Heinrich Schliemann y el descubrimiento de la Ciudad de Troya

El arqueólogo que hizo un cuento de hadas realidad

Heinrich Schliemann, fue un millonario prusiano  que con gran pasión y dedicación a la arqueología hizo realidad su sueño y descubrió Troya en la actual Turquía. Sin embargo, muchos pasan por alto de donde vino ese deseo tan vivaz por descubrir vestigios del pasado y también dejan de lado cómo ese mismo deseo llegó a afectarle afectivamente, emocionalmente e incluso socialmente. Así que comencemos, primero, por conocer un poco de la historia de Schliemann.

¿Quién necesita a Peter Pan cuando tiene a Aquiles?

El pequeño Heinrich, a la edad de 7 años, no escuchaba las típicas historias de cuentos de hadas, para nada. El padre de este inquieto niño deleitaba a su hijo con las leyendas de los antiguos héroes griegos: Ulises, Aquiles y Paris. Fue de esta forma que aquel infante muy decidido y motivado por lo que había oído le anunció al mundo, o mejor dicho a su padre, que él descubriría Troya y que le demostraría a todos aquellos eruditos que creían que esa amurallada ciudad era una fantasía que ésta en realidad sí había existido.

Con esta meta clara, Heinrich escribió un ensayo completamente en latín sobre Troya a la vez que devoraba cualquier libro o escrito que tuviera información que sirviera para hacer realidad su sueño. No obstante, la mala fortuna tocó a su puerta, su familia cayó en bancarrota y para ganarse la vida tuvo que trabajar como dependiente de una droguería.

Ansioso por cambiar su rumbo, el aprendiz a arqueólogo quiso buscar fortuna en América, pero su barco naufragó en las costas de Holanda. Cualquiera se hubiera deprimido con la situación, pero Schliemann vio esto como una oportunidad y se estableció en los Países Bajos trabajando en una oficina comercial: allá sellaba letras de cambio y se encargaba del correo, y a pesar del constante trabajo jamás dejó de lado sus estudios.

A la edad de 22 años dominaba siete idiomas, había tenido un sinfín de trabajos y constantes viajes, mas todo eso  tenía el objetivo de contribuir a que su sueño se hiciera realidad. Para la edad de  30 años ya era un comerciante rico e independiente.

Un divorcio, un viaje y un hola Troya

El buen Schliemann era un hombre no solo hábil para los negocios sino también muy instruido en la academia, para la edad de 33 años tenía en su haber el dominio de varias lenguas y su diario era redactado según el idioma del país en que se encontrase. Viajó por todas partes, conoció gran parte del mundo e hizo importantes negocios, nada era un problema y toda situación era una oportunidad para crecer.

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Fue así que en un viaje a Pompeya le llegó una epifanía: viendo que esta ciudad, congelada en el tiempo por las cenizas de un volcán y de la que una vez se creyó que era una simple fantasía (a pesar de que existían varios escritos), fue encontrada, pensó que sería posible que su gran ilusión (Troya) fuera hallada de la misma forma, leyendo lo que los antiguos narradores dejaron.

Teniendo en cuenta eso, le presentó su disparatado plan a su señora, Ekaterina Lishin, una aristócrata rusa quien creyó que su marido había perdido la cabeza y le exigió el divorcio. Schliemann no se lo negó y para 1868, soltero y más listo que nunca partió con un grupo de hombres para la isla de Ítaca.

Y Homero le encontró el amor

Mientras estaba en plenas excavaciones en la colina de Hisarlik, en Turquía, donde algunos estudiosos ubicaban a Troya, Heinrich guiado por los relatos del poeta Homero, se convenció que en las zonas de Grecia y Asia Menor estarían los lugares descritos en ellos. Y fue así que, entre tanta pala y tierra, el ahora arqueólogo anunció que buscaría esposa con la única condición de que ella fuera griega.

Para 1869, estaba contrayendo nupcias con la muy jovencísima Sophia (era 25 años menor que él) y se casaron según antiquísimas tradiciones homéricas. Tuvieron dos hijos a los que llamaron: Andrómaca y Agamenón, la joven esposa pidió por todos los medios que sus vástagos fueran bautizados como cristianos y el padre pidió que en la ceremonia se leyeran algunos pasajes de la Ilíada.

Por fin: Troya

Mucho pico y pala, más papeleo legal otorgado por el gobierno de Turquía, para el año de 1870 por fin dieron con un tesoro invaluable: un cofre que contenía innumerables joyas de gran valor. Schliemann emocionado, llamó a su hallazgo el tesoro de Príamo y emperifollo a su mujer con los artilugios.

Animado compartió la noticia, pero nadie le creyó, le acusaron de fraude y sólo entidades estatales de Turquía le creyeron pero solo para procesarlo por apropiación indebida de tesoros nacionales.

Muchas multas, trámites y permisos después Schliemann regresó a las ruinas e hizo otros grandes descubrimientos: sarcófagos, tesoros y más vestigios. Por fin su sueño se había hecho realidad, había hallado la verdadera Troya y finalmente hizo el ansiado comunicado al rey de Grecia: Su Majestad, he hallado a sus antepasados.

Bibliografía:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_Schliemann

Imágenes: 1: biografiasyvidas.com, 2: antrophistoria.com, 3: myrine.at

Heinrich Schliemann y el descubrimiento de la Ciudad de Troya
7 febrero, 2018