue realizar el experimento en secreto, con mujeres que no supieran lo que estaba pasando. Sin embargo, para realizar esto necesitaría el permiso del gobierno francés que de inmediato y con indignación respondió de manera negativa y le solicitó el abandono de la facilidad.

Corría el año de 1928 cuando Ivanov retornó a la Unión Soviética. Pese a los problemas, el científico seguía empeñado en conseguir su híbrido y pensando en ello se llevó 20 chimpancés desde África. Sin embargo, como si la misma naturaleza se opusiera al perturbador propósito de Ivanov, 16 de los ejemplares murieron en el camino y los 4 que sobrevivieron no estaban en edad productiva.

La carrera final para conseguir al Hombre – Mono

Sin embargo, Ivanov continuaba impertérrito sus esfuerzos. Ubicó sus operaciones en el Centro de Primates de la república soviética de Abjasia, donde esperaba conseguir voluntarias para seguir con su investigación. De manera sorprendente, fue capaz de conseguir cinco voluntarias para llevar a cabo los experimentos que, se supone, conocían lo que el hombre se proponía. De acuerdo con la versión oficial, las habría convencido ofreciendo recompensas e insistiendo en los grandes avances científicos que se lograrían gracias a su cooperación.

En cualquier caso, las limitaciones venían de nuevo por el lado de los primates disponibles. Pese a que el Centro había conseguido nuevos primates, estos habían vuelto a morir, y los chimpancés machos disponibles no eran fértiles aún. Solo un orangután, llamado Tarzán, podía ser usado efectivamente por el experimento. Pero al final una última circunstancia impidió que Ivanov lograra sus objetivos: Tarzán murió de una hemorragia cerebral.

El triste final de Ivanov                                                                  

Antes de que pudiera conseguir nuevos simios, Ivanov cayó bajo el criticismo gubernamental y fue arrestado por cargos desconocidos. Terminó siendo condenado a 5 años de exilio en Kazajistán, donde moriría, dos años después, de un ataque cardiaco. Sus logros no serían recordados, y pasaría a la historia como un verdadero científico loco obsesionado con un tema que lo llevó a la perdición.

¿Qué hizo a este hombre desear con tanto ahínco la creación del antinatural híbrido? Más allá de las razones relativas a la guerra, algunos afirman que quería demostrar, de una vez y para siempre, que el hombre desciende de un antecesor común con los grandes simios, y así terminar con el debate que la Iglesia venía haciendo a la teoría de la evolución.

¿Ha existido alguna vez tal híbrido?

Ivanov no era el único interesado en la creación de esta criatura. En los Estados Unidos, se dice que un instituto de Florida (el Centro Nacional de Investigación Primatológica de Yerkes) se embarcó en objetivos semejantes que brindaron un infante que murió (o fue asesinado) poco después de su nacimiento. Por su parte, el gobierno chino también realizó experimentos por el estilo en los 60’s, aunque de acuerdo con la información oficial el infante murió antes de nacer. En cualquier caso, es posible que en alguna localización subterránea haya existido dicho híbrido, aunque los pormenores jamás fueran dados al mundo.

En todo caso, el relato de Ivanov nos muestra el alcance de una mente obsesionada con algo, así sea tan enfermo como cruzar un chimpancé con un ser humano.

Parte 1

Fuente de imágenes: 1: unpopularscience.co.uk, 2: stufftoblowyourmind.com, 3: hopeliesat24framespersecond.files.wordpress.com

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