Hudulfólk: historias de la gente escondida de Islandia

Leyendas, Seres mitológicos, Sociedad

 

Una vieja leyenda insular

“De acuerdo con los relatos en Islandia, en una ocasión bajó Dios al mundo, a visitar a Adán y Eva. Ellos lo recibieron con alegría y le mostraron todo lo que tenían en su hogar, incluso llevaron a sus hijos, los cuales Dios encontró llenos de esperanza. Dios, entonces, le preguntó a Eva si tenía otros hijos aparte de estos, quienes por alguna razón no hubiese querido mostrarle. Ella, sencillamente, respondió “no”.

Pero la verdad era que Eva no había terminado de bañar a todos sus hijos y, avergonzada de que Dios pudiera verlos así, había escondido a los que no estaban limpios. Dios, por supuesto, lo sabía, y le respondió a Eva “aquello que el hombre esconda de Dios, Dios así mismo lo esconderá del hombre”.

Los niños que no habían sido bañados se volvieron entonces invisibles, y desde entonces residieron en los montes, las colinas y las rocas. De estos niños son descendientes los elfos, mientras que nosotros, los hombres, descendemos de los hijos que Eva orgullosamente mostró a Dios. Y es solo por la voluntad y el deseo de los elfos que los hombres podemos verlos”.

Esta es una de las leyendas islándicas que narran del nacimiento de los elfos. En esta enigmática región, habitada por volcanes, la gente aún tiene mucho contacto con una naturaleza que parece… mágica, por decir lo menos. Quizás es por esta razón que aún existe una considerable población de islandeses que creen en la existencia material de estas criaturas. El presidente mismo de Islandia ha llegado a afirmar que “los islandeses somos pocos, así que desde los viejos tiempos usamos los elfos y las hadas para duplicar nuestra población”.

Otra de las leyendas afirma que un viajero, perdido en alguna región alejada, encontró milagrosamente un pequeño rancho al que acudió para pedir ayuda. Le abrió una amable anciana que lo invitó a seguir, lo cual el viajero aceptó con gratitud.

En el hogar vivía la anciana con dos atractivas jóvenes. Al hombre le fue otorgado el cuarto más cómodo, y tras comer algo solicitó la compañía de una de las jóvenes en su posada, la cual le fue concedida. Estando ambos acostados, y deseoso de besarla, el hombre acercó su mano al rostro de la muchacha, cuando se dio cuenta de que no podía tocarla. Su mano sencillamente la atravesaba, como si se tratara de una ilusión.

Ella, entonces, le explicó: “no te sorprendas, pues en verdad soy un espíritu. Cuando el diablo, en los tiempos ya pasados, hizo la guerra en el cielo, él, con todos sus ejércitos, fue conducido a la oscuridad. Aquellos que movieron sus miradas tras él, en su caída, también fueron expulsados del cielo, pero aquellos que no estuvimos con ni contra él fuimos enviados a la tierra, donde se nos ordenó residir en las piedras y las montañas”.

Los elfos en las creencias islandesas

Las leyendas de los elfos en Islandia varían. Si bien sus orígenes se sitúan en las sagas nórdicas legendarias, sus leyendas se construyen en un ambiente medieval, cristiano, y tienen muchos de los toques de los “cuentos de hadas” de Europa central en este periodo. En todo caso, las leyendas hablan de los elfos como personajes escondidos, que viven en dominios subterráneos y pueden – o no – estar sujetos a la autoridad de un rey elfo.

Los elfos se asemejan mucho a los humanos, salvo por su naturaleza etérea y su capacidad de desaparecer a voluntad. Viven en las rocas y las montañas, pero también en los bosques, lagos, ríos, en el océano e incluso son capaces de vivir en el aire. Son curiosos, y pueden interactuar con los humanos: poseen grandes habilidades por lo que no es conveniente hacerlos enfadar, pero si un humano les ayuda en un momento de necesidad puede saber que le beneficiarán por el resto de su vida.

Esta es la historia de Hildur, una humilde sirvienta que trabajaba ayudándole a un campesino en las montañas de la isla. El campesino veía como cada año, en navidad, sus pastores amanecían misteriosamente asesinados, por lo que optó por dejar de contratar pastores y arriesgarse a perder sus rebaños. Un día, un hombre llegó y se ofreció como voluntario para cuidar sus ovejas, el campesino lo rechazó debido al triste destino de todos sus pastores anteriores, pero el hombre insistió. Conocedor de la leyenda, decidió quedarse despierto la noche de navidad, y pudo ver cómo Hildur, tras atarlo con un hechizo (ella lo creía dormido), partía hacia las montañas.

Al seguirla, el pastor se enteró que en verdad se trataba de la reina de los elfos: aunque nacida de baja cuna, el rey se había enamorado de ella y habían contraído matrimonio; su madre, indignada, había lanzado una maldición condenándola a vivir como sirvienta en el mundo de los humanos y a asesinar a una persona al año hasta ser descubierta, y condenada a muerte. El pastor, aterrado, tomó un anillo que encontró en el suelo y huyó a la casa del campesino, a quién le contó la historia y le mostró el anillo como prueba. Pero sin saberlo, al hacer esto rompió la maldición y le permitió a Hildur, reina de los elfos, regresar a su tierra. El resto de su vida lo vivió en prosperidad, siempre convencido de que todo se debía a la ayuda mágica de su protectora.

Los elfos en la actualidad

Muchos creerían que en el siglo XXI estas leyendas se irían desvaneciendo lentamente, tal como los personajes que hacen parte de ellas. Pero no es así: actualmente en Islandia 10% de las personas cree fervientemente en la existencia de los elfos, un 10% está convencida de que no existen y el restante 80% cree que podrían existir, dejándole un espacio a la duda. Es por esto que, por ejemplo, numerosos folcloristas impidieron la construcción de una carretera en el año 2013, argumentando que no era indispensable y dañaría los espacios donde viven estas criaturas.

Islandia es una tierra mágica, donde conviven el fuego de los volcanes y las nieves del helado norte, y donde el poder de la naturaleza aún se siente incluso en las ciudades. Quizás por ello sus habitantes nunca han dejado de lado estas creencias que a los extranjeros nos parecen tan particulares. Lo cierto es que muchos habitantes de la isla incluso colocan pequeñas iglesias en las rocas donde viven los elfos, con la intención de convertirlos al cristianismo, y algunos incluso tienen pequeñas casitas en sus patios para darle hogar a estos enigmáticos seres. Puede resultar extraño que se hagan hogares pequeños para un ser del tamaño de un hombre, pero resulta que los elfos, dentro de sus habilidades, pueden desaparecer a voluntad.

Son muchas las leyendas de elfos que intentan seducir a los hombres con placer o riquezas. Normalmente se dice que un hombre debe alejarse de inmediato, pues si acepta el ofrecimiento puede terminar enloqueciendo. Así mismo, se dice que si en nochebuena o en la noche de fin de año un hombre se sienta en un cruce de 4 caminos aparecerán elfos ofreciéndole magníficos tesoros. El hombre debe permanecer quieto, callado y esperar toda la noche, si lo logra, los tesoros que ofrecen los elfos serán suyos.

Estas y otras historias son comunes incluso en Reikiavik, la capital del país. Muchos habitantes afirman que han visto los elfos, incluso que han hablado con ellos, y es normal respetar ciertos lugares (evitando, por ejemplo, lanzar rocas) por temor a lastimar a uno de estos seres.

Pocos países desarrollados tienen tal contacto con su folklore. Pero de nuevo, Islandia es una tierra muy particular, y no tendría nada de extraño que, efectivamente, hubiera elfos viviendo escondidos bajo las rocas de este enigmático territorio.

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Hudulfólk: historias de la gente escondida de Islandia

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Bibliografía

El pensante (19 mayo, 2015). Hudulfólk: historias de la gente escondida de Islandia. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/hudulfolk-historias-de-la-gente-escondida-de-islandia/