Hitobashira: el arte de edificar sobre el alma de un difunto

Castillos, templos y palacios, Lugares magicos

Japón es una región insular rodeada de océano donde convergen la Placa Filipina, la Placa Norteamericana, la Placa Euroasiática y la Placa del Pacífico. Por esta razón, los terremotos son bastante abundantes y la sociedad nipona ha tenido que adaptarse a ellos a lo largo de su historia.

Particularidades de la arquitectura japonesa

Una de las principales limitaciones que una actividad sísmica abundante le impone a las poblaciones humanas es la imposibilidad que hay de generar una arquitectura que resista los sismos y los inmensos costos de reconstruir las ciudades permanentemente dañadas por ellos. Frente a estas circunstancias, los japoneses desarrollaron una arquitectura liviana, basada en la madera (más flexible y, por lo tanto, menos dada a romperse en un sismo) y capaz de reconstruirse rápidamente y de resistir mejor los temblores terrestres.

Pero este no fue el único sistema ideado por los japoneses para que sus edificaciones. Una tradición algo macabra y algo poética llamada Hitobashira surgió frente a la necesidad de garantizar la seguridad de las construcciones, principalmente de las más arriesgadas. La tradición consistía en un sacrificio ritual: en enterrar vivo a alguien bajo o junto a la edificación para que su espíritu calmara a los dioses que, a su vez, protegerían la estructura.

Una horripilante tradición

De acuerdo con las fuentes históricas, el Hitobashira nació en el año 323 a. C. bajo el gobierno del emperador Nintoku. Interesado en construir diques que frenaran las crecidas de los ríos Kitakawa y Mamuta, el emperador tuvo un sueño en el que se le indicó que debía buscar a una persona llamada Kowakubi y a otra llamada Koromono-ko y sacrificarlas en cada una de las dos obras respectivamente. Kowakobi fue capturado y arrojado al río, con lo que la obra pudo completarse, pero Koromono-ko escapó y nunca pudo ser capturado, por lo que la obra no se sostuvo.

Existen registros de Hitobashira hasta bien entrado el siglo XVI, cuando dejó de utilizarse por razones desconocidas. En la actualidad, por motivos obvios, jamás se utiliza como sistema de construcción. Sin embargo, aún quedan en Japón varias edificaciones que fueron construidas durante los tiempos en que se encontraba en furor: una de estas edificaciones es un puente y cuando el gobierno decidió realizar un nuevo puente en 1891 los habitantes de la localidad dejaron de ir a la región por temor a la necesidad de una nueva víctima.

El caso más conocido de Hitobashira es el castillo de Matsue. De acuerdo con la leyenda, tras una serie de intentos de construir las paredes – que seguían viniéndose al suelo – los arquitectos comenzaron a considerar la necesidad de un sacrificio humano para que la obra pudiera terminarse. Aprovechando el festival Bon (que entonces se estaba realizando en la región) los guardas del castillo bajaron a la villa y capturaron a la bailarina más bella, con quién retornaron a la edificación. La mujer fue entonces asesinada y sus restos se dejaron entre una de las paredes del castillo, cuya construcción logró terminarse sin inconvenientes. Pero la historia no termina aquí.

El alma de la muchacha – quien vino a conocerse como la Doncella de Matsue – no habría perdonado a sus captores el que le hubieran arrebatado la belleza del baile. Así, cuando alguien danzaba en las cercanías del castillo, toda la colina de Oshiroyama, sobre la que está edificado el castillo, se sacudiría de arriba abajo, como si la doncella quisiera acompañar al danzante en su baile. Debido a esto, las autoridades del castillo prohibieron el baile en las cercanías de la colina.

Hitobashira es una tradición un tanto sangrienta, pero que sin lugar a dudas causa un gran interés y curiosidad. ¿Conoces alguna tradición parecida en tu región?

Fuente de imágenes: 1: pinktentacle.com; 2: tokyobling.files.wordpress.com

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