Ibn Battuta y el viaje más largo de la Edad Media. Parte I

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Lo difícil de viajar

En una época donde no era posible viajar a causa de la falta de caminos y los grupos de asaltantes que asolaban las grandes caravanas y más que todo, la mentalidad que imposibilitaba salir, no fue suficiente para frenar a Ibn Battuta, un hombre que rompió sus miedos para salir a conocer el mundo que se extendía mucho más allá de su ciudad.

No podemos imaginar lo poco que las personas viajaban. En Asia eran más comunes los largos viajes debido a la peregrinación que los musulmanes hacían a la Meca, donde estaba la piedra sagrada de Mahoma. En Europa era muy poco lo que se viajaba, se creía que salir de la ciudad era innecesario y recordemos que había peligrosos bosques en las afueras de todas las zonas residenciales. Sólo Marco Polo logró enfrentar sus miedos y encaminarse a uno de los viajes más largos, pero no se compara al de Battuta.

Ibn Battuta dedicó 29 años de su vida a viajar, conoció todo el mundo árabe y este era extenso. Desde el sur de España que era moro (El Al’ Ándalus), pasando por las desiertas tierras africanas, la península árabe y los grandes territorios asiáticos hasta el mar de Japón, fue el recorrido del musulmán, sin contar que en total recorrió 120.000 kilómetros.

Otro miedo gigantesco que se hallaba en viajar en la Edad Media, era por la gran enfermedad que asolaba el mundo: la peste bubónica. En la primera mitad del siglo XIV, sólo por la peste desapareció un gran porcentaje de la población mundial. En Europa el fenómeno fue peor, muchas ciudades quedaron vacías por las muertes inexplicables que llegaban con la rata negra.

Ibn Battuta viajó en esta época, no temió enfrentarse con la muerte, sino que prefirió hacerlo para conocer los límites humanos. El gran viaje lo documentó con ayuda de su escriba personal, cuando volvió a Tanger, su ciudad natal. Su viaje fue uno de los antecedentes para conocer el mundo musulmán en la Edad Media.

Concepto de viaje en la Edad Media

Lo que Occidente conoce como la Época Oscura, en el mundo musulmán es la época de los grandes conocimientos. El mundo oriental tuvo la característica de ser muy dinámico a pesar de los grandes desiertos que tenían que recorrer. Además su rica cultura permitía viajar: no se consideraba adecuado hablar de lugares o religiones que no se conocían personalmente.

El viaje era considerado sagrado, era necesario en el recorrido espiritual de cada persona. El viaje es un concepto lleno de vida, es el tránsito necesario entre lo conocido y lo desconocido, la apertura del mundo material al mundo espiritual. El viaje es enfrentar los demonios, las maravillas y monstruos que se yerguen afuera para que el viajero haga la ruptura que aleje de la ignorancia. En la religión católica como en la musulmana el trayecto que hace el peregrino o el viajero busca que lo desconocido desaparezca para los hombres.

Enfrentar el viaje es enfrentar los miedos y construirse a partir de lo que se va descubriendo, no es extraño con esto que Ibn Battuta haya cambiado su forma de pensar en todo el viaje que hizo. Sus odios y miedos los enfrentó con la tolerancia que encontró en su camino.

En el mundo árabe, como habíamos mencionado, la peregrinación es muy necesaria, tanto que es una de las obligaciones que se tienen con Alá. Lo normal es que el viaje termine en la ciudad sagrada de La Meca o en Medina, donde nació Mahoma, Ibn quiso trascender y descubrir todo el mundo musulmán con cada uno de sus matices.

Una personalidad magnífica

Del Rihla o “relato de viaje”, Ibn menciona que salió de Tanger a los 21 años para peregrinar a la ciudad sagrada. Era un joven adinerado, pero aún no tenía esposa alguna, además la influencia de su formación religiosa lo empujaba a conocer el mundo antes de casarse.

Las primeras ciudades que visitó eran las africanas. En su relato escribió principalmente las leyes de cada lugar, los precios de los productos básicos, para luego compararlos. Otro hábito de sus apuntes era describir profundamente cada lugar: sus plazas, edificios y habitantes.

A pesar de ser sunita y compartir el odio hacia los chiitas, Ibn desarrolló un conocimiento profundo de esta etnia y con los años una tolerancia asombrosa, llena de sabiduría. La hospitalidad al ser obligatoria en la esfera musulmana, benefició enormemente a Battuta.

A cada ciudad que llegó podía quedarse en unos recintos para peregrinos llamados “zagüías”, lugares donde un viajero se podía quedar tres días con alimentación gratis. Eran lugares muy bellos y tranquilos donde se rezaba y descansaba en la espera de proseguir el viaje hacia otros lugares sagrados.

Eran lugares de encuentro donde los musulmanes hablaban y discutían. Como Ibn Battuta provenía de una familia noble, tenía el beneficio de la erudición, pudo no sólo discutir sobre religión sino de amplios temas.

Su primer viaje a la Meca

En el transcurso atravesó por primera vez Egipto, donde estudió jurisprudencia. Allí se maravilló de las ciudades egipcias, observó las antiguas pirámides pero fue en Alejandría donde se cautivó de la riqueza antigua.

Después cruzó el Sinaí, el gran desierto de Arabia donde tuvo encuentros afortunados con peregrinos que viajaban como él para los ritos en la Meca. En septiembre de 1326, un años después de salir de su hogar, llegó al recinto sagrado.

Cuando llegó a la Meca e hizo la adoración de la Ka’aba, deambuló las colinas de Safa y Maura para recordar el trayecto de Agar buscando agua para su hijo Ismael, luego de que Abraham los abandonara en el desierto (Origen mítico de las etnias musulmanes). Battuta salió de acá lleno de espiritualidad para proseguir caminos más largos y extensos que serán revelados en la segunda parte de este artículo.

Imágenes: 1: 27.254.44.103:81, 2: slideshare.com, 3: vagobond.com

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